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Y sucedía que mientras Moisés tenía en alto su mano, Israel prevalecía; y cuando dejaba caer la mano, prevalecía Amalec. Pero las manos de Moisés se le cansaban. Entonces tomaron una piedra y la pusieron debajo de él, y se sentó en ella. Y Aarón y Hur le sostenían las manos, uno de un lado y otro del otro. Así estuvieron sus manos firmes hasta que se puso el sol. Josué deshizo a Amalec y a su pueblo a filo de espada. (Éxodo 17:8-16)

 Era el propósito de Dios que Israel peleara contra Amalec. Era el propósito de Dios que Josué, escogiendo a un grupo de hombres, luchara a espada con ellos, y que Moisés, orando con la vara de Dios, clamara a Dios en dependencia completa de Él (Éxodo 17:9). Pero fueron dos hombres —dos simples creyentes— quienes pusieron la piedra debajo de Moisés para que este se sentara en su cansancio mientras oraba manteniendo la vara de Dios en su mano. Y fueron estos dos hombres —con su sentido común— quienes sostuvieron sus manos, cada uno de un lado, cuando las manos de Moisés caían agotadas. 

Claro que Dios hará su propósito en nuestras vidas, cómo Él lo ha planificado desde antes que naciéramos. Pero no podemos ignorar, que fueron dos hombres los que estuvieron ahí, sosteniendo las manos y el cuerpo de Moisés, para que el propósito de Dios se cumpliera en él y en Israel. Y son hombres los que Dios usará a nuestro lado para sostenernos mientras caminamos con nuestras varas levantadas en dependencia de Él. Y soy yo, y eres tú, quienes Dios usará para sostener las manos cansadas de nuestros hermanos en Cristo, que al igual que nosotros, andan con sus varas levantadas clamando y creyendo a Cristo en sus vidas. No ignoremos que Dios ha escogido hombres y mujeres para acompañarnos en este viaje a nuestra tierra prometida, y que no existen llaneros solitarios en la vida cristiana. Abre tus ojos, y mira a tu alrededor. ¿A quién notas que está dejando caer sus manos por el cansancio? ¿A quién ves débil y agotado tratando de mantener en alto su vara? Y ahora, ¿Cuál de sus dos manos tomarás para sostenerla y que no desmaye?

(Foto de Matthias Zomer vía Pexels)


Cada vez que pecamos; cada vez que le damos lugar al pecado en nuestras vidas (lo cual se siente tan placentero y atractivo cuando la tentación toca a nuestra puerta), nos colocamos delante de un tren; un tren en marcha y a toda velocidad, que nos está empujando a la destrucción. Un tren que, si somos sinceros, nos está llevando al punto dónde jamás quisiéramos llegar; al punto de perder todo lo que hemos recibido de la gracia de Dios: nuestras familias, nuestro llamado a servir a Dios, y por último, nuestras vidas.

(Photo by Anthony Colburn)

Un día como hoy, hace un año, mi hermano de 30 años de edad (Hernán Moisés Jiménez) falleció en un accidente de tránsito.

Cuando pienso en lo difícil que me fue manejar ese día y en la ausencia de mi hermano todo este año, siento una fuerte tristeza. Es como si una parte de mi cuerpo ha sido amputada. Me duele su ausencia, me hace falta mi hermano.

Pero por otro lado, le doy gracias a Dios por su obra en la vida de mi hermano, y especialmente por como se le reveló en los últimos 2 meses antes de su muerte.

Aunque ni yo, ni mi madre, ni mis hermanas, ni el resto de mi familia sabía que Moisés fallecería ese domingo en la tarde del 11 de Mayo del 2014, Dios si lo sabia, y había estado trabajando en la vida de mi hermano con fines de revelarse a su vida para salvación.

Así como Dios había determinado cual sería el día de salvación del ladrón en la cruz de Lucas 23:42-43, pienso que así mismo Dios había determinado la hora de salvación de mi hermano.

La Biblia nos dice en el libro de los Hechos capítulo 17 y versos del 26 al 27, que Dios ha establecido los tiempos y los límites en los que cada ser humano existirá en la tierra. Es decir, Dios ha determinado en que familia, país, cultura y época de la historia humana cada uno de nosotros existirá, con el fin de que cada uno de nosotros le busquemos.

Dios había determinado que Moisés naciera en la República Dominicana y específicamente dentro de mi familia el 23 de Agosto del 1983, y que tuviera la oportunidad de escuchar el evangelio de Jesucristo de manera clara en los últimos dos meses de su vida; especialmente 5 días antes de partir, cuando el y yo, sentados en la mesa del comedor de mi hogar, conversáramos sobre quien era Jesús y que significaba creer en el de acuerdo a la Biblia.

Moisés me hace falta, y el dolor de su ausencia es profundo dentro mi ser. Pero por otro lado, tengo la alegría de saber que el Dios creador del mundo y de todo lo que existe le amó mas que yo o cualquier miembro de mi familia lo pudo amar, y que lo hizo de tal manera que se encarnó en cuerpo de hombre para venir a morir en un una cruz inmerecida por causa de nuestros pecados, y que luego determinó, no solo el día, hora y lugar donde Moisés habría de nacer, sino también el día, la hora y el lugar donde Moisés debía escuchar el mensaje de las buenas nuevas de salvación de Jesucristo para salvación de su alma.

Moisés me seguirá haciendo falta mucho tiempo hasta ese día en que ambos nos encontraremos de nuevo en la gloria de nuestro Señor, pero estaré toda mi vida agradecido a Jesucristo por haberse revelado a su vida en el momento que Moises mas lo necesitó, justamente antes de morir.

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Moises (lado izquierdo) y yo en el día de su graduación de la universidad. Marzo 2009,

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Recientemente estuve en una boda donde se casaba una persona cercana a mi. En un momento de la celebración el juez civil que los casaba le pidió al novio que se arrodillara, tomara la mano de la novia, y besara lentamente el anillo de compromiso que había puesto en la mano de ella, como símbolo del amor y del compromiso que se expresaba en ese momento. Y unos minutos mas tarde, ambos novios leyeron sus votos donde prometieron respetarse y amarse, en riqueza y pobreza, en salud y enfermedad, y ser fieles el uno al otro, hasta que la muerte los separe.

Entonces, una pregunta vino a mi cabeza: ¿Que es lo que hace que un matrimonio perdure al pasar del tiempo? ¿Es ese pacto hecho públicamente en medio de lagrimas, fuertes emociones y expresiones de amor entre los novios, lo que cimienta el matrimonio para que dure hasta que la muerte los separe?

De acuerdo a las estadísticas publicadas por la Oficina de Nacional de Estadísticas de la República Dominicana, la tasa promedio de divorcio en esta nación desde el año 2001 al año 2012 fue de un 41%, es decir,  que 4 de 10 matrimonios en dicho período terminaron divorciados, y estas estadísticas solo consideran los matrimonios y divorcios registrados en las Oficialías del Estado Civil de la Junta Central Electoral, por lo que las mismas podrían ser mucho mayores si consideramos las uniones y separaciones de parejas que no están registradas en dichos registros administrativos.

¿Entonces? ¿Que es lo que puede asegurarnos que al pasar del tiempo no seremos parte de esas estadísticas y que podremos cumplir con las palabras expresadas en nuestras bodas donde nos juramos respeto, fidelidad y amor por toda la vida hasta que la muerte los separe?

En este año 2014 mi esposa y yo cumplimos 14 años de casados y debo admitir de que en nuestro tiempo de casados han habido momentos tanto para ella como para mi, donde hemos sentido frustración, enojo y dolor entre nosotros, y donde quizás hasta hemos considerado apropiarnos de esa salida tan popular y legal disponible en nuestra cultura para cuando dos personas se encuentran con “incompatibilidad de caracteres”. Pero,  ¿que ha hecho que nosotros no terminemos siendo parte de esas estadísticas de divorcios tan creciente en nuestra sociedad contemporánea?

La respuesta es sencilla, Dios.

La única razón por lo que nosotros no hemos terminado divorciados, y a la vez, hemos podido superar nuestros momentos de frustración, enojo y dolor, ha sido porque ambos hemos decidido someter nuestras voluntades en obediencia a Dios. Ruth Bell Graham, la esposa del famoso predicador estadounidense Billy Graham, dijo una vez que “un matrimonio feliz es la unión de dos buenos perdonadores”, y los que hemos permanecido casados luego de la luna de miel sabemos que esto es  verdad. Sin disposición a perdonarnos mutuamente, no puede sostenerse un matrimonio. Pero a la vez, dos buenos perdonadores no pueden existir al menos que ambos decidan morir a sus voluntades para seguir a Jesús y sus requerimiento para sus vidas.

Si usted y yo queremos matrimonios que perduren para toda la vida debemos trabajar en cimentar nuestros matrimonios en algo mas que nuestras propias emociones y deseos personales. Debemos fundamentar los mismos en la Palabra de Dios y dejar que el poder del Espíritu Santo obre en nuestras vidas de tal manera que seamos transformados para que no sean nuestras voluntades las que reinen en nuestro matrimonio, sino Dios mismo, quien es poderoso para sostener nuestra unión HASTA QUE LA MUERTE NOS SEPARE.

Fuente:
(1) http://www.one.gob.do/index.php?module=articles&func=view&itemtype=11&catid=74

Una de las principales fuentes de tristeza en el pueblo cristiano de hoy en día, es su poca dedicación al estudio de la Palabra de Dios. Por alguna razón que no entiendo, hemos llegado a la conclusión de que porque ya Dios nos ha salvado gratuitamente por medio de la cruz, y que ha puesto a morar dentro de nosotros a su Santo Espíritu, ya no necesitamos estudiar la Biblia.

Esta es quizás una de las principales razones de porque tantos cristianos nacidos de nuevo siguen viviendo estilo de vidas tan mundanos como los que vivían antes de conocer a Jesús, y que lo único que los diferencia de los incrédulos es la identificación que se hacen de ellos mismos cuando se identifican frente a los demás como “cristianos”.

Ya sea por engaño de Satanás o de nuestra propia carne (la cual solo busca su comodidad), hemos renunciado al esfuerzo que amerita estudiar las Escrituras, y de esta manera hemos abandonado la búsqueda de conocer más a Dios y de lo que EL requiere de nosotros.

Es por esto que deseo escribirles sobre una de las bendiciones mas grandes que Dios me ha dado en los últimos años. Esta bendición se llama Instituto Integridad & Sabiduría.

Personalmente estoy convencido de que Dios no me ha llamado a pastorear una iglesia, ni tampoco a salir como misionero a predicar el evangelio a una tierra lejana. Pero tengo una profunda convicción de que Dios si ha puesto un llamado sobre mi vida, y este llamado es el de trabajar en mis negocios de manera tal que testifique a mis empleados, clientes y proveedores de quien es ese Dios al que yo sigo; un llamado a ser un esposo fiel y amoroso con mi esposa de manera tal que las personas que me rodean puedan visualizar cual es el amor de Cristo por su iglesia; un llamado a ser un padre que muestre la veracidad del evangelio de Jesucristo a mis hijos a través de mi propia vida; en resumen, un llamado a ser un testigo fiel de Jesucristo en el lugar de la sociedad donde Dios me ha colocado. 

Y es aquí donde el Instituto Integridad & Sabiduría se ha vuelto una herramienta importante en mi vida como creyente, porque este ministerio educativo no solo está enfocado en capacitar a pastores y líderes cristianos en sus ministerios, sino que en su visión como instituto de estudios bíblicos tiene un espacio para personas como yo; personas que estamos llamados a vivir “vidas ordinarias fundamentadas en las escrituras con el fin de realizar un impacto trascendental en la sociedad”.

Para los que no conocen el Instituto Integridad & Sabiduría, les invito a que visiten su página web aquí.

Les dejo con el objetivo de la concentración que imparte el instituto en Liderazgo Transformador, que es justamente la concentración teológica que estoy cursando en estos momentos:

Una de las grandes carencias entre los cristianos de nuestra generación es la falta de obediencia para con la responsabilidad individual y grupal de ser "sal y luz" en el mundo (Mt. 5:13-16). La ausencia de cristianos sabios e íntegros que declaren el señorío de Jesucristo en medio de sus actividades, responsabilidades y aportes seculares es notable en América Latina. Es lamentable que una gran mayoría no pueda ver claramente sus actividades laborales y profesionales como un servicio al Señor debido, básicamente, a que una fuerte dicotomía entre lo que es considerado sagrado y secular está firmemente arraigada en la tradición evangélica de nuestra región. Es así que todo lo religioso es considerado sagrado y con valor eterno, mientras que las ocupaciones seculares son despreciadas y vistas simplemente como un mal necesario. Finalmente se tiende a considerar como "llamados por Dios" únicamente a los pastores, obreros eclesiásticos o misioneros que estén realizando labores dentro del organigrama de la iglesia. Toda otra labor (sin que importe su valor o contribución) queda relegada a un segundo plano y, por lo tanto, se le percibe como ajena o distante de los intereses reales de Dios.

Si esta falsa separación fuera eliminada, entonces lo primero que debería ser bendecido sería la participación e influencia del creyente en el mundo, porque es allí donde se encuentra un enorme punto ciego que estaba injustamente privado de la voluntad de Dios. La espiritualidad cristiana además de ser demostrada en la vida del ministerio de la iglesia debe también ser evidente en las actividades comúnmente llamadas seculares del pueblo de Dios porque nada en la vida está fuera del control y la bendición del Señor. Martín Lutero lo explicaba con su pasión característica de la siguiente manera:

"La idea de que el servicio a Dios debe quedar reducido solamente al servicio en el altar, el canto, la lectura, el sacrificio y cosas semejantes a estas es sin lugar a dudas el truco más horrendo del diablo. ¿Cómo puede el maligno habernos llevado tan lejos a través de la estrecha concepción de que el servicio a Dios sólo se lleva a cabo en la iglesia y en los trabajos que se hacen dentro de ella? ... El mundo entero puede abundar con servicios para el Señor, ministerio – no sólo en las iglesias sino también en el hogar, la cocina, el taller, y el campo."

Esta concentración, por lo tanto, tiene como finalidad el poder presentar una completa visión bíblica de lo que significa ser cristianos en medio de la sociedad contemporánea, así como brindar las herramientas necesarias para poder influenciar, impactar y transformar la sociedad para la gloria de Dios. La meta es poder formar líderes cristianos que le devuelvan a sus vidas públicas el sentido de propósito y de servicio originalmente diseñado por Dios; y más aún, el volver a enriquecer sus habilidades profesionales con los principios de cosmovisión cristiana, fe, esperanza, apologética, ética, amor y justicia que sustentan el cristianismo.

http://integridadysabiduria.org/instituto/concentracion-en-liderazgo-transformador

Aún recuerdo esos días en el mes de Julio del año 2006 cuando mi padre fue diagnosticado con cáncer en el estómago. Recuerdo aquel día cuando me dio la noticia por teléfono y que le pregunte:

- ¿Es peligroso?

Y recuerdo su irritada respuesta a mi tan estúpida pregunta:

- ¡Claro que es peligroso!, ¡es cáncer!

Era mi ignorante pregunta al tema del cáncer. Nunca lo había visto atacar a alguien tan cercano a mí.

Recuerdo el e-mail que días después recibí desde los Estados Unidos donde la esposa de mi padre nos informaba que el cáncer había hecho metástasis a los pulmones, y que ya no existía la posibilidad de operarlo. Los médicos le daban de 6 a 9 meses de vida, y de someterse a quimioterapia, podría llegar hasta 12 meses.

También recuerdo la inmensa cantidad de consejos que recibimos en ese tiempo, tanto de personas cristianas como de no cristianas, con el fin de ayudarnos a encontrar la solución al padecimiento de mi padre.

Las personas que no eran cristianas nos decían que la solución a la enfermedad de mi padre se encontraba en su mente, por lo que si él lograba producir una cantidad determinada de pensamientos positivos, erradicaba toda negatividad de su mente, y se visualizaba con un cuerpo sano, el encontraría su sanidad.

En un momento le enviaron a mi padre un video titulado “The Secret” (El Secreto), el cual enseñaba sobre la “Ley de la Atracción”, la cual establece que los seres humanos podemos determinar nuestro propio destino por medio de la manipulación de nuestros pensamientos y emociones. Es decir, que si pensamos en sanidad, prosperidad y felicidad, eso atraeremos a nuestras vidas. Pero que si por el contrario nuestros pensamientos son negativos, atraeremos solo problemas, malestares y enfermedades. Pero esta enseñanza, proveniente de una ideología panteísta, es contraria a las enseñanzas de la Biblia, ya que niega la existencia de un Dios personal y soberano, quien creó y sostiene con el poder de su Palabra todo el universo, mientras postula que el universo, la naturaleza y Dios son una misma cosa, y nosotros somos una extensión de esa energía o fuerza universal, la cual podemos manipular a nuestro gusto.

Pero lo que recuerdo con más dolor de ese tiempo, fueron los consejos que recibimos de nuestros hermanos cristianos, quienes en su mayoría, nos presentaron la misma solución que nos daban los no creyentes, solo que en vez de llamarle “Ley de Atracción” o “Pensamiento Positivo”, utilizaron un término más spiritual; “Fe”.

Obviamente la fe no es mala. Los cristianos somos personas justificadas por la “fe” en el Señor Jesucristo y en su sacrificio en la cruz, y cada día caminamos en este mundo como si fuéramos peregrinos y extranjeros en el, creyendo por “fe” la promesa de que Dios nos ha preparado una morada celestial donde viviremos con el por toda la eternidad luego de que partamos de esta tierra. Pero una cosa es tener “Fe” como una esperanza sometida a la voluntad de Dios, y otra cosa es tener “Fe” como una fórmula con la cual podemos manipular el universo. Hay una diferencia fundamental entre estos dos tipos de “Fe”. Una está basada en Dios mismo, su soberana voluntad para nuestras vidas y la otra está basada en nosotros mismos y en nuestros propios beneficios.

El momento más doloroso en todo este proceso fue cuando un amigo muy cercano a mí me hizo la siguiente pregunta mientras conversábamos sobre la situación de mi papá:

- ¿Cuidado si tú papa no se ha sanado porque no le has creído a Dios lo suficiente para su sanación?

Por unos minutos sentí que toda mi fe en Dios se venía abajo, mientras de pronto, varias preguntas comenzaron a bombardear mi cabeza:

- ¿Qué tal si la enfermedad de mi papá es producto de mi falta de fe?

- ¿Qué tal si Dios no lo ha sanado porque yo no he creído en su sanación lo suficiente?

- ¿Qué tal si mi papá sigue enfermo y camino a su muerte física, porque él mismo no ha tenido una fe digna de que Dios la conteste?

- ¿Qué tal si la sanidad de mi papá depende de mí?

Y entonces, cuando me encontraba luchando con estas preguntas, tres versículos de la carta de Pablo a los Romanos vinieron a mi memoria:

“De la misma manera, también el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad. No sabemos orar como debiéramos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. Y Aquél que escudriña los corazones sabe cuál es el sentir del Espíritu, porque El intercede por los santos conforme a la voluntad de Dios. Y sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien, esto es, para los que son llamados conforme a Su propósito.”

Romanos 8:26-28 (NBLH)

Estos versos me recordaron que los hijos de Dios ciertamente no sabemos orar como debiéramos. Es decir, que por más fina, bonita, espiritual o autoritativa que suene nuestra oración, seguimos sin saber orar la voluntad perfecta de Dios para nosotros, y por tal motivo, el Espíritu Santo tiene que socorrernos en nuestra debilidad intercediendo por nosotros con gemidos indecibles.

Fíjese que el texto no dice que quien nos ayuda intercediendo por nosotros es una ángel, o un ser humano, o un santo de la antigüedad, o la madre de Jesús. No, es Dios Espíritu Santo, la tercera persona de la trinidad, quien intercede por nosotros a Dios Padre. Y esto tiene un valor monumental a la hora de considerar quien es nuestro intercesor allá en los cielos. (Esta obra del Espíritu Santo va paralela a la obra de intercesión del Señor Jesús como sumo sacerdote a favor de los creyentes (He. 2:17,18; 4:14-16; 7:24-26)).

Pero no solo recibí paz al reconocer mis limitaciones a la hora de orar y creerle a Dios, y de saber quien es que está en mi auxilio en el momento que presento mis peticiones en oración a Dios, sino que también fui reconfortado al ser recordado que los propósitos de Dios, aún yo no nos los entienda y signifiquen tiempos de dolor y de aflicción para mi vida, Dios promete en su Palabra, que los usará para nuestro bien.

Los comentaristas de la Biblia Plenitud comentan lo siguiente sobre esta realidad:

“Aun en las dificultades y el sufrimiento, aún en la más amarga desilusión, aun cuando maltratados, los cristianos deben saber que Dios obra en medio de esas situaciones; para que se cumplan sus buenos propósitos en sus hijos. Puede que Dios cambie o no la situación directamente, pero aún si se mantiene difícil, Dios garantiza buenos resultados al final, inclusive una mayor madurez a quienes conforme a su propósito son llamados.”

Biblia Plenitud, Editorial Caribe (2004), p. 1460

El verdadero “Secreto” de la vida no se encuentra en poder alinear nuestros pensamientos y emociones de forma positiva, ni tampoco en poseer una fe invulnerable que nunca dude de los propósitos de Dios para nuestras vidas. El secreto de la vida se encuentra en reconocer que Dios está en control y tiene un perfecto y soberano plan para nuestras vidas, con el cual él nos moldeará hasta hacernos semejantes a su hijo y prepararnos para nuestra estancia eterna con el.

Mi padre partió con el Señor en la mañana del domingo 19 de agosto del año 2007, y ciertamente aún me hace mucha falta. Hay cosas que quisiera compartir con él sobre mi familia, mi negocio y de mi relación con Dios, y no puedo hacerlo. Pero tengo la paz y la tranquilidad de saber que Dios, en su soberana y hermosa voluntad, decidió llevárselo a un mejor lugar, a donde un día nuevamente me encontraré con el, y esta vez será para toda la eternidad.

“Y esta es la confianza que tenemos delante de El, que si pedimos cualquier cosa conforme a su voluntad, El nos oye” 1 Juan 5:14

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Esta reflexión viene cortesía de: Katerine Fernández.

Aunque pareciese un poco jocoso y después de tener 2 largos meses sin poder escribir, a esta conclusión algebraica me ha llevado este proceso.

Y recordando el relato de Mateo 14:22-34 sobre cuando Jesús caminaba sobre las aguas, he tratado de analizar de varias formas este texto y he encontrado varias aplicaciones para aplicar a nuestra realidad como cristianos que somos dejando que Dios dirija nuestras vidas.

Jesús sabe cual será el final de nuestra historia, El es nuestro creador, pero hay momentos en nuestro transitar cristiano en los que estamos tan acostumbrados a andar con Jesús a nuestro lado que llega un punto en donde nos olvidamos que EL esta ahí, en control de toda situación, en control de todo pensamiento y acción. La historia de Pedro me hace recordar esto, Jesús sabia que la condición climática iba a cambiar, pero en esta historia he encontrado dos aplicaciones que deseo resaltar:

1ro. La actitud de Jesús es muy inspiradora para mi, a pesar de El estar trabajando en las cosas de Su Padre, envuelto 100% en las cosas espirituales. El sabia que tenia que sacar un tiempo para estar a solas con Dios. Solo El y Su Padre; nadie mas.

Este momento de estar “a solas”, es un tiempo en donde no debe haber distracciones, es un tiempo en donde nuestra oración no será de alarde para que los demás vean que bien oramos o nos expresamos; es un tu a TU con Dios, en donde habrá adoración personal, lagrimas, y hasta risas.

Adoración: Porque Su amor, Su presencia y Su majestad; al entrar en nuestro aposento será tan gloriosa que no podremos resistirnos a no adorarle, alabarle y exaltarle.

Lagrimas: Porque nos sentiremos tan ínfimos delante de El, tan in-merecedores de Su misericordia para con nosotros, tan impuros para que El pueda sacar unos minutos de Su apretada agenda para escucharnos y prestar suma atención a nuestro clamor.

Risas: Porque nos sentiremos tan agradecidos de las cosas que EL nos ha dado que el gozo sobreabundará en nuestro corazón hasta llegar a regocijar nuestra alma.

2do. Esta segunda aplicación que deseo resaltar es la condición de Pedro. “En la madrugada Jesús se acercó a ellos caminando sobre las aguas. Cuando los discípulos lo vieron caminando sobre el agua quedaron aterrados”( verso 35,NVI).El clima cambio en la madrugada, ya ellos estaban retirados de la orilla del mar, era muy oscuro y la situación se veía un poco tenebrosa. Pero peor aun no tenían al Maestro con ellos; esos los hacia estar intranquilos. Yo particularmente le tengo un poco de miedo a estar en alta mar, pero no me quiero ni imaginar lo feo que se vería una situación estando en alta mar y con mal tiempo, mi mente no lo quiere ni pensar. Pero lo mejor de todo esto es que Jesús llego, fue al rescate de sus discípulos, viene caminando sobre las aguas con toda su calma, sin que nadie lo inmute ni siquiera las fuertes olas que azotaban la barca.

Pero el texto dice que al verle pensaban que era un fantasma no tenían ni la menor idea de que era Jesús que venia caminando hacia ellos. Pero en esta parte del texto me llama la atención la acción de Pedro. El sabia que sí era realmente su Maestro, El tenia el poder para calmar esa tempestad de tal manera que el pudiese caminar hasta llegar a Jesús. Pedro sabia que su Maestro tenia poder sobre los eventos naturales, pero el quería tocarlo, quería verlo personalmente. Pero hubo una distracción, al Pedro bajar de la barca el viento arreció y el “tuvo miedo y comenzó a hundirse”, y una vez mas Jesús fue al rescate; le extiende Su mano y le dice “Hombre de poca fe, ¿Por que dudaste? “(verso 31).

Cuantas veces yo no he actuado así, yo se que Jesús esta obrando en medio de mi crisis, pero dudo, mi fe mengua porque no lo veo actuar de la manera que deseo o de la forma que espero. Lo veo distante pero El esta aquí, cerca de mi. Me sucede como Pedro cuando bajo los ojos de su Persona y me miro a mi misma, empiezo a hundirme. O me sucede como los discípulos, no veo bien que en medio de mi situación sea Dios que este obrando y “empiezo gritar del miedo”, hablando mi problema con otras personas en vez de dirigirme a la fuente de mi solución que es Cristo.

Entonces aquí viene esta formula algebraica que he sacado en medio de este proceso:

CRISIS+DUDA= JESUS/FE²

Cuando estemos viviendo un momento de crisis y este nos lleve a dudar de nuestro Dios y Su majestuoso obrar, entonces esta sumatoria de una forma u otra nos va a llevar a reconocerle en medio del camino como realmente EL es y esta confianza nos llevara a un aumento de nuestra Fe al cuadrado, será mucho mayor de la que ya teníamos.

Así que pidámosles cada día al Señor que aumenta nuestra fe y confianza en El. Nunca permitamos que nos miremos a nosotros mismos. ¿Que vamos a ver? Muchísimas cosas malas que nos quitaran la mirada del Maestro. Oremos para que El nos enseñe siempre a caminar en la vida con nuestra mirada puesta siempre en EL, pues con Jesús todo lo podemos, a pesar de todas las tempestades y dificultades que estemos afrontando.

Un fuerte abrazo en el Señor,

Kate
katerine-fernandez.blogspot.com

Personalmente siempre he tenido mis reservas con los grupos de rendir cuentas. Puede que para algunas personas funcione, y que realmente encuentren un grupo de personas sinceras que verdaderamente se interesen por el bienestar de su alma. Pero en muchos casos, he visto como estos grupos no son más que un programa creado por las iglesias donde los participantes sienten la obligación de asistir porque son parte de las actividades regulares de su congregación, y no necesariamente tienen un genuino interés de amar y conocer más a fondo a las personas integrantes del grupo.

A continuación les dejo con unas palabras de R.C. Sproul Jr. que encuentro atinadas al respecto. Las mismas han sido tomados del post en inglés titulado Do You Have an Accountability Partner?.

Cuando la gente se entera de la muerte de mi esposa, me sugieren que busque a un grupo de personas para que me ayuden en este proceso. A pesar de que siempre he tratado de ocultar mi escepticismo sobre estos grupos, parece que nunca lo he podido hacer correctamente, y es entonces cuando me sugieren que busque un grupo de personas con los que yo pueda contar, y con los cuales yo pueda hablar de manera sincera y ser yo mismo. Mi respuesta a esta sugerencia es siempre la misma: Entiendo la necesidad, pero la misma esta siendo bien atendida por mis amigos.

Ahora, no me mal interprete. Yo no tengo nada en contra de la rendición de cuentas, ni de los grupos creados para estos fines. Yo estoy a favor del duelo, y no tengo nada en contra de los grupos creados para proveer ayuda en estos momentos. Sin embargo, lo que me intriga en ambos casos, es la forma en que nosotros hemos perdido lo que debería ser como algo natural, y lo hemos tratado de sustituir por medio de programas. ¿Qué dice esto acerca de nuestra cultura, tanto dentro como fuera de la iglesia, que necesita reemplazar lo que antes se conocía como una amistad genuina nacida de manera natural, por algo tan artificial e inorgánico como lo es un programa? Estos grupos parecieran ser el equivalente emocional de un complejo multivitamínico. Ciertamente muchos de nosotros no estamos recibiendo suficiente vitamina D y Zinc en nuestra dieta, pero ¿no solucionaríamos este problema con simplemente comer un poco mas de verduras?

Las soluciones institucionales a los problemas de las relaciones tratan de hacer algo similar por nosotros. Si en nuestro estilo de vida encontramos que las comidas saludables son un desafío para nosotros, tenemos entonces que cambiar nuestro estilo de vida. Igualmente, si la transitoriedad de nuestras relaciones y la tecnología con sus redes sociales han hecho que tener verdaderos amigos sea un problema, entonces tenemos que cambiar la forma en que nos estamos relacionando con los demás. Tenemos que acercarnos mas a ellos para amarles y servirles más de cerca.

Y si por el contrario, tenemos relaciones personales saludables y genuinas, en las cuales nos animamos mutuamente hacia la justicia, donde somos libres para ser nosotros mismos, hablarnos con profundidad, y donde nos amamos con sinceridad, entonces tenemos que ser agradecidos. Pero para esto no tenemos que crear un comité de agradecimiento en nuestra iglesia local. No, lo que simplemente tenemos que hacer es dar gracias. Así que, esto es lo que yo hago: Yo tengo amigos y familiares que me aman y que se preocupan por mí y mis hijos. Ellos se mantienen atentos a mí, me miran a los ojos cuando me hablan, me abrazan cuando me ven, me dicen cuanto me aman y con alegría reciben mi amor a cambio. Ellos lloran cuando yo lloro, y se alegran cuando me alegro, y oro para que ellos sepan cuanto le agradezco a Dios por ellos. Tengo amigos, más y mejores de lo que yo merezco.

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MVP, por sus siglas en inglés “Most Valuable Player” (Jugador Mas Valioso), es el reconocimiento que se le otorga al jugador más sobresaliente en un determinado juego, o temporada deportiva. Es un término muy usado en los países de USA, Canadá, Filipinas y Corea del Sur.

Por ejemplo, Eli Manning recién acaba de obtener el reconocimiento de MVP por su desempeño en el evento deportivo mas importante de los Estados Unidos (el Superbowl), mientras Dirk Nowitzki fue considerado el MVP de las finales de la NBA en el 2011, y David Freese fue reconocido como el MVP de la Serie Mundial de Baseball del 2011.

Todos ellos fueron reconocidos con el titulo de MVP (Jugador Mas Valioso) de sus disciplinas deportivas por el impacto significativo que tuvieron en la ofensiva o defensiva de sus equipos.

Ahora, ¿Por qué estoy dando esta pequeño lección deportiva en el día de hoy?

Porque pienso que los cristianos hemos querido traer esa mentalidad individualista y terrenal al reino de Dios. (Y yo me incluyo en ese grupo.)

Hemos caído en el engaño de creer que nosotros, con nuestras propias fuerzas (y aún con la unción de Dios) podemos convertirnos en ese MVP (Jugador Mas Valioso) de la liga celestial. Ese hombre o esa mujer que puede tener un impacto tan sorprendente en la causa de Cristo que moverá a Dios a levantarse de su trono y aplaudir junto al coro de ángeles por nuestra gran hazaña que les ha dejado sorprendidos.

Ya sea por nuestros maravillosos sermones, nuestras grandes campañas, la excelente calidad musical de nuestro grupo de adoración, nuestras muchas horas de oración, nuestro gran conocimiento teológico, nuestra disciplina de ayuno y vigilias, o por haber dejado carreras o demás para servirle, esperamos ser merecedores del titulo de MVP, el cual Dios debe entregarnos de manera personal al terminar la historia de la raza humana.

Pero si somos sinceros, la única razón por la que queremos ser el MVP de la liga celestial, no es para impactar significativamente la causa de Cristo, sino, para el incremento de nuestra fama y el alimento de nuestro ego. (Y yo me incluyo en ese grupo.).

Seamos honestos. Dios no necesita de jugadores MVP en su liga. El solo quiere hijos obedientes a su Palabra. Hombres y mujeres que sigan sus pisadas y vivan vidas integras donde quiera que sean colocados por la providencia de Dios.

Pero estamos tan acostumbrados a escuchar nombres como John Piper, John MacArthur, Rick Warren, Marcos Witt y Billy Graham, entre otros, que pensamos que nuestros nombres tienen que estar a ese nivel para poder tener un impacto a la causa de Cristo, cuando lo que realmente anhela nuestro corazón es poseer la fama y el prestigio que estos hombres poseen.

Debemos recordar que en la liga celestial las reglas son distintas a las de las ligas terrenales. Quien desea ser el primero aquí, deberá ser el último. Y quien quiera ser grande (o MVP), tiene que ser un servidor y servir a todos.

En los versos del 20 al 28 del capítulo 20 del evangelio de Mateo, se nos cuenta sobre la petición que le hizo la madre de los hijos de Zebedeo a Jesús, quien postrada ante El, le solicitó que sus dos hijos se sentaran al lado de El en el reino de los cielos.

Esta oración obviamente no fue nada humilde de su parte, pero muestra el anhelo que mora muy profundamente en el corazón de los seres humanos. El anhelo de recibir el reconocimiento y el engrandecimiento por parte de los hombres o de Dios mismo.

Quizás si hubiéramos estado ahí cuando le hicieron la petición a Jesús nos hubiéramos indignado junto a los discípulos, pero probablemente, y de seguro este sería mi caso, la indignación radicaría en que ellos presentaron su petición al Señor antes que nosotros.

Al final Jesús concluye el evento con unas palabras sorprendentes:

“El que quiera entre vosotros llegar a ser grande, será vuestro servidor, y el que quiera entre vosotros ser el primero, será vuestro siervo; así como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos.” Mt. 20:26-28 (LBLA)

Hoy en día ya no se habla de esto. Los mismos líderes religiosos de nuestro tiempo hablan sobre la importancia de estar adelante, de ser cabeza y no cola, y de exigir todos los derechos que le corresponden a un hijo del Dios altísimo, ignorando que el propio hijo de Dios vino aquí a servir y no a ser servido.

En toda la historia de la humanidad siempre ha existido un MVP. Un jugador que ha sido el más valioso año tras año desde la eternidad pasada y lo seguirá siendo hasta la eternidad futura: Dios.

Algunas de sus jugadas más importantes en la historia de la humanidad han sido:

  • Crear el universo de la nada
  • Hacer al planeta tierra habitable
  • Crear los animales
  • Crear al hombre y a la mujer

Y como si todo esto fuera poco, luego de la caída del hombre, Dios realizó la jugada más sorprendente en la historia del género humano. Se hizo hombre y habito entre nosotros con el único fin de soportar el castigo de nuestros pecados, y de esta manera salvarnos de la muerte eterna.

¿Puede alguien mas igualar alguna de estas hazañas?

En los últimos 4 años de mi vida Dios ha estado trabajando este tema en mi corazón. Por mucho tiempo pensé que yo necesitaba convertirme en un MVP de la liga de Dios con tal de impactar a muchos para Cristo. Pero cuando he examinado lo profundo de mi corazón, me he dado cuenta de que la única razón por la que he querido ser un jugador reconocido en la liga celestial, es para obtener el reconocimiento y el aplauso de los hombres.

Seguir a Dios no se trata de convertirnos en el Jugador Mas Valioso de la liga celestial, sino en llegar a ser siervos obedientes al llamamiento de Dios. Y de esta manera, agradar al único público al que le debemos toda nuestra devoción: Dios mismo.

Si, los juguetes (celulares, iPads, vehículos, relojes, televisores, computadoras y demás) nos entretienen por un tiempo luego de que los adquirimos, pero no pasa mucho tiempo antes de que pierdan su brillo ante nuestros ojos y nos demos cuenta que solo son un pedazo de metal, mientras nuestro corazón anhela por algo más.

Si, conquistar el corazón de la mujer a la que amamos nos hace saltar de alegría, y nos deja varias noches sin dormir mientras nos sentimos dominados por las emociones. Pero no pasa mucho tiempo después cuando sentimos las emociones disminuir, mientras nuestro corazón anhela por algo más.

Si, alcanzar la meta profesional que nos hemos trazado nos hace sentir orgullosos mientras celebramos el éxito adquirido, pero no pasa mucho tiempo después cuando nuevamente sentimos el mismo vacío que antes sentíamos mientras nuestro corazón anhela por algo más.

Esta es la razón por la que yo vine a Cristo. Nada pudo llenar el vacío que se encontraba dentro de mi corazón. Ni mis padres, ni mis amigos, ni las cosas materiales, ni los placeres de este mundo, ni el éxito empresarial de mis padres. Al final, todo eso solo me dejó llenó de heridas mientras trataba de llenar mi vacío existencial con las cosas temporales de este mundo. No fue sino hasta que encontré a Jesús que mi vida encontró sentido. Diecinueve años han pasado desde que mi hambre fue saciada y mi corazón encontró lo que tanto anhelaba.

Alguien dijo una vez que el ser humano es como un rompecabezas, donde una de las piezas es del tamaño de Jesús, y que por lo tanto, solo Jesús lo puede completar.

No perdamos mas tiempo deleitándonos en los placeres pasajeros y engañosos de este mundo, que solo deslumbran por su brillo, cuando al final siempre nos dejan anhelando por algo más.

Todos nosotros en algún momento de nuestra vida cristiana nos encontramos en un período donde cuestionamos nuestra fe. Quizás este cuestionamiento no sea el producto de encontrarnos frente algún argumento válido que debilite nuestra teología, sino por los valles en que los seres humanos sabemos encontrarnos en momentos de nuestras vidas.  Preguntas como:

  • ¿Por qué si soy cristiano me encuentro enfrentando esta enfermedad terminal?
  • ¿Por qué si Dios es mi guardador me encuentro desempleado?
  • ¿Por qué si Dios es soberano sobre toda la tierra me encuentro con que mis finanzas no llegan al fin de mes?
  • ¿Por qué si Dios cuida de mí familia la muerte encuentra a mis seres queridos?

Estos cuestionamientos, aunque sin base suficiente para destruir nuestra fe cristiana, toman importancia porque son el resultado de las fuertes emociones que experimentamos cuando nos encontramos en situaciones difíciles que no entendemos.

Pero los seres humanos tenemos que tener presente que la realidad de nuestras vidas desde el día en que nacimos es la de un camino difícil con un destino mortal. Desde el día que nacemos en este mundo permeado por el pecado, nuestras vidas están destinadas a travesar un camino lleno de calamidades y dificultades, el cual culminará con nuestra muerte.

Entonces, en vez de cuestionar porque me encuentro a travesando situaciones difíciles, deberíamos más bien hacernos la pregunta de cómo estaríamos nosotros hoy día, en medio de esta situación, si Dios no estuviera de nuestro lado.

No es el “¿Por Qué?” que debemos preguntarnos en medio de nuestra calamidad, sino el “Con Quien” la queremos enfrentar. ¿Queremos enfrentar estas situaciones junto a Dios de nuestro lado, o solos como nos encontrábamos antes de conocerle? Pienso que esta pregunta puede cambiar la perspectiva de como vemos nuestra situación frente a nuestra fe.

La vida cristiana es una bendición para nosotros, no solo porque el dador de vida nos ha otorgado vida eterna y salvación por medio de la fe en Jesucristo, sino porque también él ha prometido estar con nosotros hasta el fin del mundo, lo que nos asegura que aún pasemos por valles de sombra de muerte, el estará a nuestro lado y nos infundirá el aliento que necesitamos.

Tomemos ánimo en este día sabiendo, que no importa la situación en la que nos encontremos, Dios está en control y está de nuestro lado.

“Y todo esto procede de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por medio de Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; a saber, que Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo mismo, no tomando en cuenta a los hombres sus transgresiones, y nos ha encomendado a nosotros la palabra de la reconciliación.”

2 Corintios 5:18-19 (LBLA)

Reconozco que soy una persona que me gusta mucho hablar, y sobre todo, recomendar. En estos días, por ejemplo, cambie de compañía telefónica e inmediatamente comencé a llamar a mis amigos para motivarles que hicieran lo mismo, mientras les hablaba de las virtudes de la nueva compañía y de porque debían dejar la suya. También me pasó recientemente con una película que vi en el cine. Quedé tan maravillado con las excelentes actuaciones y el buen desarrollo de la trama, que no esperaba salir del cine para llamar a mis amigos e invitarlos a verla.

Creo que socializar las cosas buenas que experimentamos con las demás personas, es una de las satisfacciones más grandes que experimentamos los seres humanos.

Pero esta forma de actuar me ha llevado a hacerme la siguiente pregunta:

¿Por qué es que somos tan buenos recomendando disfrutes pasajeros de este mundo, más sin embargo, cuando consideramos el hecho más trascendente que ha sucedido en nuestras vidas, y que ha cambiado nuestro estado eterno delante de Dios, somos tan pasivos en contarles a los demás lo que Dios ha hecho en nuestras vidas?

Pienso que parte del problema se encuentra en que la mayoría de los cristianos no hemos reconocido la magnitud de la responsabilidad que Dios nos ha dejado al encomendarnos el ministerio de la reconciliación.

Ni tampoco hemos entendido que está reconciliación ha sido producto de la iniciativa de Dios, quien, no tomando en cuenta nuestras transgresiones como razón para mantenerse apartado de nosotros, ha dado el primer paso y ha enviado a su hijo para que por medio de su sacrificio en la cruz, nosotros podamos tener una relación con él.

Es importante reconocer esta iniciativa por parte de Dios, porque es la misma iniciativa que ahora se espera de nosotros hacia los incrédulos. Somos nosotros que en amor, sin tomar en cuenta los pecados de los hombres a nuestro alrededor, debemos acércanos a ellos, interrumpirles, y hablarles de este gran Dios que ha extendido su salvación hacia ellos.

En el año 1991, una de las canciones más populares en la revista Billboard de los Estados Unidos estaba interpretada por el grupo Heavy D & The Boyz y se titulaba “Now that we found love” (Ahora que hemos encontrado el amor). Aunque esta canción era de índole sensual, aún no dejo de pensar en la pregunta que exclamaba el cantante, de manera repetitiva, en el coro de esta popular canción: “Ahora que hemos encontrado el amor, ¿qué haremos con él? “

Nosotros, a diferencia de este cantante y de los demás seres humanos que no conocen a Dios, hemos encontrado el verdadero amor. De hecho, el verdadero amor nos ha encontrado a nosotros, y la pregunta que debemos hacernos ahora es: ¿Qué haremos con él?

Necesitamos orar a Dios para que nos quite el temor y la pasividad a la hora de evangelizar y para que nos haga sensibles a las personas que nos rodean, de manera tal que reconozcamos la necesidad que ellos tienen de entablar una relación con Dios, y nuestra responsabilidad de presentarles la palabra de la reconciliación.

Muchos cristianos, en algún momento, hemos cometido el error de depender demasiado de nuestros pastores, hasta el punto que les dejamos a ellos tomar por nosotros las decisiones importantes de nuestras vidas; el trabajo que debemos escoger, la chica con quien debemos casarnos, y en algunos casos, hasta la ropa que debemos ponernos. (Mis amigos de América me dicen que esta dependencia está más arraigada en los países de Latinoamérica.)

Y el problema no está en pedir consejos, escuchar y someternos a los siervos que Dios ha levantado para servir a su iglesia, sino, en esa dependencia enfermiza que muchos hemos creado hacia nuestros pastores (y que muchos pastores tanto disfrutan), donde pareciera mostrar que nuestra relación con Dios depende directamente de nuestra relación con ellos. Como si nuestro cordón umbilical espiritual estuviera pegado a nuestros pastores, y no directamente a nuestro Señor.

Por favor no me mal interprete. No estoy en contra de escuchar y someternos a nuestros pastores, lo cual es un mandamiento bíblico. Lo que si estoy en desacuerdo, y encuentro anti bíblico, es concederles a nuestros pastores una autoridad sobre nuestras vidas que Dios en su palabra no les ha dado.

No podemos seguir viviendo vidas dependientes de otros hombres para nuestro caminar con Dios. Mientras esto siga así, seguiremos en altas y bajas siempre que nuestros pastores suban o caigan delante de nosotros. Nosotros necesitamos primeramente poseer una relación directa y sin interrupciones con nuestro Dios, quien es el Gran Pastor. Y una vez nuestras vidas estén seguras en EL, y tengamos esa relación saludable y de continua comunicación con EL, entonces y solo entonces, nuestra relación con las demás personas (incluyendo nuestros pastores) tendrán el correcto lugar que se merecen. Pero nada ni nadie puede suplantar el lugar que Dios tiene sobre nuestras vidas, ni su señorío sobre nosotros. Ni siquiera nuestros pastores.

Por muchos años de mi vida yo tuve esa relación enfermiza con mis pastores, donde yo no podía decidir por mí mismo muchas cosas de mi vida. Hoy en día las cosas son diferentes. Quizás porque estoy en una iglesia muy grande y el pastor no puede involucrase mucho conmigo. O quizás porque Dios le ha placido mostrarme su gracia en mi total dependencia de EL. Pero sea por una razón u otra, este ha sido un tiempo bueno para mi alma (aunque un poco doloroso en algunos momentos.)

En esta era de los medios sociales todos quieren nuestra atención, pero la pregunta que tenemos que hacernos es: ¿Cuanto de nuestra atención estamos dedicando a nuestro Dios?

Hace unos años atrás estuve presente en el evento de graduación de un colegio privado de mi país.

En esta graduación se respiraba un ambiente de logro y felicidad, mientras padres orgullosos veían a los que una vez eran sus niños pequeños, completar sus etapas en la escuela para iniciar a ahora sus estudios universitarios.

Recuerdo que en la graduación la directora de la escuela y algunos de los maestros utilizaron palabras muy hermosas para referirse a estos jóvenes mientras les vaticinaban éxitos en la vida que tenían por delante.

Recuerdo que la estudiante más sobresaliente del grupo dirigió unas palabras de agradecimiento a sus padres y a la escuela, y luego se dirigió a sus compañeros de clases para recordarles la capacidad que cada uno de ellos tenía dentro de sí mismos para vencer las distintas dificultades con que se encontrarían en la vida, y como podrían lograr, si se esforzaban lo suficiente, el éxito que tanto anhelaban.

Y recuerdo el momento que me encontré más emotivo de todos, cuando en una pantalla gigante proyectaban fotos de los jóvenes, en sus distintas etapas en la escuela, con una preciosa canción de fondo.

Pero una cosa nos impactó a mí y a mi esposa al momento de finalizar la graduación. Dios no fue mencionado ni siquiera una sola vez en el transcurso de todo el evento.

No fue mencionado por la directora y profesores del colegio en todas sus palabras dirigidas al público presente, ni tampoco fue mencionado en el discurso de la estudiante sobresaliente. Nadie agradeció a Dios por la vida, por la bendición que tuvieron estos jóvenes de recibir enseñanzas, o por el privilegio que tuvieron sus maestros de educar a estos muchachos. Nadie oro a Dios pidiendo su bendición y cuidado para la vida que esperaban estos jóvenes, quienes ahora iniciaban sus pasos en la vida universitaria y posteriormente en la vida laboral.

Simplemente, Dios no estuvo presente en ese evento.

Cada vez que veo a alguien que piensa que tiene toda su vida por delante, y que tiene en su poder el control de lo que su vida será, quisiera que esa persona visitara aunque sea por un momento, un hospital donde se encuentran personas (de todas las edades) enfrentando enfermedades terminales.

Nosotros no podemos controlar nuestro futuro. Ciertamente podemos trabajar duro en nuestros trabajos, familias y demás, pero nada de eso nos asegura que tendremos éxito en los negocios, matrimonio o crianza de nuestros hijos. Nadie sabe lo que el futuro nos espera.

Yo tengo 36 años de edad, una hermosa esposa, tres preciosos hijos, y un negocio propio. Y aunque para muchos esto parecería sonar como una vida de éxito, el único éxito que tengo es haber encontrado a Jesús cuando mi vida más lo necesitaba.

Todo lo demás pierde valor si Dios no está presente.

¿Quién es este Dios que puede hacernos sentir especiales a cada uno de nosotros, sin importar el lugar, posición, y estado en que nos encontremos?

¿Quién es este Dios, que aun estando nosotros en medio de un millón de personas, EL está relacionándose con cada uno de nosotros, al mismo tiempo y de manera especial?

Quizás pudiéramos pensar en cuando éramos niños, y el celo que sentíamos cuando nuestro mejor amigo jugaba con otros niños en vez de compartir con nosotros.

¡Pero nuestro Dios no es así!

Podemos estar reunidos en una iglesia junto a miles de personas, y aun ahí, nuestro Dios está relacionándose de manera individual y especial con cada uno de nosotros.

Es tan impresionante ver en medio de un servicio de adoración de una iglesia, personas con las manos alzadas, otras con sus manos debajo, unas con lágrimas en los ojos, otras con una sonrisa, unos de pie, y otros sentados, pero todos siendo tratados de manera especial por nuestro creador.

¿No hace esto de nuestro Dios un Dios especial?

¿Por qué me fuí en el semáforo en rojo?

  • Porque necesitaba llegar más rápido a mí destino.

¿Por qué instalé esa licencia ilegal de software en mi computadora?

  • Porque la necesitaba, y no era verdad que yo iba a pagar los dólares que valía tener una licencia legal.

¿Por qué me permití deleitar mis ojos al mirar el cuerpo de esa chica sensual que apareció en la televisión?

  • Porque mi cansancio y mi stress demandaban que buscara una forma de relajarme.

¿Por qué no puedo levantarme 30 minutos más temprano cada mañana para tomar un tiempo y presentarme delante de Dios y buscar de su dirección para mi vida?

  • Porque no quiero perderme esos preciosos 30 minutos de sueño antes de tener que irme a trabajar.

¿Por qué dije esa mentira a aquella persona, sabiendo que mis palabras no eran verdaderas?

  • Porque no quería encontrarme frente a la vergüenza de admitir que no había cumplido con la tarea asignada.

¿Por qué escucho esa canción cuando sé que las letras detrás de la misma son un grito de apoyo claro a la inmoralidad y atenta contra todo aquello que Dios llama bueno y justo?

  • Porque me gusta la calidad de la música y la voz de la cantante.

¿Por qué le hablé airadamente a mi esposa?

  • Porque ella me faltó el respeto al cuestionar mi manera de pensar sobre un asunto determinado.

¿Por qué le pegué airadamente a mi hijo?

  • Porque estoy cansado de repetirle lo mismo y no pude controlar mi enojo.

¿Por qué le hablé tan groseramente al mesero del restaurant donde cenaba?

  • Porque no me trajo la comida en el tiempo que la esperaba, y luego que la trajo, no era el plato que le había ordenado.

¿Por qué gasto tanto dinero en cosas que no necesito?

  • Porque tengo que mostrarle al mundo que no estoy quedándome atrás a las modas del momento.

Al final, cuando veo mi vida y evalúo mis acciones recientes y pasadas, no me queda otra cosa que admitir que todos mis pecados se tratan de mí. Los mismos son el resultado de yo querer tener una vida más placentera para mí mismo (mi carne), y donde yo no tenga que hacer sacrificio alguno que atente contra mi comodidad, aunque esto signifique desagradar a Dios.

Esto no lo escribo para querer sonar filosófico o como un pensamiento que deseo presentar esta noche para meditar. Esta es la realidad de un corazón pecador.

Esta noche mi corazón hace coro con las palabras del salmista cuando levanta su clamor al Señor en el Salmo 51 con las siguientes palabras:

“Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí. No me eches de tu presencia, y no quites de mí tu santo Espíritu. Restitúyeme el gozo de tu salvación, y sostenme con un espíritu de poder.” Salmo 51:10-12 (LBLA)

Vivimos en una sociedad difícil. No solo este mundo nos invita a vivir nuestras vidas siguiendo todos los deleites que nuestro corazón desee (siempre y cuando no le hagamos daño a nadie, claro), sino que la intensidad con que nos presenta dicha invitación, y los distintos medios que utiliza para presentarnos la misma, hace que los cristianos nos encontremos en una batalla sin cuartel por vivir de la manera que le agrada a Dios. No pasa una sola hora del día donde no nos encontremos luchando en esta batalla, tomando decisiones a favor de agradar a Dios o a favor de agradar a nuestra carne.

Tranquilidad me dan las palabras de San Pablo a los Filipenses cuando dice:

“Estando convencido precisamente de esto: que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús.” Filipenses 1:6

Al final tengo que llegar a la conclusión de que mi vida no se trata de mí, sino de Dios.

Ni si quiera se trata del llamado que Dios haya puesto sobre mi vida para servirle, sino de Dios.

Se trata de nosotros acercarnos a EL y conocerle más. Se trata de dejar que EL viva su vida a través de nosotros, aunque en ese proceso, suframos el fuerte dolor de reconocer que nuestra vida no se trata de nosotros, sino de EL.

“El que se apega a su vida la pierde; en cambio, el que aborrece su vida en este mundo, la conserva para la vida eterna. Quien quiera servirme, debe seguirme; y donde yo esté, allí también estará mi siervo. A quien me sirva, mi Padre lo honrará. “Juan 12:25-26 (NVI)

Que el ejemplo de las palabras de Jesús cuando se acercaba la hora de su apresamiento y muerte nos sirvan de ánimo esta noche para las fuertes batallas que tendremos por delante:

“Ahora todo mi ser está angustiado, ¿y acaso voy a decir: "Padre, sálvame de esta hora difícil"? ¡Si precisamente para afrontarla he venido! ¡Padre, glorifica tu nombre!” Juan 12:27-28a (NVI)

Señor, crúzate en mi camino, ahora voy de prisa, ensimismada en mi misma, en mis planes y proyectos de vida, sin querer dejar pasar las oportunidades que han llegado a mis manos. Más a ti Señor te pido, crúzate en mi camino. Deténme, y házme reflexionar sobre lo que realmente importa, muestrame el peso de la eternidad y que el ahora es una preparación para lo eterno. Que cada situación buena o mala, la encare a la luz de tu palabra.

Deténme Señor, que en realidad no soy tan fuerte como los otros me ven, y la autosuficiencia que proyecto es un orgullo que hoy pongo a tus pies. Muestrame que la humildad es el fruto de una comunión constante contigo, no un vestido o careta que me quito y me pongo cuando quiero lograr algo.

Deténme en éste camino, Señor, para poder ver las necesidades de los demás y darle de lo que Tú me haz dado; para reconocer que son tus méritos y no los míos los que salvan mi vida.

Deténme, déjame ver lo breve que es la vida y la perversidad del pecado. Dame valor para denunciar lo malo aunque el mundo lo llame bueno.

Deténme, para poder ver que en tu reino las cosas funcionan diferente ; donde el último es el primero. Dame de Ti, para poder vivir aquí (donde todo es al revés), con los principios de tu reino.

Señor, que por fin entienda que Tú eres más que suficiente, que todo aquí pasa rápidamente y que mi propósito en la tierra es servirte, honrarte y proclamarte; no vivir yo, sino que Tú vivas en mí. Entonces tendré vida y vida en abundancia.
Que nuestro compromiso con tu Palabra sea tan fuerte que ninguna ideología bonita pueda perturbarnos. En la actualidad hay miles de pensamientos y doctrinas, pero pocos encierran la verdad de tu Palabra. Que nuestra mente esté tan renovada con la Palabra de verdad que cualquier nota discrepante suene insoportable a nuestros oídos. No debemos ser tolerantes frente a la mentira, debemos de ser veraz en todo momento, y saber que seremos perseguidos en un mundo donde la mayoría corre desenfrenadamente tras sus propios conceptos y criterios de cómo tienen que ser y hacerse las cosas. Más nosotros corremos guiados por el autor y consumador de la Fe, Cristo Jesús quien derramó su preciosa sangre para que tengamos salvación y mientras estemos en éste mundo, ser luz y sal, anunciando tan valioso evangelio. Que nuestro corazón pueda decir como el salmo 119: Oh cuánto amo yo tu ley, todo el día medito en ella.
Bendito y Santo eres Dios. Gracias! Gracias por revelarte a mi vida. Gracias por dejarme ver una ínfima parte de cómo es tu reino. Un reino sin envidias, sin celos ni contiendas, un reino donde el último es el primero, o sea, no hay últimos, todos ocupamos el mismo lugar.

Pero para pertenecer a éste reino, hay que nacer de nuevo, tiene Cristo que nacer en nuestras vidas, tiene Cristo que vivir en nosotros, como dijo Pablo, ya no vivo yo, más vive Cristo en mi. Y si vive Cristo en mi, ya no ando más en la vanagloria de la vida, pensando en lo que puedo alcanzar aquí, o disfrutar aquí, sino más bien pesando en lo que todo lo que tengo allá, en mi hogar celestial.

Sabiendo que nuestra vida presente tiene un propósito, y es la de ser probados, pasado por el fuego, para luego salir de ahí purificados, santificados, capacitados para la predicación del evangelio. Resplandecer en medio de ésta innegable oscuridad y ser luz y sal en ésta tierra.

Gracias Señor por las veces que tengo que morir a mi misma, a mi naturaleza carnal y pecaminosa, gracias por enseñarme a amar sin ser amada, amar aún siendo rechazada, a dar sin recibir nada a cambio.

Gracias mi Cristo, porque Tú me haz enseñado la brevedad de la vida, para así poder ocuparme de lo que realmente importa, cosas que no reciben aplausos del hombre, pero si una sonrisa de Dios .

Gracias Señor por mostrarme que por más que tengamos, sino te tenemos a Ti, nada poseemos, somos árboles secos, incapaces de dar frutos verdaderos.


Gracias Señor por darme las fuerzas para llevar mi cruz cada día. Gracias por levantarme cada mañana, gracias por ser Tú mi salud y mi sustento siempre.


Tenemos que entregar nuestras vidas, para que Cristo nos devuelva la genuina, la verdadera vida que está en El.

El siendo Dios, lo dejó todo por venir a salvarnos, liberarnos de la muerte eterna. De tal modo, renunciemos nosotros a aquellos ¨derechos¨ que según nosotros merecemos porque no existe en el universo un ser que tuviera más derecho que Jesús, más renunció a su reinado celestial por venir a la tierra. El era y Es Dios, todo le pertenece, más sin embargo, decidió nacer en un pesebre. Tú entiendes la magnitud de éste hecho? Yo apenas puedo percibir algo, pero es suficiente para saber que sólo en El se encuentra la plenitud y verdadera satisfacción del alma humana, sólo en El se encuentra nuestra salvación. Amén.