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Extracto del sermón predicado por José (Pepe) Mendoza el pasado domingo 19 de Febrero del año 2012. El texto base es Joel 1-2, y el sermón puede ser descargado aquí:

Si hay algo que el Señor deplora es la indiferencia. El Señor no responde ante la indiferencia, ni ante la desazón del alma. Nosotros no encontramos a Bartimeo el ciego clamando: “!Jesús hijo de David ten misericordia de mi!” como para que el Señor pase indiferente delante de él. El Señor detuvo a la multitud y escuchó a Bartimeo que clamaba a pesar de que todo el mundo le decía que se calle.

El Señor estuvo atento a pesar de que todo el mundo lo apretaba cuando una mujer dijo: “si tan solo tocare el borde de su manto yo voy a ser sana”, porque había pasión en su corazón. Ella no era indiferente. Ella no estaba en una esquina dentro de la multitud diciendo “Pobre de mí que estoy enferma. Ahí va el Señor, pero esta bien… está bien... moriré con mi enfermedad. Pero por lo menos lo vi de lejos.”

¡No! “Si tan solo tocare el manto… Si tan solo tocare el manto”.

Entendamos esa realidad. El Señor no puede tener a su alrededor una multitud indiferente.

El pecado mas grave del pueblo de Dios es su indiferencia ante la realidad de su propia circunstancia. Cuando no estoy clamando al Señor a la altura del drama que está viviendo mi propia vida, porque tengo miedo, porque soy indiferente, o porque simplemente ya no lo siento en mi corazón, esto se debe justamente al pecado que se encuentra en mi propia vida que esta obstruyendo mi relación con Dios y la claridad sobre la realidad de mi propia alma.

“Estos veinte años he estado contigo;
tus ovejas y tus cabras nunca abortaron, ni yo comí carnero de tus ovejas.
Nunca te traje lo arrebatado por las fieras: yo pagaba el daño;
lo hurtado así de día como de noche, a mí me lo cobrabas.
De día me consumía el calor, y de noche la helada, y el sueño huía de mis ojos.
Así he estado veinte años en tu casa; catorce años te serví por tus dos hijas,
y seis años por tu ganado, y has cambiado mi salario diez veces.”
(Gn.31.38-41)

Jacob le dice estas palabras a su suegro Labán el día que se despidió de él para volver a Canaán. Ya no nos encontramos con el joven que creía merecerlo todo, sino con un hombre que había trabajado arduamente por conseguir todo aquello que ahora tenía. Seguía siendo tan astuto como antes, pero ahora tenía aprendida la lección del sacrificio para obtener lo que se anhela.

Hace un tiempo hablaba con una joven que me decía que había cosas que no deseaba hacer porque ya no "sentía" hacerlas. Este sentimiento, quizá de complacencia o de gusto, le estaba haciendo dejar de lado cosas importantes en las que se encontraba muy comprometida. Este "sentimiento" es tan fuerte en la toma de decisiones que hace que perdamos de vista la necesidad de dejarlo de lado por el más importante "debo". Creo que estar a gusto en lo que hacemos y no perder de vista el sentido estético de cada una de nuestras actividades son variables que no se pueden desechar al momento de evaluar lo que estamos haciendo. Sin embargo, el deber y el propósito esencial por las que hacemos las cosas deben primar para nuestra estabilidad. Por ejemplo: ¿Cuál es la razón por la que estamos en un determinado centro de estudios? Seguramente es porque su malla curricular satisface nuestras expectativas académicas o porque tiene un profesorado excelente. La cafetería, la calidad de los baños o la buena onda de los compañeros ocuparán un segundo y un tercer lugar. Cuando yo digo que no me "siento" bien allí... ¿A qué área me estoy refiriendo?; y si ese sentimiento es correcto, ¿qué tan importante es como para desestimar mi propósito principal?

Lamentablemente, estas no son preguntas que nos hacemos continuamente. Creo que la percepción es equivocada cuando confundimos el propósito por el que hacemos las cosas. Entiendo la importancia del "sentir" cuando voy a participar en una reunión con amigos, o cuando voy a ir al cine o al teatro en donde mi gusto forma la razón principal del propósito. No voy a hacer un viaje en donde no me "sienta" a gusto con mis anfitriones, ni tampoco voy a ponerme ropa que en la que no me "sienta" bien, pero no es tampoco una equivocación cambiar el "siento" por el "debo". Hay padres que "deben" tener más de un trabajo para mantener a la familia y sin importar lo que "sientan" se deben levantar muy temprano en la mañana y laborar hasta muy tarde en la noche. Un policía puede "sentir" miedo (que es muy humano) en una situación peligrosa, pero su "deber" lo llevará a exponer su vida. Un estudiante podrá "sentir" que sus compañeros no son muy agradables pero él sabe que "debe" seguir estudiando porque ése es el propósito esencial y porque sus padres "debieron" hacer un gran sacrificio para pagar universidad.

Jacob había llegado veinte años antes a la casa de su suegro huyendo de la cólera de su hermano. Llegó sin nada pero ahora partía lleno de riquezas: "Y se enriqueció el varón muchísimo, y tuvo muchas ovejas, y siervas y siervos, y camellos y asnos" (30.43). ¿Qué aprendió Jacob acerca del deber? Hagamos un breve resumen:

1. Todo lo que vale en la vida demanda un escrupuloso cuidado. "...tus ovejas y tus cabras nunca abortaron...".

2. Todo lo que vale en la vida tiene un costo y nada que vale la pena es gratis. "... ni yo comí carnero de tus ovejas".

3. Todo lo que vale en la vida implica asumir la responsabilidad de nuestras acciones. "Nunca te traje lo arrebatado por las fieras: yo pagaba el daño; lo hurtado así de día como de noche, a mí me lo cobrabas".

4. Todo lo que vale en la vida demanda sacrificio que no puede ser rechazado. "De día me consumía el calor, y de noche la helada, y el sueño huía de mis ojos.

5. Todo lo que vale en la vida no se logra de la noche a la mañana. "Así he estado catorce años en tu casa..."

Por último, el trabajo arduo supone aceptar que todo desarrollo humano y de cualquier índole involucra esfuerzo y deber…

Cumplir con nuestras obligaciones será siempre nuestro deber. Ni lo espiritual debe ser sacrificado por lo secular, ni lo secular por lo espiritual. Debemos trabajar arduamente para sacar adelante y con sacrificio los propósitos para nuestra vida.

Una vez Picasso estaba dibujando febrilmente cabezas de caballo buscando la perfección. Boceto que terminaba, boceto que terminaba siendo arrojado con furia por el pintor al tacho de basura. Una alumna suya, ingenua y desesperada, para tratar de ayudar a su maestro y terminar con su sufrimiento tomó una de las cartulinas del basurero, la llevó hacia él y le dijo: “Pero Pablo, mira, ésta ya está bonita”. Picasso la miró largamente y luego sólo dijo: “Cuídate de lo bonito”. Lo bonito nunca ocupará el lugar de lo excelente y la complacencia nunca saldrá con el vigor. Aprendamos a usar correctamente nuestros sentimientos y a cumplir con nuestros deberes.

Tomado de las “Reflexiones Aterrizadas” de José (Pepe) Mendoza, pp. 23-25

Y él (Isaac) le dijo:
Vino tu hermano con engaño, y tomó tu bendición.
Y Esaú respondió:
Bien llamaron su nombre Jacob, pues ya me ha suplantado dos veces:
se apoderó de mi primogenitura, y he aquí ahora ha tomado mi bendición.
(Gn. 27.35-36a,b)

A las 21 horas del 24 de febrero del 2000 fue ejecutada por inyección letal Betty Lou Beets, una abuela de 62 años, condenada por asesinar a su quinto marido y enterrar el cadáver en el jardin. En esa misma semana fue muerto Anthony Braden Bryan condenado por asesinar a un guardia de seguridad y Melvin Sims por matar un policía. Estas personas habrán pasado a la historia por tener historias que todos quisiéramos olvidar. Son existencias "grises", despintadas y desesperanzadas. Sus vidas son las sumas de continuos errores que finalmente acaban con ellos mismos. Velma Barfield fue otra mujer condenada a muerte en 1986 por asesinato. Muy poco antes de morir escribió: “Quiero que quede claro que no culpo a las drogas por mis crímenes. Tampoco le echo la culpa a mi problemática niñez ni a los problemas matrimoniales con Thomas, mi esposo. Alguien me dijo: Velma, tú tienes mucho dolor y mucha ira y nunca has podido hallar alivio. Siempre la reprimiste y eso era como una bomba de tiempo. Finalmente la bomba explotó. Tal vez tenía razón. No lo sé. Yo asumo la responsabilidad de todo el mal que hice. Sé que esas cosas influyeron en mí, pero son mis pecados y mis crímenes”. Existen muchas razones y circunstancias para vivir una existencia gris, pero al final de todas ellas siempre nos encontraremos con nuestra propia responsabilidad. Son pocos los que tienen que pagar con su vida de la manera dramática en que lo tuvieron que hacer las personas que mencionamos, pero de lo que si estamos seguros es que no habrá nadie que escape de pagar el precio por sus propias decisiones.

Jacob fue en buena parte de su vida un hombre grisáceo. Se aprovechó del hambre de su hermano para comprarle la primogenitura, tuvo que salir huyendo después de engañar a su padre y sacarle la bendición. Luego, nos encontraremos con un Jacob que tendrá que pasar muchos años de trabajo en búsqueda de su propia independencia. Mal hubiera terminado si no fuera porque el Señor se interpuso en su huida y le dio un toque de esperanza: "He aquí, yo estoy contigo, y te guardaré por donde quiera que fueres, y volveré a traerte a esta tierra; porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho" (Gn.28.15). En la Biblia encontramos muchos hombres con existencias desteñidas que destilan angustia y desesperanza. En los Evangelios observamos los encuentros de muchas personas grises con el Señor Jesucristo, que luego de toparse con el Señor les fueron devueltos los tonos multicolores de una existencia que vale la pena vivirse. Aprenderemos hoy de lo que el Señor hizo con un par de ello.

Nuestro Señor Jesucristo estaba al final de su ministerio, iba camino a Jerusalén, una de las paradas era la ciudad de Jericó. Esta ciudad se encontraba a 25 kms. de Jerusalén. Era de una fertilidad insuperable. Marco Antonio se la regaló a Cleopatra como prueba de amor. Se le conocía como “Ciudad de las Palmas” y fue la ciudad de Herodes el Grande. Su hijo Arquelao se hizo también allí un Palacio y Josefo la describe como la parte más rica del país. No sólo era fértil, sino que tenía unos preciosos jardines (de allí su nombre: “La Perfumada”). Además era ruta principal de las caravanas de Damasco y Arabia. Era un precioso lugar de paso hacia Jerusalén, adonde se dirigía Jesús.

En esta hermosa ciudad habían dos ciegos. Uno de ellos es conocido en otro evangelio como Bartimeo, hijo de Timeo. Por su nombre podemos inferir que gozaba de cierto nivel pero, seguramente, su ceguera le había hecho perder todos sus privilegios. El y su compañero ya no podían disfrutar de la belleza de su región y según se nos comenta ellos estaban sentados a las afueras de la ciudad, lejos de la vida y el movimiento de los que realmente si importaban en Jericó. Nada del progreso y la belleza que los rodeaban los podía cautivar. Vivían su propia y solitaria calamidad (así como muchos grises de nuestro tiempo): Estaban ciegos, solos y en bancarrota (mendigando por su sustento). Ni en el corto, ni en el largo plazo había posibilidad de devolverle el color a su triste existencia.

Cuando una persona vive una experiencia gris sueña con que su vida comenzará en algún momento más adelante cuando los obstáculos hayan terminado, cuando el infortunio se quede en el olvido o cuando de una manera mágica podamos dejar atrás los resultados de todos nuestros errores. Pero la realidad es que la vida empieza a cambiar cuando aceptamos el momento en donde estamos y desde allí empezamos a trabajar.

Bartimeo y su compañero descubren lo que sería talvez su última esperanza de su vida: "Y dos ciegos que estaban sentados junto al camino, cuando oyeron que Jesús pasaba, clamaron diciendo: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros!" (Mt.20.30). Escuchan la multitud y no se quedan tranquilo. Otro evangelio nos menciona que Bartimeo preguntó y que la gente le respondió: “Jesús de Nazaret está pasando”. El, desesperado, lanza un grito de auxilio, y su compañero de penurias lo acompaña en su llamada; era lo único y último que podían hacer. Parecía casi imposible una respuesta, pero era mejor que callarse.

Sin embargo, nada es fácil para este par de hombres. Ellos sabían, por experiencia propia, que siempre que hay una puerta que se abre, siempre también hay un ventarrón que la puede cerrar con fuerza; y con el portazo dar por terminada la posibilidad. Jesús no estaba solo, una gran multitud lo acompañaba y lo más seguro era que la gente no les cedían el paso, más bien, los alejaban del maestro. Siempre que nosotros nos planteamos una posibilidad de darle color y oportunidad a nuestra vida, siempre que queremos estar cerca del señor y su poder, siempre hay una multitud que nos aleja del Señor. "No interrumpas al maestro que tiene personas más importantes que atender", "Oye, resígnate y deja de soñar con imposibles", "Tus gritos destemplados están fuera de lugar" y cuantas otras cosas más. Pero ellos persistían, no podían dejar

ir al maestro: “Y la gente les reprendió para que se callasen; pero ellos clamaban más, diciendo: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros!" (Mt.20.31).

Perdemos la posibilidad de bendición por falta de persistencia, por temor al “que dirán”. Ellos no llamaban a Jesús por méritos que garanticen la atención y la cercanía con el Maestro de Galilea, sino más bien era una invitación humilde a que Jesús se acerque a ellos, justamente por lo pobres y miserables que eran.

Jesús se detuvo. Como en muchas oportunidades anteriores, deja de lado la multitud zalamera para dirigirse a un hombre o una mujer “gris”. ¿Alguna vez has pensado que Jesús se podría detener por tí? Jesús detuvo su marcha profética para llamar a estos dos hombres sin esperanza. Todo puede esperar cuando el señor escucha un pedido de auxilio, por eso nunca pienses que las cosas van demasiado rápido como para que el Señor no te tome en cuenta. El Señor llama con consideración al indigente. Al parecer los emisarios enviados a buscar a los dos ciegos (según el evangelio de Marcos) usaron las frases que Jesús mismo había utilizado en otras oportunidades: “Ten confianza”, “Ten ánimo” (se lo dijo al paralítico, a la mujer enferma, a los discípulos cuando vieron a Jesús andar sobre el mar), “No temas” (se lo dijo a jairo ante el aviso de la muerte de su hija, a Pedro después de llamarlo como apóstol). El Señor siempre está llamando con palabras de amor, por eso debemos aprender a distinguir el calor de Dios en su amoroso llamado.

Ambos ciegos no dudaron un sólo instante. Aun Bartimeo dejó en el suelo el único bien preciado que le quedaba: su capa. Este era un manto exterior ancho, con el que se cubría por las noches, tal vez el último recuerdo de todas sus glorias pasadas. No dudó en perderlo, nada era más importante que este encuentro crucial con el maestro.

Al llegar donde estaba Jesús, El los sorprende y los dignifica con una pregunta : “...¿Qué queréis que os haga?” (Mt.20.32). En la verbalización de su pedido, los dos ciegos ponen de manifiesto toda su fe: “Ellos le dijeron: Señor, que sean abiertos nuestros ojos” (Mt.20.33). Has pensado alguna vez que el Señor está esperando que te dejes de dar vueltas y vayas directo al grano con tu petición, que seas capaz de verbalizarla, buscando un cambio en medio de tus circunstancias. El Señor quiere que tengamos claridad sobre lo que le vamos a pedir y que cuando le pidamos lo hagamos con fe. Los ciegos le hubieran podido pedir consuelo para sus vidas, paciencia para soportar su desventura, riquezas para enfrentar sus minusvalías y tantos otros anhelos del alma humana. Sin embargo, se fueron por lo más grande, por aquello que era el verdadero anhelo de sus almas: recobrar la visión.

La respuesta de Jesús no se hizo esperar "Entonces Jesús, compadecido, les tocó los ojos, y en seguida recibieron la vista; y le siguieron" (Mt.20.34). El Señor en su misericordia les concedió la visión pero no sólo eso. En medio de la multitud estas dos personas recobraron la dignidad de ser tratadas como personas dignas de hacer por sí mismos su petición. El Señor conocía y podía observar su minusvalía pero no por eso les perdió el respeto como seres humanos, criaturas de Dios. En Marcos se añade la frase “Vete, tu fe te ha salvado”. Jesús les invita a vivir sus propias vidas. Cuantos de nosotros estamos esperando que los lazos que nos abruman, las cargas que no nos dejan vivir y los dolores que nos mantienen postrados, puedan ser de una vez por todas deshechos y que podamos tener la oportunidad de vivir la vida con la que tanto soñamos. El Señor les regaló la vista y la libertad de vivir sus vidas... ellos "vieron" que la vida era Jesús y decidieron seguirle a él. Dejaron de ser hombres grises, ahora llevaban los vivos colores de la vida de Cristo.

Tomado de las “Reflexiones Aterrizadas” de José (Pepe) Mendoza, pp. 21,23

Cortesía de nuestro hermano José (Pepe) Mendoza:

image Algún día, cuando te sientas muy valioso;
Algún día, cuando tu ego se encuentre floreciente.
Algún día, cuando pienses vanidoso
que eres el mejor de los presentes;
Algún día, cuando creas que al salir
dejarás un vacío difícil de llenar,
este sencillo ejemplo has de seguir
y verás como tu alma se llena de humildad.

Toma un balde y llénalo con agua
mete la mano hasta que mojes la muñeca
sácala y el hueco que allí queda
es la medida del vacío que tú dejas.
Puedes chapotear cuando quieras al hacerlo,
puedes remover toda el agua que hay allí.
pero detente y verás que en ese instante
todo vuelve a ser lo mismo que antes.

Haz con honradez cuando te sea dable
y aunque orgulloso te sientas de ti mismo
recuerda que no hay nadie en este mundo
INDISPENSABLE

Este post de hoy viene cortesía de nuestro hermano José (Pepe) Mendoza:

Siempre que he tratado de encontrar una respuesta entre las muchas modas teológicas modernas, mi alma siempre se ha inclinado a la respuesta del viejo Alberto Benjamin Simpson. Comparto este pequeño tesoro con ustedes:

“Deseo hablarles de Jesús, y solamente acerca de Él.” A menudo oigo decir, “Si sólo pudiese asirme de la sanidad divina, pero no me es posible”. 

Frecuentemente dicen, “La tengo”, pero si les pregunto, “¿Qué es lo que tienen?”, la respuesta a veces es, “Tengo la bendición”, o “Tengo la teoría”, o “La sanidad”, y en ocasiones, “recibí la santificación”. Yo doy gracias a Dios por haber aprendido que no es la bendición, no es la sanidad, no es la santificación, no es aquello que deseamos, sino que es algo mucho mejor. Es “El Cristo”; es “EL MISMO”. ¡Cuán a menudo aparece esta palabra, “Ciertamente llevó El mismo nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores”; “Quien llevó El mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero”. Es la persona de Jesucristo lo que deseamos. Hay muchos que tienen la idea pero no reciben provecho de ella. La tienen en la cabeza, en la conciencia y en la voluntad, pero por alguna razón no le reciben a El en su vida y espíritu, porque solamente tienen aquello que es una expresión exterior y símbolo de la realidad espiritual.

Por fin Él me dijo, y tan tiernamente: “Hijo mío, tómame a Mí, y déjame ser yo mismo en ti la fuente continua de todo esto”. ¡Y cuando por fin quité mis ojos de mi santificación y de mi experiencia, y los fijé en el Cristo en mí, encontré, en lugar de una experiencia, al Cristo que es más grande que la necesidad del momento, al Cristo que es todo lo que yo podría necesitar, ¡quien me había sido dado de una vez y para siempre! Cuando pude ver a Cristo de esta manera, tuve gran paz; todo estaba bien, y estaría bien para siempre. Porque ya tenía no sólo lo que podía asir a esa pequeña hora, sino a Él, también todo lo que necesitaría en la próxima y la próxima y así sucesivamente. A veces vislumbro lo que será de aquí a un millón de años cuando “los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre” (Mateo 13.43) y tendremos “toda la plenitud de Dios”.

Alberto Benjamin Simpson

image "Pasó cierto tiempo, Dios puso a prueba a Abraham y le dijo:
-¡Abraham!
-Aquí estoy – respondió.
Y Dios le ordenó: Toma a tu hijo, el único que tienes y al que tanto amas, y ve a la región de Moria. Una vez allí, ofrécelo como holocausto en el monte que yo te indicaré” 
(Gn. 22.1-2)

En varias oportunidades en que he tenido el privilegio de dictar clases me he puesto a filosofar sobre el valor de los temidos exámenes. Creo que la razón más evidente para su existencia es probar la capacidad de retención del alumno de la materia enseñada. Mucho se ha discutido sobre las pruebas memorísticas que no demuestran habilidades, o sobre la ineficacia de los test para medir el dominio total de la materia. Sin embargo, también estoy convencido que una prueba inteligente y bien propuesta puede proveer al alumno y al profesor material de evaluación que mida tanto la enseñanza como el aprendizaje.

Nuestro Señor es un maestro por excelencia. Sus clases se imparten en la vida diaria y el conocimiento se vuelve sabiduría cuando la verdad enseñada se transforma en historia y testimonio personal. Por eso, las pruebas de Dios tendrán como principal objetivo el fortalecer nuestro carácter y dar luz y profundidad a nuestras decisiones.

Abraham tuvo que someterse también a algunos rigurosos exámenes. La prueba que tenemos en el encabezado podríamos llamarlo "El examen final". ¿Qué es lo que esta evaluación quería probar? Hasta el momento había sido bendecido por el Señor más de lo que podía imaginar. De ser un beduino inmigrante se había convertido en un patriarca lleno de riqueza y con un heredero de su propia sangre que colmaba todas sus expectativas. La pregunta es: ¿Seguiría siendo leal a Dios si estuviesen en juego sus tesoros terrenales? ¿Qué pasa si la orden de Dios escapa a los presupuestos racionales de Abraham? ¿estaría él dispuesto a obedecer? ¿se rebelaría? Mientras escribo esto pienso porque Dios tuvo que poner una prueba tan dura y tan difícil de entender. Creo que la respuesta está en la incapacidad del hombre de entender todos los caminos del Señor. Si deseamos andar con El debemos estar dispuestos a reconocer que en su grandeza siempre habrán asuntos que nos serán absolutamente incomprensibles, caminos en donde transitaremos sin más dirección que su sola voz. Este tipo de prueba es necesaria para aprender a depender de El en todo momento y bajo cualquier circunstancia.

La orden de Dios es dramática pero no emotiva. No le dijo con voz tronante que sacrificara a su hijo inmediatamente, sino que lo llevara a un lugar distante (a tres días de camino) y que se proveyera de todo lo necesario para realizar el sacrificio. Justamente, es la obediencia paso a paso la que demuestra nuestra integridad, y no los actos suicidas tipo "kamikaze". El señor no espera que nuestra vida esté llena de "anécdotas" que demuestren nuestra obediencia, sino de una vida obediente en infinidad de detalles y en toda gama de circunstancias.

El sacrificio humano no le era desconocido a Abraham. Los pueblos de la antigüedad ofrendaban a sus hijos para calmar la ira de sus dioses o pedir algún tipo de beneficio. Abraham lo tenía todo y gozaba de la bendición de Dios... ¿Por qué entonces este sacrificio? Seguramente Abraham no pudo contarle a Sara, a Isaac ni a sus siervos la orden de Dios. Esto traería un fuerte recelo y rechazo hacia la naturaleza moral del Dios de Abraham... Sin embargo, él estuvo dispuesto a obedecer a su Dios aun sin la aprobación de los suyos.

Más de una vez he escuchado comentar la terrible pero inocente pregunta del joven Isaac: "... ¡Padre!... Aquí tenemos el fuego y la leña... pero, ¿dónde está el cordero para el holocausto?" (Génesis 22.7). Hay preguntas que hacen que nos duela hasta el alma, y ésta es una de ellas. Abraham debía responder con amor y con verdad a su hijo único y amado: "El cordero, hijo mío, lo proveerá Dios – le respondió Abraham. Y siguieron caminando juntos" (Génesis 22.8). La palabra "proveer" significa literalmente "hacer ver" y esto es lo que Abraham le da a entender a Isaac: Dios está al tanto y El ha establecido las maneras, El "verá" lo que hace.

Así siguieron caminando hasta el escenario que Dios había previsto. Abraham con solicitud hizo todo lo que tenía que hacer, no como un actor que desempeña su papel, sino como un hombre obediente que está dispuesto a creer en Dios hasta las últimas consecuencias. Mientras preparaba el sacrificio, este hombre se iba despojando de sus amarras terrenales y se iba entregando a la eternidad de Dios. ¿Cuántas cosas nos esclavizan a este mundo? ¿Cuántos bienes son como lastres que nos impiden alcanzar las alturas de la comunión con Dios? Sólo cuando renunciamos a ellos podremos realmente disfrutarlos plenamente. En el momento culminante el Señor dio por terminada la prueba: "Entonces tomó el cuchillo para sacrificar a su hijo, pero en ese momento el ángel del SEÑOR le gritó desde el cielo: ¡Abraham! ¡Abraham! – Aquí estoy – respondió. No pongas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas ningún daño – le dijo el ángel -. Ahora sé que temes a Dios, porque ni siquiera te has negado a darme a tu único hijo" (Génesis 22.10-12). El mismo Señor proveyó un sustituto para efectuar el sacrificio y la fe de Abraham recién probada salió aprobada.

"Sólo se puede disfrutar plenamente aquello que se está dispuesto a entregar" parece ser la norma que Dios impone a los hombres. Y esto es una absoluta verdad cuando aceptamos que ninguno de nosotros está en esta tierra para siempre, y que las cosas que decimos poseer son solamente prestadas por un breve período de tiempo. Somos peregrinos, estamos de paso, y mal haríamos en aferrarnos a cosas, personas o situaciones que tarde o temprano tendremos que dejar en el camino. Jesucristo también sometió a esta misma prueba a sus discípulos más cercanos. Acababa de anunciar su obra en favor de los hombres a través de su muerte y resurrección y no se dejaron esperar los comentarios. Pedro lo llamó a un lado y le dijo: "...¡De ninguna manera, Señor! ¡Esto no te sucederá jamás!" (Mateo 16.22.b). La reacción más humana y más "sensata" es a alejarse del dolor y de lo desconocido, a buscar lo más conveniente o lo que nos provea la mayor cantidad de beneficios o placer. Sin embargo, la reacción de Jesús nos demuestra que los intereses de Dios no son los mismos que los de los hombres: "Jesús se volvió y le dijo a Pedro: -Aléjate de mí Satanás! Quieres hacerme tropezar; no piensas en las cosas de Dios sino en la de los hombres" (Mateo 16.23). Allí está el verdadero dilema: ¿Estamos dispuestos a poner a Dios y nuestra obediencia a El en primer lugar, o nosotros y nuestros propios intereses en primer lugar? Mas allá de nuestra religiosidad o "amor" a Dios la respuesta a esta pregunta es decisoria para verificar nuestra filiación cristiana. Hay por el mundo mucho cristianismo barato revestido de adoración a Dios y reverencia a Jesús pero lleno de intereses y mandamientos humanos que Jesucristo ya deploró hace dos mil años cuando dijo: "¡Hipócritas! Tenía razón Isaías cuando profetizó de ustedes: ‘Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. En vano me adoran; sus enseñanzas no son más que reglas humanas" (Mateo 15.8-9).

Jesús estableció una clave general que garantiza el éxito en cualquier prueba. Él dijo: "Si alguien quiere ser mi discípulo, tiene que negarse a sí mismo, tomar su cruz y seguirme. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa, la encontrará. ¿De qué sirve ganar el mundo entero si se pierde la vida? ¿O qué se puede dar a cambio de la vida?" (Mt.16.24-26). Negarse a uno mismo no tiene una intención asceta, monástica u oscura. Su verdadera intención es dejar de ver la vida un punto de vista auto-centrado y egoísta para empezar a verlo bajo el punto de vista de Dios. Si me preguntas: ¿Por qué esto tiene que ser lo mejor para mí? Porque estás dejando de someter tus asuntos a tu intuición para doblegarlos ante la enorme sabiduría de Dios quien te ama y desea lo mejor para ti.

Tomado de las “Reflexiones Aterrizadas” de José (Pepe) Mendoza, pp. 18,19

Tantos se llaman cristianos hoy en día que es difícil encontrar a los que lo son en realidad. Es necesario anteponerle alguna palabra que identifique a aquellos de los que nosotros estamos hablando.

Los hay "nominales" que los son sólo por nombre;

los hay "ritualistas" que se hacen llamar así porque cumplen con las festividades y los ritos religiosos;

Y los hay "transformados" porque han experimentado el poder de Jesucristo en sus propias vidas. Al leer los evangelios nos damos cuenta que ése es el tipo de cristianos que han tenido un verdadero encuentro con Jesús.

Tomado de las “Reflexiones Aterrizadas” de José (Pepe) Mendoza, pp. 13,14

image Ojalá. Esta es una palabra árabe castellanizada que brota de lo profundo de nuestro corazón cuando esperamos que algo suceda o que algo sea como lo soñamos. Hemos trasladado el "Dios lo quiera" por el "ojalá" (aunque en su origen etimológico dice exactamente lo mismo ya la gente no lo entiende así). La persona que espera que nuestros sueños se hagan realidad ya no dice "Dios te bendiga", ahora te dice "suerte". Como ahora vivimos en el mundo de la casualidad evolutiva y del agnosticismo, entonces, el "ojalá" se convierte en la más alta nota probabilística. En todos los terrenos de nuestra vida: económicos, amorosos, laborales, familiares, etc., etc., el "ojalá" forma parte fundamental de la estructura gramatical de nuestros pensamientos. Seguramente, le hemos perdido la cuenta a las numerosas oportunidades en que hemos suspirado diciendo: "¡Ojalá fuese cierto!".

Me parece que el problema con el "ojalá" radica en el carácter pesimista con el que usamos esta frase. Ya decían los antiguos: Eadem sunt omnia semper (Todo es siempre lo mismo). Al pronunciar la consabida palabra estamos dando cuenta que todo es sueño... y los sueños, ¡sueños son! Abraham no escapa a esta milenaria palabrita. En las breves reflexiones que hemos hecho de su vida nos hemos encontrado con un hombre íntegro y capaz de jugarse el partido entero por sus convicciones. En conclusión, un hombre inclaudicable. Pero todos tenemos nuestro talón de Aquiles y Abraham también tenía el suyo. El podía obedecer a Dios y seguirlo por los caminos más difíciles; sin embargo, había un "ojalá" que siempre sería para él sólo un sueño: tener su propio hijo. Al momento de aparecer en la historia, este hombre ya era un anciano y su mujer anciana también, y estéril. Ya no estaba en el terreno de las posibilidades de Abraham concretar el plan "A", o sea, tener un hijo carnal con su esposa. Ahora, el plan "B" y "C" estaban en pleno ejercicio. En un primer momento, él pensaba que su heredero sería su leal mayordomo Eliezer. El conocía bien sus negocios y sería un buen jefe para todo el grupo humano que giraba en torno al patriarca. Pero como buen plan "B" siempre terminaba con un suspiro de insatisfacción y un largo: "Ojalá...". El plan "C" se regía conforme a las costumbres de la antigüedad; una de las esclavas jóvenes de su esposa tuvo relaciones con él para poder procrear al sucesor que tanto le hacia falta. Era como el dicho ése que dice "A falta de pan, buenas son tortas". Pero los planes "C" siempre son problemáticos. Son paliativos pero con devastadores efectos secundarios. Veamos: "Y él se llegó a Agar, la cual concibió; y cuando vio que había concebido, miraba con desprecio a su señora. Entonces Sarai dijo a Abram: Mi afrenta sea sobre ti; yo te di mi sierva por mujer, viéndose encinta, me mira con desprecio; juzgue Jehová entre tú y yo. Y respondió Abram a Sarai: He aquí, tu sierva está en tu mano; haz con ella lo que bien te parezca. Y como Sarai la afligía, ella huyó de su presencia" (Gn.16.4-6). ¡Tremendo argumento de teleserie! Supongo que Abraham tuvo que haber lanzado el consabido "Ojalá..." y con profunda resignación siguió enfrascado en sus aparentemente inalterables circunstancias.

Bueno, ahora el Señor hace su aparición. Cuando ya Abraham tenía casi el rompecabezas completo (salvo unos "pequeños" problemitas por resolver), el Señor hace caer las piezas al suelo diciéndole: "... Sarai tu mujer no la llamarás Sarai, mas Sara será su nombre. Y la bendeciré, y también te daré de ella hijo; sí, la bendeciré, y vendrá a ser madre de naciones; reyes de pueblos vendrán de ella" (Gn.17.15-16). El texto del encabezado nos muestra el silencioso "ojalá" de Abraham. Cuando hay asuntos que entran a tramitación en la oficina de "OJALÁS" de nuestra conciencia, duermen el sueño eterno del expediente archivado sin resolver. Por eso, el Señor es más enfático aun con Abraham: "Respondió Dios: Ciertamente Sara tu mujer te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Isaac; y confirmaré mi pacto con él como pacto perpetuo para sus descendientes después de él. Y en cuanto a Ismael (el hijo de Agar, la esclava), también te he oído; y he aquí le bendeciré, y le haré fructificar y multiplicar mucho en gran manera..." (Gn.17.19-20).

Ahora, el "ojalá" de Abraham no sólo lo involucraba a él sino también a Sara, su esposa. Hay muchos sueños que quedan en el terreno de las nubes debido a que todas las personas involucradas no están de acuerdo. El Señor debía trabajar también con la señora de Abraham. " ... ¿Dónde está Sara tu mujer? Y él respondió: Aquí en la tienda. Entonces dijo: De cierto volveré a ti; y según el tiempo de la vida, he aquí que Sara tu mujer tendrá un hijo. Y Sara escuchaba a la puerta de la tienda, que estaba detrás de él. Y Abraham y Sara eran viejos, de edad avanzada; y a Sara le había cesado ya la costumbre de las mujeres. Se rió, pues, Sara entre sí, diciendo: ¿Después que he envejecido tendré deleite, siendo también mi señor ya viejo? Entonces Jehová dijo a Abaham: ¿Por qué se ha reído Sara diciendo: ¿Será cierto que he de dar a luz siendo ya vieja? ¿Hay para Dios alguna cosa difícil? Al tiempo señalado volveré a ti, y según el tiempo de la vida, Sara tendrá un hijo" (Gn.18.9-14). El "ojalá" de Abraham se iba a convertir en realidad porque Dios estaba interponiendo sus buenos oficios. En medio de la naturalidad ("según el tiempo de la vida") Dios obraría milagrosamente, haciendo que esta pareja de ancianos tengan un hermoso fruto. Entrelíneas esta historia nos muestra el gran deseo de Dios por persuadir a sus hijos, para hacerles ver que el terreno de los "imposibles ojalás" es de su propiedad.

Tomado de las “Reflexiones Aterrizadas” de José (Pepe) Mendoza, pp. 13,14

“Entonces Abram dijo a Lot: No haya ahora altercado entre nosotros dos,
entre mis pastores y los tuyos, porque somos hermanos.
¿No está toda la tierra delante de ti? Yo te ruego que te apartes de mí.
Si fueres a la mano izquierda, yo iré a la derecha;
y si tú a la derecha, yo iré a la izquierda.”
(Gn. 13.8-9)

Éxito. Abraham nos sorprende en este pasaje con su desprendimiento. El tiempo había pasado y él, junto con su sobrino Lot, habían prosperado. "Y la tierra no era suficiente para que habitasen juntos, pues sus posesiones eran muchas, y no podían morar en el mismo lugar" (Gn.13.6). La cantidad de ganado hacía difícil la convivencia y era necesaria una separación para mantener la paz entre ambos parientes. La lógica de la negociación hubiera dado por sentado que Abraham tenía todas las prerrogativas para escoger el mejor terreno para cuidar sus ganados. Pero entre los hijos de Dios las cosas nunca son vistas como las ven los hijos de los hombres.

¿Cómo miran los hijos de los hombres? Así: "Y alzó Lot sus ojos, y vio toda la llanura del Jordán, que toda ella era de riego, como el huerto de Jehová, como la tierra de Egipto en la dirección de Zoar, antes que destruyese Jehová a Sodoma y a Gomorra. Entonces Lot escogió para sí toda la llanura del Jordán; y se fue Lot hacia el oriente, y se apartaron el uno del otro" (Gn.13.10-11). Lot vio esa hermosa tierra oriental y se dejó llevar por su propia codicia o "intereses" como lo llaman hoy en día. Abraham le estaba dando una oportunidad que no podía perder y que nunca se imaginó que pudiera estar en sus manos. El pudo observarse en un instante lleno de más riquezas, completamente establecido y respetado. No sólo estaban las posibilidades ciertas de prosperidad y posición, sino que también veía la comodidad. Hasta ese momento había tenido una vida errante de campamento en campamento; ahora, hay ciudades en donde habitar con todos los beneficios que esto trae consigo. Como diría cualquier mortal: "Sólo un loco dejaría pasar esta oportunidad". ¿Qué no miró Lot? No miró la gratitud que le debía a su tío que lo prohijó durante tantos años. La codicia es mala compañera para la gratitud, siempre termina devorándola. Ni por un minuto vio la posibilidad de poder ser desprendido con el hombre que le estaba dando una lección de desapego. La visión humana también tiene un grave defecto: no es capaz de ver la realidad espiritual y moral sólo hasta que padece sus consecuencias. "Mas los hombres de Sodoma eran malos y pecadores contra Jehová en gran manera" (Gn.13.3). Este “pequeño” detalle cambiaría radicalmente la estabilidad de Lot, pero la codicia no le permitía ver el peligro.

Una de las tareas más difíciles para un padre es poder hacer que sus hijos entiendan el peligro de las malas compañías. La inexperiencia y la adrenalina propia de la juventud hacen que ellos vean con indiferencia los consejos de unos padres preocupados. Lamentablemente, cuando llegamos a adultos nadie se atreve a advertirnos nada; y la falta de discernimiento hace que caigamos en las redes de seres despreciables a los que no supimos visualizar a tiempo. Consabida es la frase: "¡Cómo no me di cuenta antes!". No es que no nos demos cuenta, quizás el problema sea que nuestros "intereses" son siempre más fuertes que nuestra camaleónica integridad. El resultado de la decisión del sobrino de Abraham es conocida universalmente. Lot tendría que salir sin nada (después de tenerlo todo e imaginar que iba a tener mucho más) de una ciudad en llamas producto del juicio de Dios.

En el otro extremo está la visión de los hijos de Dios. ¿Cómo miran los hijos de Dios? Abraham estaba en esa tierra producto de la voluntad de Dios. No era Canaán su sustento, sino Dios el Omnipotente. Además, la principal visualización de riqueza para Abraham era tener a su familia en paz: "Entonces Abram dijo a Lot: No haya ahora altercado entre nosotros dos, entre mis pastores y los tuyos, porque somos hermanos" (13.8). La visión de un hijo de Dios privilegia los valores eternos antes que los "intereses" temporales. Además, el hijo de Dios puede ver y escuchar al Señor que hace empalidecer todas las riquezas de este mundo. Abraham hizo valer su "derecho" como hijo de Dios de no hacer valer sus genuinos "derecho" como ciudadano del mundo (insólita pero permanente ley espiritual). Por esto, Dios le hizo ver lo eterno: "Y Jehová dijo a Abram, después que Lot se apartó de él: Alza ahora tus ojos, y mira desde el lugar donde estás hacia el norte, y el sur, y al oriente y al occidente. Porque toda la tierra que ves, la daré a ti y a tu descendencia para siempre" (13.14-15). Aparentemente, lo había perdido todo pero Dios es experto en hacer cosas de la nada (acuérdense del universo). Abraham mira no desde sus propios "intereses", sino desde el corazón del Señor. No sólo en una dirección, sino en la multidireccionalidad de Dios que hace que nuestra vida adquiera dimensiones más allá de lo humano. Debemos aprender a ver con los ojos de Dios así como los pilotos experimentados vuelan con instrumentos cuando la niebla impide ver con los ojos. En los caminos de esta vida siempre encontraremos climas adversos, nieblas y terribles tormentas: el orgullo, la vanagloria, la codicia nos impedirán ver con claridad el panorama que se nos pone delante. Por eso, Dios debe hablarnos y dirigirnos desde la torre de control a buenos puertos. Lot creyó ver todo... y se quedó sin nada. Abraham se quedó sin nada, pero hasta hoy lo tiene todo... su descendencia sigue poblando Palestina.

Nuestro Señor Jesucristo nos da algunos sabios principios para mejorar la visión espiritual: Ver con los ojos de Dios es descubrir que Dios nos mira con posibilidades ilimitadas. Jesucristo no nos presta atención por lo que podamos darle, sino por todo lo que El puede hacer por nosotros. "... Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. Id, pues, y aprended lo que significa: Misericordia quiero, y no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento" (Mt.9.12-13).

Ver con los ojos de Dios es descubrir que cuando Dios nos mira nos muestra caminos absolutamente nuevos. Al Señor no le interesan nuestros viejos y deteriorados caminos por los que hemos circulado en la vida. Su propuesta siempre será de nuevas y más gloriosas rutas que nos lleven a concretar su voluntad en nuestras vidas. "Nadie pone remiendo de paño nuevo en vestido viejo; porque tal remiendo tira del vestido, y se hace peor la rotura. Ni echan vino nuevo en odres viejos; de otra manera los odres se rompen, y el vino se derrama, y las odres se pierden; pero echan el vino nuevo en odres nuevos, y lo uno y lo otro se conservan juntamente" (Mt.9.16-17). Nunca nuestras viejas estructuras podrán soportar todo lo nuevo que el Señor tiene para nosotros.

Ver con los ojos de Dios es encontrar el equilibrio entre la astucia y la inocencia. "He aquí, yo os envío como a ovejas en medio de lobos; sed, pues, prudentes como serpientes, y sencillos como palomas" (Mt.10.16). Cuando tenemos el privilegio de ser enseñados por el Señor somos capaces de captar la naturaleza de las cosas y las personas que nos rodean. Jesucristo nos provee de una maravillosa cautela que nos permite sortear los más difíciles obstáculos. Pero también, el Señor nos equilibra con la simpleza y la candidez necesaria para observar las cosas sin malicia y con profunda inocencia. Ojo: La ponderación de estas dos características nos da la visión 20/20. Termino con una frase que me enseñaron alguna vez:

“DIOS MIRA HACIA ABAJO CON OJOS DE GRACIA,
Y SU MIRADA SE ENCUENTRA CON LOS QUE SINCERAMENTE
MIRAN HACIA ARRIBA CON OJOS DE FE
”

Tomado de las “Reflexiones Aterrizadas” de José (Pepe) Mendoza, pp. 11,13

Sermón predicado por el pastor José (Pepe) Mendoza de la Iglesia Bautista Internacional el pasado domingo 7 de Febrero del año 2010.

El texto base es Mateo 23:1-12 y el sermón puede ser descargado aquí.

A continuación algunos breves extractos del mensaje:

“Nosotros debemos evitar toda iglesia, por más que se llame cristiana, donde estemos encontrando hombres o mujeres que estén predicando la Palabra de Dios pero que no estén viviendo conforme al testimonio de la ella. Hombres y mujeres que aman la posición pastoral, o la posición religiosa, pero que se niegan a demostrar en sus vidas que ellos están dispuestos a vivir conforme a lo que el Señor reclama.”

“Nosotros debemos evitar toda iglesia, por más que se llame cristiana, que haya cambiado el amor al Señor (a quien nosotros le debemos toda devoción y quien transforma el corazón del hombre) por amor a sus sistemas religiosos, programas, nociones y estudios, que en realidad no están cambiando el corazón, sino que están oprimiendo a los creyentes.”

“Nosotros debemos evitar toda iglesia, por más que se llame cristiana, en donde sus líderes han encontrado la religiosidad como un medio para brillar y alcanzar popularidad. Como un “Gospel Show” en donde nosotros nos acostumbramos a ver esas personas bajo las luces, la música, y el auditorio, en donde ellos se sienten como estrellas que desean brillar en el firmamento cristiano o religioso, tratando de mostrar cuán importante ellos son.”

“Nosotros debemos evitar toda iglesia, por más que se llame cristiana, que haya elevado a sus líderes a una posición especial, de conocimiento, o de posición delante de Dios, porque eso es idolatría. Todos nosotros somos iguales delante de Dios. El único maestro es el Señor, la única guía a la verdad la provee el Espíritu Santo, y Jesucristo es la verdad misma. Nadie más puede ocupar esa posición.”

“Nosotros debemos evitar toda iglesia, por más que se llame cristiana, en donde sus líderes estén tratando de controlar nuestras vidas hasta el punto de que quieran tomar nuestras decisiones y controlar nuestra existencia diciendo que ellos han recibido de parte de Dios cierta revelación para ejercer un control absoluto sobre nuestras personas.”

“Huyamos de las iglesias que por ser tan populares tienen programas tan lindos y tan vistosos que están repletas de gente pero en donde no se predica la Palabra de Dios y por lo tanto el alma no es transformada. Y cuando el alma no es transformada, cuando no hay verdadera conversión, cuando no hay verdadero arrepentimiento, ese corazón se endurece y se hace dos veces más hijo del infierno que antes de entrar a esa iglesia.”

“Nosotros debemos cuidarnos de toda iglesia en donde la palabra del Señor no sea predicada. Debemos cuidarnos de las enseñanzas extraviadas, pero también debemos cuidarnos del carácter de los líderes que estén dirigiendo esas iglesias. Nosotros debemos mirar con atención y ver con discernimiento y preguntarnos si es que la gloria la está recibiendo el Señor o la están recibiendo los hombres.”

Hombres y mujeres que sean fieles colaboradores de Dios en la tierra. Noé significa "descanso" y en medio de tanta violencia y destrucción, el Señor busca un lugar en donde reposar y deleitarse con sus criaturas. Personas que puedan ser parte de la solución y no de aquellos que incentivan los problemas o sólo los critican.

Hombres y mujeres que tengan las características de Noé: "...varón justo, era perfecto en sus generaciones; con Dios caminó Noé" (Gn.6.9). Esto significa personas con una norma clara de vida en obediencia a Dios y su Palabra. Leales en medio de tanta desintegración y mentira.

Es importante que tengan licencia de conducir, pero de "copiloto". El Señor no desea alguien a quien seguir, sino alguien que le siga y que no tenga vergüenza de ser visto en público con El.

Favor contactarse con Dios dónde ya saben. Si no saben dónde no son aptos para el puesto. Se ruega no insistir.

Tomado de las “Reflexiones Aterrizadas” de José (Pepe) Mendoza, pp. 5,6

"Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús porque él salvará a su pueblo de sus pecados... He aquí una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros"

(Mt.1.21,23)

clip_image002[5]¿Salvar? ¿No entiendo de qué me va a salvar? decimos muchos de nosotros. Si no lo has entendido hasta ahora permíteme hacerte una breve explicación.

Emilio Durkheim en su libro “El Suicidio” acuñó la palabra “anomia” como un término que parecía un neologismo pero que ya aparecía en la Biblia y que puede traducirse "sin ley". El autor clasificaba así a la sociedad en crisis que ya no respeta las normas y que por lo tanto está en un proceso de desintegración que hace que se pierda de vista el significado del bien y el mal. Jesucristo vino, en primer lugar, para restaurar el principio del pacto en nuestras vidas. Para eso debe perdonarnos nuestras faltas cometidas cuando estábamos al margen de la ley. Este perdón no es gratuito, El lo pagó en la cruz por nosotros. Y en segundo lugar, nos da la oportunidad de restaurar nuestra relación perdida con Dios. Sencillamente, Jesucristo vino para ordenar la casa y dejar las cosas como eran en el principio.

¿Cómo podemos hacerlo?

Pues, dejando las justificaciones y las apariencias para presentarnos como somos delante de Dios en arrepentimiento y disposición para que Él y sólo Él nos indique el camino nuevo por el que debemos andar.

El primer mensaje del Señor no fue una invitación a la filantropía o a un servicio religioso. Sus primeras palabras fueron: “... Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado” (Mt.4.17). El Señor Jesucristo vino a salvarnos de nuestra desintegración anímica producto de nuestro abandono moral. Así, Él nos demuestra que somos valiosos al darse Él mismo por ti y por mí. Pero hay algo más importante todavía: Él deseó la restauración de nuestra dignidad al darnos la segunda oportunidad de volver sobre nuestros pasos, vindicar el pacto, y caminar con Él como debió haber sido desde el principio. Es una acto de confianza de Dios para con nosotros, que sólo podremos devolverle con confianza. La entrega de Jesucristo por nosotros sólo puede ser respondida con nuestra entrega personal.

Continuando con la trilogía de escritos de nuestro hermano José Mendoza sobre “el trabajo”, aquí les entrego algunas citas tomadas del tercero de sus escritos titulado “La Contribución Laboral: Más allá de la Oficina. Una Perspectiva Bíblica Olvidada de la Misión Cristiana y el Mundo Laboral”. Si le interesa leer el material completo, por favor déjeme saber para enviarle una copia por correo electrónico.

“Yo simplemente señalo que la cruz debe ser levantada otra vez tanto en el centro de la ciudad como en la torre de una iglesia. Yo estoy reivindicando el hecho de que Jesús no fue crucificado en una catedral entre dos velas, sino en una cruz entre dos ladrones; sobre una pila de basura amontonada de la ciudad; en un cruce de caminos tan cosmopolita que ellos tuvieron que escribir su titulo en hebreo, latín y griego... en una clase de lugar donde los cínicos hablan obscenidades, los ladrones maldicen, y los soldados apuestan. Allí es donde él murió. Y esa es la razón por la que él murió. Y allí es donde los creyentes deberían estar, y es allí donde deberían estar trabajando.

George MacLeod

Mientras más profundamente nosotros entremos al Santuario, así también más profundamente debemos penetrar en el mundo.

L. Floor.

El pueblo del Reino busca primeramente el Reino de Dios y su justicia; los religiosos usualmente ponen el trabajo de la iglesia por sobre las preocupaciones por justicia, misericordia y verdad. Los religiosos piensan acerca de cómo llevar más gente a la iglesia; el pueblo del reino piensa como llevar a la iglesia al mundo. A los religiosos les preocupa que el mundo pueda cambiar a la iglesia; el pueblo del Reino trabaja para ver a la iglesia cambiando al mundo.

Howard Snyder

Nosotros hemos sido formados tradicionalmente bajo la dicotomía entre lo profano y lo sagrado. Los sufrimientos de la sociedad y la falta de esperanza en los sistemas políticosociales de Latinoamérica han servido para generar una profunda separación entre lo que la gente hace y cree en la iglesia y lo que hace y piensa en el mundo. Las “cosas” del mundo aparentemente no tienen esperanza y deben darles la espalda a ellas. Lo sagrado o celestial debe ser fortalecido, pero sin que tenga contacto con la vida mundana para no contaminarse con la corrupción imperante. Esta fuerte separación teológica nos obliga a terminar percibiendo nuestra participación en el mundo sólo a través del buen testimonio, la adoración pública y la evangelización verbal. Tendemos a que nuestros discursos religiosos habituales sean ajenos a las circunstancias por temor a “secularizarlos,” quitándonos la posibilidad de ser bendición justamente allí ‘donde las papas queman’. Nos hemos conformado con “declaraciones religiosas” inocuas antes que con “acciones de fe.” Aunque parece estar fuera del ámbito de lo “sagrado”, el trabajo ha sido y continuará siendo una condición fundamental de la integridad de la existencia humana.

José Mendoza

Una de las cosas que más me preocupan dentro de la Iglesia Cristiana en América Latina es su agenda tan extraña y separada de la realidad. Como Iglesia, nosotros hemos estado casi totalmente ausentes en los momentos más dramáticos, dolorosos, y controversiales de nuestra historia reciente. La base teológica de este problema radica en la visión dualista de una realidad en la que no convergen la espiritualidad con la realidad. Como resultado, las enseñanzas de la iglesia no están relacionadas con los difíciles momentos que el pueblo Latinoamericano atraviesa, sino con una visión más periférica y sumida en asuntos religiosos que tímidamente intentan ofrecer una alternativa de vida. Esta dicotomía sacro-secular promueve un Evangelio demasiado individualista que refuerza la idea de una muy privada y excluyente relación con Dios. Las responsabilidades comunitarias o sociales son vistas como un compromiso secundario y hasta peligroso para los creyentes. Algunas organizaciones religiosas tímidamente participan en la agenda del país, pero sólo desde el punto de vista religioso-institucional y con mucha oposición de parte de las iglesias.

José Mendoza

Para nosotros debe estar sumamente claro que no existe ninguna parte de la existencia humana que esté ajena a los intereses de Dios, y, por lo tanto, fuera del servicio Cristiano. El oponernos al mal en este mundo (en todas sus formas evidentes y sutiles) es una obligación interpuesta por nuestra fe, por nuestro encuentro con Dios. Creo que ha llegado el momento en que debemos empezar a desafiar la validez de nuestra espiritualidad no por nuestra satisfacción interior o por nuestras excepcionales experiencias religiosas, pero por nuestro genuino servicio al mundo.

José Mendoza

La “Imago Dei” es un poderoso fundamento teológico que nosotros debemos re-evaluar correcta y permanentemente para evitar errar al blanco. Nosotros no sólo somos siervos de nuestra Iglesia o denominación, pero también siervos de la humanidad entera. Es una verdadera blasfemia permitir que otros seres humanos sean tratados injustamente porque esta actitud deniega el sagrado valor de una persona creada a la imagen e Dios. Seguir al Señor nos obliga a recordar que Dios nos obliga a imitarle y esta imitación nos lleva a actuar con la consideración de Dios. Al mismo tiempo, nuestra comunidad de fe tiene que ser un lugar donde nosotros, y todos los demás, podamos disfrutar de amor y fraternidad.

José Mendoza

Para ser efectivos testigos y sirvientes, nosotros tenemos que estar donde está la gente, esto es, en el mundo del diario vivir, en el centro de trabajo, en la escuela, en la universidad, en los comercios, en el vecindario. Nosotros debemos desarrollar nuestro Cristianismo siguiendo el consejo de Paul Stevens quien dice que, “[Esto tiene que ver con] la posibilidad de santidad para la gente común y corriente en la médula de la vida, justo en el centro de la existencia y no sólo en el calmo perímetro.” El mismo autor nos vuelve a proponer el mismo desafío: “La verdadera espiritualidad es mucho más subversiva que las actividades religiosas. Ésta se mete en el mismo centro de nuestras vidas, empujándonos a encontrar a Dios aquí en la tierra en vez de arriba en el cielo.”

José Mendoza

Continuando con la trilogía de escritos de nuestro hermano José Mendoza sobre “el trabajo”, aquí les entrego algunas citas tomadas del segundo de sus escritos titulado “La Carrera: Más allá de Uno Mismo. ¿Dónde está Dios cuando Trabajamos?”. Si le interesa leer el material completo, por favor déjeme saber para enviarle una copia por correo electrónico.

“Algunos piensan que la caída del hombre propició la condenación del trabajo o que el trabajo apareció de repente como una maldición producto del pecado de los primeros padres. Sin embargo, Adán y Eva ya trabajaban antes de la caída, y Dios no condenó la capacidad trabajadora del hombre, sino que estableció en el trabajo una cuota de sacrificio y sufrimiento que no había tenido hasta ese momento. Lo que es evidente es que el “sudor de la frente” no le ha impedido a ninguna generación el seguir transformando la creación con sus trabajos.”

“Debemos tener cuidado en pensar que el trabajo sólo tiene como fruto el bien material al que le hemos dedicado tiempo y esfuerzo. Para nosotros los cristianos el trabajo no sólo es recompensado con el salario o la perfección del producto terminado, sino también por la razón que nos lleva a trabajar y por el efecto que el trabajo produce en nuestro carácter, nuestra alma, espiritualidad, familia y entorno. Cuando Job pierde de repente todo lo trabajado producto del juicio divino, lo que le quedó indemne fue su carácter. Fue ese carácter justo el que le permitió acumular esa inmensa riqueza, pero también fue ese carácter el que le permitió decir cuando ya vio que lo había perdido todo, “Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo he de partir. El Señor ha dado; el Señor ha quitado. ¡Bendito sea el nombre del Señor!” (Job 1.20).”

“Yo he escuchado a muchos cristianos profesionales quejarse de no poder desarrollarse espiritualmente por lo ocupado de sus agendas de trabajo o por lo difícil del mundo laboral. Muchos de ellos piensan que necesitan de algún tipo de retiro espiritual, alejándose del mundanal ruido y de las presiones del trabajo para poder crecer espiritualmente. Sin embargo, yo quisiera presentarles dos casos de la Escritura en donde Dios se ocupó de utilizar el espacio laboral como una oportunidad para manifestarse. Nuestros dos trabajadores son Gedeón y Pedro. Lo primero que quisiera resaltar es que cuando Gedeón y Pedro se encontraron con el Señor no estaban pasando por un período de retiro espiritual en algún lugar sagrado y apartado especialmente con tal propósito. Gedeón recibió la visita del Señor mientras estaba trabajando trillando el trigo. Pedro estaba reparando las redes después de una larga faena de pesca. Yo me pregunto, ¿si es que Dios tuviera que decirnos algo muy importante, esperaría que vayamos al retiro anual de fin de semana o nos buscaría donde nos puede encontrar todos los días? ¿Si es que Dios quisiera observarnos para ver nuestra calidad personal y nuestras habilidades, el lugar más indicado para hacerlo no sería nuestro centro de trabajo?”

“Es bastante errado el pensar que el Señor nos está observando únicamente desde nuestras actividades espirituales o religiosas. La verdad de las cosas es que Él está considerándonos desde todos nuestros ángulos porque para el Señor no hay lugar que no le pertenezca ni tampoco hay espacio en nuestra vida que no lo reclame como suyo.”

“Lo que puede quedar en claro de esta breve semblanza del trabajo en la Biblia es que Dios no es ajeno a nuestro trabajo y que la próxima vez que nos preguntemos, ¿dónde está Dios cuando trabajamos? Lo mejor será responder, “aquí conmigo, compartiendo mi trabajo porque finalmente todo lo que hago también le pertenece”.

Algunas citas tomadas del primero de una trilogía de artículos escritos por José Mendoza sobre “el trabajo”. Si le interesa leer el material completo por favor déjeme saber para enviarle una copia por correo electrónico.

“No hay duda que la sociedad contemporánea en general, a pesar de todas las desigualdades, es la que más beneficios ha sacado de su trabajo, pero también es la que más ha desgastado y desvalorizado su significado.”

José Mendoza

“El trabajo es indudablemente una de las más decisivas experiencias formadoras del carácter y la personalidad.”

E.F. Schumacher

“Hoy por hoy, nuestra visión del trabajo gira increíblemente en torno a gustos o sentimientos, habilidades, talentos, intereses materiales y personales. Ser doctor, ingeniero, abogado o chef ya no está directamente relacionado con la salud de los pacientes, la seguridad de los usuarios, el trato justo para nuestros clientes o el placer de nuestros comensales. Nuestras carreras tienen que primeramente ver con nosotros y con el máximo provecho que podamos obtener de ellas. Hablar, por ejemplo, de seguir una “carrera de servicio” es mencionar un minúsculo grupo de profesiones que no tienen mayor brillo social y menos buena remuneración, aunque al parecer son las únicas que tienen como objetivo el beneficio de la comunidad como primer objetivo.”

José Mendoza

“Para Lutero la vida cristiana es una sola y ésta debe ser vivida en el lugar en donde uno está establecido. Para él no hay dicotomías entre sagrado y secular y tampoco la vida laica puede ser considerada inferior en términos espirituales a la de los religiosos profesionales. Las obligaciones laborales también están bajo la esfera divina y deben someterse en obediencia al Señor y son para su gloria. Lutero rodeó de espiritualidad a las tareas seculares de los laicos, y Calvino le puso la pasión y el objetivo cristiano. Para Calvino el trabajo no sólo era un instrumento de servicio a la sociedad, sino que era también la obligación a ser siervos de Dios en el mundo de acuerdo al llamado (o vocación) que también viene de Dios.”

José Mendoza

“Actúen de acuerdo con la dignidad del llamado de Dios. ¡No más pereza! ¡Todo lo que te viniere a las manos para hacer, hazlo según tus fuerzas! ¡No más pérdida de tiempo! ¡Corta con todo gasto en moda, caprichos, las cosas que la carne demanda! ¡No más codicia! ¡Más bien, emplea todo lo que Dios te ha confiado, en hacer el bien, todo el bien posible, en cada manera y nivel posible a la familia de Dios y a todos los hombres! Esto no es una parte pequeña de la “sabiduría de los justos.” Da todo lo que tienes, tanto como todo lo que tú eres, como un sacrificio espiritual a aquel quien fue capaz de dar a su propio Hijo, su único Hijo...”

John Wesley

“Cuando menos se dieron cuenta, los cristianos volvieron a predicar un mensaje que sólo resonaba en las bóvedas de sus hermosos templos sin que tuviera el mayor eco en el exterior. De la salvación integral se pasó a resaltar sólo la salvación eterna. De un ministerio eclesial que buscaba restaurar al ser humano en integridad, se pasó solamente a creer que sólo se debía restaurar su alma. De una iglesia que era trascendente los siete días de la semana pasó a ser una iglesia de domingo, de feriado y de retiro, irrelevante de lunes a viernes en horario de oficina.”

José Mendoza

“Cuando nosotros vamos a trabajar, muchos sentimos como que Dios se queda en el estacionamiento, que no se baja del auto y del bus, o que simplemente se queda en la casa o dentro de las cuatro paredes de la iglesia esperando vernos nuevamente al domingo siguiente.”

José Mendoza

Sermón predicado por el pastor José (Pepe) Mendoza de la Iglesia Bautista Internacional el pasado domingo 25 de Octubre del año 2009.

El texto base es Jeremías: 11-14 y el sermón puede ser descargado aquí.

A continuación un breve extracto del mensaje:

Nosotros podemos cantar muy bonito en este lugar.

Nosotros podemos traer al mejor de los predicadores de afuera.

Nosotros podemos hacer muchas cosas externas para el Señor.

Pero la única manera de que nosotros le seamos por pueblo, por renombre, por alabanza y por gloria, es cuando estamos firmemente adheridos a El allí en la intimidad.

Cuando estamos en lo secreto, allí donde nadie nos ve, al Señor le hacemos saber que somos suyos y el Señor nos demuestra que nosotros somos de El.

Sermón predicado por el pastor José (Pepe) Mendoza de la Iglesia Bautista Internacional el pasado domingo 11 de Octubre del año 2009.

El texto base es 2 Corintios 5:11-21 y el sermón puede ser descargado aquí.

A continuación un extracto del mensaje:

¿Cómo es que nosotros descubrimos el amor de Cristo?

¿Cómo es que nosotros descubrimos que el Señor nos ama?

¿Cómo es que nosotros descubrimos que Dios tiene un profundo amor hacia nuestras vidas?

El profundo amor de Dios para con nosotros no se manifiesta principalmente con que se resuelvan nuestros problemas, o que tengamos una situación laboral y financiera holgada. No se resuelve con que nosotros gocemos de buena salud y con una vida prospera. No se resuelve con el hecho de que Dios nos libra de peligros, de malas influencias y de malas personas. Todo eso es el segundo resultado del amor de Dios.

Pero básicamente el amor de Dios se manifiesta en una sola realidad, en la realidad de la cruz de Jesucristo. La cruz de Jesucristo es el símbolo más profundo del amor de Dios.

“Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8)

...la razón del amor de Dios para mi propia vida es que yo estaba muerto en mis delitos y en mis pecados. No tenía que ver con mi situación financiera. No tenía que ver con mi salud física. No tenía que ver con mi relación matrimonial en primer lugar. Todo aquello que estaba dañado era el resultado de que yo estaba podrido por dentro, comido por gusanos espirituales, porque ya estaba muerto delante de Dios por causa de mis delitos y de mis pecados.

Esa es la realidad fundamental del amor de Cristo que el Señor me lo hace ver a través de la cruz.

Sermón predicado por el pastor José (Pepe) Mendoza de la Iglesia Bautista Internacional el pasado 2 de Agosto del 2009.

El texto base es Salmo 49, y el sermón puede ser descargado aquí.

A continuación un extracto del mensaje:

A pesar de toda esa confianza que el hombre pueda tener en las cosas del mundo,

A pesar de la negación del hombre a toda condición de ley que venga de Dios,

A pesar de que podamos afirmar que en este mundo vivimos sin leyes y sin dominio de ninguna clase,

A pesar de poder decir que confiamos en esto o en aquello,

Hay algo que el hombre no puede conquistar, que es la victoria sobre la muerte.

… El hombre podrá jactarse de muchas cosas, pero nunca podrá jactarse de haber vencido a la muerte, porque la paga del pecado es la muerte.

La realidad de la muerte es el descubrimiento de nuestra propia temporalidad y de nuestra separación de Dios. Y a pesar de que tratemos de construir un mundo a nuestro alrededor que parece que durará para siempre, nosotros somos conscientes de nuestra propia temporalidad y del reconocimiento de que nosotros algún día dejaremos esta tierra. De saber que cada uno de nosotros, desde el momento en que Dios nos puso en el vientre de nuestra madre un reloj en reversa empezó a caminar inevitablemente porque el día de nuestra partida ya está marcado.

No se trata de que alguien sufriendo una penosa enfermedad este muriendo. Todos nosotros en este lugar estamos muriendo también, y ninguno de nosotros podrá, ni con nuestros bienes, ni con nuestra inteligencia, ni con nuestra sabiduría, ni con nuestra fama, ni con el cariño de los nuestros, ni con dietas ni ejercicios, ni con cirugías, ni con una cuenta bancaria, resolver ese problema.

Continuando con la serie titulada “Como mi pastor estudia la Biblia”, a continuación publicamos los hábitos de lectura y estudio de la Palabra de Dios del pastor José (Pepe) Mendoza. Espero que les sea de bendición.

Desde hace casi 30 años tengo el mismo hábito de lectura devocional que consiste en básicamente leer 3 capítulos del Antiguo Testamento por 2 del Nuevo Testamento de lunes a viernes. Eso permite leer en orden el Antiguo una vez y el Nuevo dos veces en un año. Al leer procuro fijarme en un par de aspectos importantes: En primer lugar, yo marco las divisiones de los párrafos por ideas, personajes, datos generales etc. Con un lápiz hago una línea corta bajo el texto que contiene ideas secundarias y una raya más larga bajo el texto que termina las ideas. Con un lapicero negro delgado marco las palabras o textos principales que llaman mi atención y aquellos en los que considero que el Señor me está hablando de manera particular. También procuro hacer pequeñas notas a los lados (palabras importantes, secuencias, contra-referencias, palabras en idioma original) que me ayuden a entender mejor el pasaje. Procuro no recurrir mucho a comentarios en mi tiempo devocional porque trato de que el Señor me hable desde el texto mismo y sin ayudas.

Hasta hace algunos 10 años atrás, en mi agenda yo escribía los textos que me llamaban más la atención, y les hacía breves notas que luego me servían para reflexionar nuevamente sobre ellos, y algunas veces eran como pequeños bosquejos para compartir con otros o convertirlos luego en sermones y en clases. Con el arribo de las agendas electrónicas ya no lo seguí haciendo (se perdió el placer que produce escribir en el papel). Sin embargo, durante cuatro años hice que esas notas se convirtieran en reflexiones breves que ahora forman un volumen de varios cientos de páginas.

Ya que el Señor me ha concedido el privilegio de ganarme la vida estudiando su Palabra, es que yo trato de que mi tiempo devocional sea muy íntimo y personal. Yo paso todo el día leyendo libros cristianos y teológicos por lo que no los coloco dentro de mis necesidades devocionales. Sin embargo, antes de entrar al ministerio siempre tenía un libro que me acompañaba todo el día (para ir leyéndolo en el "camino"), dos o tres en la mesa de noche (para la lectura nocturna, y que todavía hoy me acompañan) y una buena dosis de libros de referencia (comentarios, teologías sistemáticas y esas cosas) para los momentos de búsqueda de respuestas precisas. Yo también reflexiono mucho con los periódicos (reviso más de media docena por Internet casi diariamente), el cine temático (de lo poco que hay) y la historia (reciente y pasada). Yo aprendí hace mucho que uno de los grandes errores de los cristianos es "saberse todas las respuestas sin haber escuchado nunca las preguntas".

Con el transcurso de los años, el ir y volver una y otra vez a los textos, he ido encontrando riquezas inimaginables que yo reconozco me han sostenido espiritualmente más que cualquier otra actividad en donde he recibido la Palabra de Dios. Los libros han sido inspiradores y clarificadores, las prédicas esclarecedoras y confrontadoras, pero la voz de mi buen Dios hablándome en "lo secreto" ocupará siempre el primer lugar en mi corazón y mi mente.

José (Pepe) Mendoza es peruano. Está felizmente casado con su esposa Erika, y juntos tienen una linda niña de 12 años. En los últimos 20 años ha servido como pastor y maestro en Perú, Chile, Canadá y ahora República Dominicana. Sus grados son bachiller en teología pastoral en Perú, Licenciado en Teología en Chile, una Maestría en Estudios Cristianos con mención en Mundo Laboral en Canadá, y es candidato doctoral en Teología Moral del Oxford Centre for Mission Studies. Estudió Administración de negocios y por unos años trabajó en bancos y desarrolló algunos negocios hasta que entró al ministerio a tiempo completo. Ahora es el director del Instituto Integridad y Sabiduría y uno de los maestros de la Iglesia Bautista Internacional. Finalmente, y lo más importante, es que se considera un Pecador (con P mayúscula y doblemente pecador como su nombre mismo lo indica: PP) al que el Señor salvó por pura gracia y todo lo poco que ha podido hacer, lo ha conseguido por que Él ya lo había preparado de antemano.