SEGUIDORES

Mostrando entradas con la etiqueta Varios. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Varios. Mostrar todas las entradas

A continuación les comparto un excelente escrito publicado en Pensamiento Cristiano:

Duda de tus dudas

Jeremías, el hombre que supo afrontar sus dudas

«Duda de tus dudas y cree tus creencias;
pero nunca creas tus dudas ni dudes de tus creencias.»

Estas palabras, que recibí de mí padre siendo muy joven, siempre me han acompañado y me han fortalecido en momentos de prueba. ¿Por qué es tan importante saber afrontar las dudas de forma adecuada?

La prueba, por lo general, purifica y fortalece nuestra fe como se nos enseña reiteradamente en las epístolas de Pablo y de Pedro; pero en ocasiones puede debilitarnos. Ya el mismo Señor Jesús nos advierte de ello en la parábola del sembrador: «los que fueron sembrados en pedregales... cuando viene la tribulación o la persecución a causa de la palabra, luego tropiezan...» (Mr. 4:17). No siempre el sufrimiento nos acerca a Dios, por lo menos en un primer momento. A veces produce el efecto contrario: el golpe nos deja tan perplejos que nos lleva a «dudar de todo», incluidas nuestras creencias más firmes. Nos preguntamos «¿dónde está la bondad de Dios?, ¿No será la fe una ilusión?, ¿Por qué Dios parece tan lejano?» Si te sientes así, estás en sintonía con algunos de los gigantes de la fe. David, por ejemplo, con frecuencia exclamaba «¿Hasta cuando, Señor? ¿Me olvidarás para siempre?» (Sal. 13:1); «Oye mi oración, oh Señor, y escucha mi clamor. No calles ante mis lágrimas» (Sal. 39:12). Incluso Juan el Bautista, de quien el Señor dijo »entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que él» (Mt. 11:11), agobiado por su situación de cárcel y muerte inminente llegó a dudar de la identidad de Jesús: «¿Eres tú el que había de venir o esperaremos a otro?» (Lc. 7:19). Sí, en momentos de crisis, Dios parece lejano, sus silencios se hacen largos, todo parece derrumbarse. Es el terreno fértil para las dudas que empiezan a crecer como espinos en el campo de las creencias.

¿Cómo evitar que estas dudas incipientes lleven a un naufragio de la fe? La clave está en saber afrontarlas de forma adecuada. La ilustración de la picadura de una serpiente nos ayuda a entenderlo: hay que hacer todo lo posible para que el veneno no quede dentro. De la misma manera, lo peor cuando la duda nos invade es encerrarse cada vez más dentro de uno mismo, ignorando las preguntas que surgen de la perplejidad. El reprimir las dudas equivale a guardar el veneno tras la picadura: tarde o temprano, acabará haciendo daño. Os Guiness, escritor y pensador británico cristiano, en su excelente libro sobre la duda tiene un capítulo titulado «Yo creo en la duda». Parece una contradicción, pero contiene una gran verdad: en la medida en que logremos entender el significado y la naturaleza de las dudas, incluso su valor saludable como acicate de la fe, les vamos a perder el miedo y las podremos afrontar de forma correcta.

Por esta razón hemos escogido el ejemplo de Jeremías. Nos sentimos muy identificados con el llamado «profeta llorón» y sus aparentes «peleas» con Dios. Sus altibajos constituyen un espejo de la vida espiritual de muchos creyentes.

Un aspecto clave de la vida del profeta fue su relación con Dios, una relación íntima y fecunda, pero salpicada de protestas y lamentos. En ocasiones su fe entraba en crisis porque no entendía ciertos aspectos de la voluntad divina. Sin embargo, la fe de Jeremías no era una fe débil, todo lo contrario: Era la fortaleza de su fe lo que le capacitó para ser –en palabras de Dios mismo- «como ciudad fortificada, como columna de hierro y como muro de bronce contra toda esta tierra» (Jer. 1:18). Una fe fuerte, sin embargo, no excluye altibajos, momentos de perplejidad ante los misterios de la providencia. Las preguntas de Jeremías encuentran eco en muchos creyentes hoy: «¿Por qué? ¿Hasta cuándo? ¿Dónde está Dios cuando permite que ocurran estas cosas?». Sus oraciones se convertían a veces en protestas encendidas. Volcaba todo el peso de su corazón sobre el Señor. En sus lamentos vehementes usaba incluso un lenguaje judicial: «alegaré mi causa ante ti» (Jer. 12:1). ¿Hay algo de malo en ello? ¿No es pecado el dudar?

¿Cómo afrontó Jeremías sus dudas y luchas espirituales? ¿Qué aprendemos de sus sinceras oraciones en las que vierte todas sus preguntas al Todopoderoso?

Entre otras, cinco lecciones que nos ayudan a enfocar nuestras propias dudas.

  • Las dudas de Jeremías nacen de la perplejidad, no de la incredulidad. Son el fruto de un corazón atribulado, no de una mente altiva o de un corazón endurecido; como en el caso de muchos ateos. El profeta protesta, pero siempre desde una postura de lealtad y confianza en Dios. Aún en los momentos más oscuros, cuando su alma desfallece y su fe parece en crisis, está del lado del Señor. Por ello no vemos ni una palabra de reprensión de parte de Dios.
  • Las dudas que nacen de la perplejidad son señal de vida espiritual. Por lógica, no puede existir duda sin una creencia previa. La comparación con el dolor físico nos ayuda a entenderlo: un muerto no puede sentir dolor porque no tiene vida; solo puede dolerse el que está vivo. En este aspecto, las preguntas y dudas lejos de ser algo negativo estimulan el crecimiento del creyente y le van creando sus propias defensas espirituales. Alguien que nunca ha tenido preguntas sobre su fe está en riesgo de tener un «sistema inmunitario» espiritual muy débil.
  • Jeremías no se queja de Dios sino a Dios. La diferencia es importante. No es pecado decirle a Dios cómo nos sentimos porque Él se complace más en la honestidad de una oración osada que en la frialdad de un corazón altivo. El pecado radica en desafiar a Dios, no en protestar ante Él. No olvidemos el significado original de la palabra protestar que es afirmar delante de alguien.
  • La expresión de la duda es positiva y necesaria porque previene males mayores. Nos referimos, por supuesto, a la duda que surge de la tribulación. Aunque parezca paradójico, es la mejor manera de evitar crisis de fe. No hace falta ser psicólogo para conocer el gran valor terapéutico de la catarsis -compartir, descargar- aquellas emociones o pensamientos que nos abruman. Podríamos decir que la impresión sin la expresión produce depresión.
  • Lo malo no es dudar, sino persistir en la duda. De ahí la importancia de exponer y no esconder las dudas nacidas del corazón atribulado. Es como una herida contaminada: lo peor que podemos hacer es taparla si antes no la hemos limpiado bien, con el consiguiente riesgo de infección. Ocultar las dudas es como tapar una herida sin haberla limpiado. En este caso el equivalente de la infección es la crisis espiritual. No pocas personas han visto su fe muy mermada a causa de un trato deficiente de este tipo de dudas. El mejor antídoto para una crisis de fe es ventilar, exponer las dudas ante alguien que puede comprendernos y darnos repuestas. Así lo hacía Jeremías por cuanto había aprendido que protestar no es incompatible con acercarse al Señor.

El conflicto de un amante: Jeremías no lucha contra Dios, sino en busca de Dios. A primera vista Jeremías está en conflicto con Dios; sus quejas parecen expresar más rebeldía que confianza. Sin embargo, no es así. Necesitamos entender aquí un fenómeno psicológico frecuente en las relaciones con nuestros seres queridos, por ejemplo en el matrimonio o entre padres e hijos. Todo conflicto encierra un doble mensaje; por un lado, hay confrontación, la cara negativa de la protesta. Cuando dos personas discuten, la primera reacción es pensar que están enfrentadas, la una en contra de la otra.

Sin embargo, hay algo más profundo: yo no discuto o peleo con alguien que me es indiferente. Si así fuera, simplemente no le haría ningún caso, le ignoraría. Un conflicto contiene un mensaje no verbal: «me importas, necesito que me digas algo». En realidad, lo que se está buscando con la confrontación es acercarse al otro, sentirle cerca. Así ocurre con muchas discusiones matrimoniales: no surgen del rechazo, sino del amor; no buscan alejarse, sino acercarse. Igualmente un padre no se preocupa por reprender a su hijo si no le ama. Lo peor en una relación de amor es el silencio que nace de la indiferencia, no el conflicto que surge del anhelo de acercarse al otro.

Jeremías se quejaba a Dios porque necesitaba y quería acercarse a Él y escuchar su respuesta. No estaba luchando contra Dios, sino en busca de Dios. Es la lucha de alguien que ama, no la de un ateo o un escéptico. Si a Jeremías no le hubiese importado para nada el mensaje divino, no habría luchado con Dios, simplemente le habría sido indiferente o le habría desobedecido. Por esta razón, el Señor nunca condena la expresión sincera de las dudas y los sentimientos de perplejidad que brotan de un corazón abrumado por la pena y el dolor. Al hacerlo así, nos acercamos a Dios.

El gran secreto de la vida de Jeremías es que luchó siempre abrazado a Dios. Aun en medio de la perplejidad y la duda -que le lleva a maldecir el día en que nació- es capaz de remontar su mirada de fe al cielo e irrumpe en alabanza con una declaración de confianza memorable: « mas Jehová está conmigo como poderoso gigante... Cantad a Jehová...» (Jer. 20:11,13)

A él -y también a nosotros- el Señor nos promete: «Pelearán contra ti, pero no te vencerán; porque yo estoy contigo» (Jer. 1:19).

Dr. Pablo Martínez Vila

Adaptado por el propio autor de su libro El aguijón en la carne.

Escrito por Juan Stam y tomado de Lupa Protestante.

Hace poco leí algo que me hizo pensar. "Jesús dijo las verdades", afirmaba una carta circular que me llegó, "pero nunca insultó, sino que trató con respeto a todas las personas."

Esa visión de un Jesús siempre amable es muy común, pero tenemos que preguntarnos si realmente corresponde al Jesús del Nuevo Testamento. Todos tenemos una tendencia de visualizar a Jesús, en mayor o menor grado, a nuestra propia imagen y semejanza, conforme suponemos que debía haber sido y no como era.

Según el testimonio de los cuatro evangelios, Jesús más de una vez insultaba a sus enemigos. El cuarto evangelio nos relata que dijo a los judíos, "Ustedes son hijos de su padre el diablo" (Jn 8:31,44), que no era exactamente un piropo. A Pedro en una ocasión lo llamó "Satanás" (Mt 16:23; Mr 8:33; o agente de Satanás, que también era insulto). Al rey Herodes le llamó "aquella zorra" (Lc 13:32). Y a los escribas y fariseos, ¡con cuántos insultos no los agredía! En un solo discurso mateano (Mat 23; cf. 6:1-3), Jesús los tilda de vanidosos y pretenciosos, hipócitas (repetido siete veces, para mayor énfasis), devoradores de casas de viudas, insensatos, necios,  guías ciegos, sepulcros blanqueados, serpientes y generación de víboras. ¡Qué lenguaje más agresivo de este Nazareno!

Los profetas también insultaban a menudo. Amós, llamó a las mujeres ricas de Samaria "vacas de Basán". El término favorito de Ezequiel para los ídolos era "excremento" (GiLûLîM, 38 veces entre 6:4 y 44:12 con el sentido de "ese excremento que adoran ustedes"), una ofensa tan cruda que ninguna versión hoy la traduce literalmente. Juan el Bautista llamó "generación de víboras" a sus oyentes ( Mt 3:70) y denunció los pecados de Herodes, tan drásticamente que Herodes lo mató (Lc 3:19). San Pablo denunció al mago Barjesús como "hijo del diablo" (Hcn 13:10), acusó a Bernabé y Pedro públicamente de hipocrecía (Gál 2:12-14) y declaró malditos a los judaizantes de Galacia y a todos los que predican otro evangelio (Gál 1:8; cf. 5:1-13). En el Apocalipsis, Jesús llama a los judíos de Esmirna y Filadelfia "sinagoga de Satanás" (Ap 2:9; 3:9) y felicita a la iglesia de Éfeso por aborrecer las obras y la doctrina de los nicolaítas, como él también las aborrece (Ap 2:6, ¡a la misma iglesia a la que acusa de perder el primer amor 2.4; cf. 2:15!). A la iglesia de Pérgamo, Cristo viene con espada a pelear contra esos nicolaítas. En 13:1-3, Juan muestra que el imperio romano (la bestia, en su sentido inmediato) fue establecido por el dragón y que culto al emperador era culto satánico. De la historia de la teología y sus invectivas mordaces (Agustín, Lutero, Calvino), mejor ni hablar. Bastan los ejemplos bíblicos.

Hay una paradoja muy significativa en las relaciones humanas de Jesús. Se pronunció a favor de los pobres ("Bienaventurados ustedes los pobres") pero era hostil contra los ricos ("Ay de ustedes ricos", Lc 6:20,24; cf. Mt 19:23-26; Mr 12:41; Lc 16:19; 18:23; 19:8-9). Para "los de abajo" (publicanos, adúlteras, rameras, pobres) Jesús tenía sólo palabra compasivas, de comprensión y perdón, mientras a "los de arriba" (ricos, fariseos, sacerdotes, escribas), cuesta mucho encontrar palabras que no sean severas y, reconozcámoslo, a menudo insultantes. Ni al gran maestro Nicodemo le mostró deferencia alguna. Una paradoja similar marca la figura de Jesús como Príncipe de Paz, pero que no había venido a traer paz a la tierra sino espada (Mt 10:34):

Podemos notar aquí también que el Jesús de los evangelios se enojaba ante la injusticia, la falsedad y el pecado (cf. Apoc 2:6). Nunca se enojó por lo que le afectaba en lo personal; ante el juicio totalmente injusto con que lo condenaron, no abrió su boca. Pero cuando sanó a un enfermo y los fariseos, indiferentes al sufrimiento humano, se dedicaban a ponerle trampas legalistas, vemos a Jesus "mirándolos alrededor con enojo, entristecido por la dureza de sus corazones" (Mr 3:5). Y a los mismos discípulos, cuando impedían a los niños venir a él, "se indignó" (Gr aganaktew, enojarse). A veces es pecado no enojarse. Un Jesús incapaz de enojarse ante la injusticia no sería nada convincente, ni sería Hijo de Dios.

Tomás Münzer, el reformador anabautista del siglo XVI, protestaba "la bondad ficticia" de un Cristo dulce, desconociendo al Cristo amargo de los evangelios. El Cristo dulce es el Cristo de la gracia barata, domesticado y aburguesado, un Cristo simpático y complaciente.

En fin ¿era Jesús "amable" o no? Pues, ¿qué significa "amable"? Significa que actúa movido y guiado por el amor. ¿Y que es el amor? La esencia del amor no consiste en sensaciones placenteras y sentimientos agradables. Si así fuera, Jesús no podría mandarnos a amar a nuestros enemigos, que nos caen mal y no nos agradan. Amor es fundamentalmente buscar el bien del otro, en las formas que mejor corresponden. En la severidad de sus denuncias, Jesús expresaba su profundo amor hacia los fariseos, aun en las expresiones que nos parecen insultantes según los criterios de nuestra cultura moderna.

No cabe duda de que tolerancia, generosidad y respeto son valores, pero no son los únicos valores ni necesariamente los valores prioritarios. Sobre todo, no debemos imponerlos encima de la figura del Jesús de los evangelios y de las exigencias de valentía (aun osadía) profética que nos enseñan las escrituras.

La gente es irracional, ilógica y egocéntrica.

¡A pesar de eso, ámala!

Si haces el bien te acusarán de secretos motivos egoístas.

¡A pesar de eso, haz el bien!

Si logras tus objetivos tendrás falsos amigos y verdaderos enemigos.

¡A pesar de eso, logra tus objetivos!

El bien que haces hoy será olvidado mañana.

¡A pesar de eso, haz el bien!

La honestidad y la franqueza te vuelven vulnerable.

¡A pesar de eso, sé honesto y franco!

El de grandes ideas puede ser echado abajo por uno más insignificante e ignorante

¡A pesar de eso, piensa en grande!

El mundo sólo considera a los grandes.

¡A pesar de eso, pelea por los pequeños!

Lo que edificas por años, podría destruirse de la noche a la mañana.

¡A pesar de eso, edifica!

Las personas que realmente necesitan ayuda, pueden atacarte si las ayudas.

¡A pesar de eso, ayúdalas!

Da al mundo lo mejor que tengas y te golpeará en la cara.

A pesar de eso,

¡da al mundo lo mejor que tengas!

[Autor y origen desconocidos]

Estimados hermanos,

Tomamos unos minutos de la noche de hoy, y el transcurso del día de mañana, para orar por el rescate que iniciará en el día de mañana 13 de Octubre, de los chilenos atrapados bajo tierra.

Que Dios obre para que todos los hombres salgan sanos y salvos, y que el proceso de extracción sea lo menos doloroso posible. Sobre todo, que Dios sea glorificado en todo este proceso.

http://mexico.cnn.com/especiales/2010/chile-mina-minera-san-jose-mineros-chilenos-copiapo-rescate

Taken from Between Two Worlds:

Almighty God, our Father:

Everything we see, and everything we can’t see, exists because of you alone.

It all comes from you, it all belongs to you, it all exists for your glory.

History is your story.

The Scripture tells us, "Hear, O Israel, the LORD is our God, the LORD is one." And you are the compassionate and merciful one. And you are loving to everyone you have made.

Now today we rejoice not only in America’s peaceful transfer of power for the 44th time, we celebrate a hinge point of history with the inauguration of our first African American president of the United States.

We are so grateful to live in this land, a land of unequaled possibility, where a son of an African immigrant can rise to the highest level of our leadership. And we know today that Dr. King and a great cloud of witnesses are shouting in heaven.

Give to our new president, Barack Obama,

the wisdom to lead us with humility,

the courage to lead us with integrity,

the compassion to lead us with generosity.

Bless and protect him, his family, Vice President Biden, the Cabinet, and every one of our freely elected leaders.

Help us, O God, to remember that we are Americans--united not by race or religion or blood, but to our commitment to freedom and justice for all.

When we focus on ourselves, when we fight each other, when we forget you--forgive us.

When we presume that our greatness and our prosperity is ours alone--forgive us.

When we fail to treat our fellow human beings and all the earth with the respect that they deserve--forgive us.

And as we face these difficult days ahead, may we have a new birth of clarity in our aims, responsibility in our actions, humility in our approaches, and civility in our attitudes—even when we differ.

Help us to share, to serve, and to seek the common good of all.

May all people of good will today join together to work for a more just, a more healthy, and a more prosperous nation and a peaceful planet.

And may we never forget that one day, all nations--and all people--will stand accountable before you.

We now commit our new president and his wife, Michelle, and his daughters, Malia and Sasha, into your loving care.

I humbly ask this in the name of the one who changed my life—Yeshua, Esa, Jesus, Jesus—who taught us to pray:

Our Father, who art in heaven, hallowed be Thy name.

Thy kingdom come, thy will be done, on earth as it is in heaven.

Give us this day our daily bread.

And forgive us our trespasses, as we forgive those who trespass against us.

And lead us not into temptation, but deliver us from evil,

for Thine is the kingdom and the power and the glory forever.

Amen.

En esta ocasión escribo sobre mis pastores Héctor Salcedo y Miguel Nuñez, de la Iglesia Bautista Internacional.

Mi gran aprecio hacia ellos es por su constante presión a una mayor santidad en mi vida, y por su fidelidad en las enseñanzas de la Palabra de Dios.

Dios les bendiga!