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Nuestra cultura asocia el trabajo con la búsqueda del éxito, la importancia, la provisión, la estima y el propósito. Pero las Escrituras, por el contrario, nos enseñan que es Dios, no nuestro trabajo, a quien debemos buscar para estas cosas (1 Corintios 4:7; Filipenses 4:19). Por lo tanto, los creyentes deben llegar a ver a Dios como su fuente de provisión, y a sus trabajos, como un medio que Dios utiliza para abastecer sus necesidades. Si miramos a nuestros clientes y empleadores en lugar de al Señor como nuestra fuente de provisión, estaremos mucho más inclinados a usarlos y manipularlos, en vez de servirles y ministrarles.

Kenneth D. Boa, Conformed to His Image: Biblical and Practical Approaches to Spiritual Formation, Zondervan (August 7, 2001), Kindle Loc. 4657

Consume hasta morirLa sirena que llama a muchos hoy es la creencia de que el objetivo de la vida se encuentra en las ganancias materiales. Que los logros, el progreso y el placer sensual son “lo único que existe”.

Cada vez que prendemos el televisor o abrimos una revista o un diario, somos bombardeados con el evangelio del comercialismo: que para cada necesidad, cada inseguridad y cada preocupación, hay un producto a la venta que puede satisfacer nuestra necesidad, mejorar la opinión que tenemos de nosotros mismos y suavizar nuestra preocupación.

Los anunciantes dedican abultados presupuestos para contratar psicólogos que sondeen la psique humana y señalen nuestras profundas necesidades y anhelos. Luego entonces idean imágenes seductoras y frases pensadas para atraparnos, para inducirnos a creer que comprar ese producto habrá de satisfacer esas necesidades tan fundamentales.

Por medio de la publicidad, la “religión” de la gratificación de los apetitos y del ego se nos ofrece como una solución al dilema humano, un alivio en nuestras inseguridades, un camino de salvación. Las herramientas más avanzadas de comunicación y persuasión se utilizan para urgirnos al servicio de la deidad occidental más popular, el ídolo del consumismo.

Pero los bienes materiales y los productos del consumismo no ofrecen ningún alivio cuando uno entra en la oscura noche del alma. Como dicen algunos, los pobres están mejor que los ricos porque los pobres todavía creen que el dinero compra la felicidad; pero los ricos saben que no.

Practicar la religión del consumismo es como beber agua salada: cuanto más bebemos, más sed tenemos. Nunca hay riquezas y poder suficientes para satisfacernos, nunca las suficientes posiciones materiales hará que la culpa desaparezca. Y no importa cuan agradable o atractiva pueda ser nuestra breve existencia aquí en la tierra por medio de esas cosas, estas no nos pueden llevar mas allá de la tierra. Y no las podemos llevar con nosotros.

Charles W. Colson, Y Ahora… ¿Como Viviremos?, Editorial Unilit (1999), p. 211,213

Interesante video que muestra la historia de las cosas, y el origen y objetivo del consumismo. Pueden escuchar la parte del consumismo a los 11:33 minutos.

El pasado sábado 7 de Julio, el hermano Lewis Almonte realizó una excelente exposición para la Sociedad Misionera de Jóvenes de la Iglesia Metodista Libre Rocas del Mar, titulada “¿Como Administrar el 90%?: Una Perspectiva Bíblica de la Mayordomía del Dinero”.

Para los que participaron en el congreso (y para aquellas personas que también les pueda interesar), pueden descarga la presentación realizada por Lewis aquí.

El pasado sábado 7 de Julio, tuve el privilegio de compartir con algunos jóvenes de la Sociedad Misionera de Jóvenes de la Iglesia Metodista Libre Rocas del Mar, una breve charla sobre el manejo del crédito a través de una Cosmovisión Cristiana.

Para los que participaron en el congreso (y para aquellas personas que también les pueda interesar), pueden descarga la presentación que realizamos aquí.