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Artículo escrito por Jaime Mirón. Tomado del Consejero Bíblico, y usado con permiso.

Hace poco viajaba en un tren desde Málaga hasta Madrid en España. En el asiento delante de mí estaban tres adolescentes mirando una fotonovela pornográfica (de las más explícitas) para entretenerse durante el viaje. Yo realmente no esperaba semejante cosa en la tierra de Cervantes. Pero la realidad es que el mundo, donde quiera que uno vaya, está dominado por el tema del sexo. Desde las conversaciones hasta la música y los anuncios vistos por la televisión, el tema es sexo, sexo, sexo. Hoy día es más posible ver carteles exponiendo las virtudes de los condones que ver a alguien exponiendo las virtudes de la abstinencia o la virginidad.

Cuando era joven, encontrar pornografía requería un acto de la voluntad y cierta ingeniosidad. Ahora se requiere un acto de la voluntad e ingeniosidad para evitarla. El mundo es esquizofrénico en sus intentos de tratar con el problema del sexo, que penetra toda la sociedad. Por un lado todo el mundo ve la familia en caos debido en parte al sexo desenfrenado pero, por el otro lado, como dijo un estudioso recientemente, la televisión presenta seis familias donde existen fornicación o adulterio por cada familia que vive de acuerdo con pautas bíblicas.

El problema no es el tema en sí, ya que la Biblia tiene mucho que decir acerca del sexo (en su gran mayoría positiva) sino que es el contexto donde se presenta (fuera de los votos matrimoniales) y el enfoque (lo sensual - dominando el individuo), por lo tanto para nada edifica.

La Iglesia de Cristo, en sus valiosos intentos de mantener su pureza, durante una etapa batalló con un legalismo fatal. Esto produjo un cristianismo negativo, triste y en algunos casos hipócrita.

En aquel entonces, el sexo era tema tabú, es decir no se hablaba del asunto. Un ejemplo demasiado común es el del pastor que me contó (después de escuchar a Luis Palau predicar a miles de jóvenes acerca del tema El sexo y la Biblia): «...en mis diecisiete años de ministerio, ni una vez he mencionado el tema del sexo desde el púlpito, ni hablar de predicar todo un sermón».

Es hora de presentarle al mundo la alternativa bíblica, no pasando el tema por alto ni estableciendo un nuevo legalismo sino evaluando lo que el mundo está haciendo y (más importante todavía) diciendo (su filosofía) por medio de la Palabra de Dios para dar una fuerte dosis del antídoto bíblico.

Entonces, este artículo es un intento de desenmascarar el mundo, exponer su filosofía a la luz de la Escritura y sugerir algunos temas para ser estudiados en la Iglesia.

El mundo (y la Iglesia es afectada por el ambiente en el cual vive) propaga ciertas ideas que la gente acepta como si fueran leyes universales (por eso son tan insidiosas) cuando en realidad una vez expuestas a la luz bíblica son mitos.

MITO #1: «Es imposible controlar el deseo sexual, es inevitable que los jóvenes tengan relaciones sexuales antes de casarse. Entonces, lo mejor es ayudarles a tener cuidado». Existen variaciones de este mito, como «la masturbación es la solución para el creyente», pero lo esencial cae bajo el rubro de que «es inevitable». Para la persona que tiene la mente saturada del sexo impuro (¡ojo! - digo impuro, porque el sexo dentro del plan de Dios es puro), pareciera que el impulso o tentación es abrumador. La Biblia, en cambio, dice: «No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea común a los hombres; y fiel es Dios, que no permitirá que vosotros seáis tentados más allá de lo que podéis soportar, sino que con la tentación proveerá la vía de escape, a fin de que podáis resistirla». (1 Corintios 10:13 BLA) Este mito, que muchos evangélicos han aceptado como verdad, es negar la gracia y el poder de Dios en la vida del creyente para vivir una vida de pureza.

MITO #2: «La meta más elevada con que uno puede soñar es la libertad de expresión». Dentro de este mito hay una crítica a los que seguimos la ética bíblica porque consideran que hemos inhibido tal expresión causando mucho daño emocional. Vamos a hablar con claridad, la verdadera libertad viene de Cristo (Juan 8:31-36), es una libertad de ser controlado, sin culpa, sin problemas con la conciencia, sin hacer daño a otros seres humanos o a sí mismo. Si fuera verdad que el verdadero equilibrio emocional viene de la «libertad» de expresión (incluyendo, por supuesto, el impulso sexual) ¡esta generación ha de ser la más balanceada en la historia del mundo! Pero la verdad es todo lo contrario. Es lamentable cuando un joven o una joven casi tiene que disculparse porque es virgen. A los varones les acusan de ser «maricones», y a las muchachas de ser «monjas». En un caso una mujer le dijo a una chica virgen que «te tienes que curar», como si la virginidad fuera una enfermedad. Los varones sufren esta presión cuando los chicos se reúnen para hablar de sus «proezas sexuales». Es hora de que los creyentes se jacten de su pureza, recordando que el verdadero amor nace de un corazón puro (1 Timoteo 1:5).

MITO #3: «El sexo pre-matrimonial es natural y saludable, por lo tanto, no tiene consecuencias». Es un tema que bien podría llenar un libro, pero menciono sólo en forma de bosquejo que «todo lo que el hombre sembrare, eso también segará» (Gálatas 6:7).

El sexo fuera de los votos matrimoniales:

• Crea problemas sexuales dentro de un futuro matrimonio.

• Fomenta falta de confianza en la pareja en la mente de las personas que cometen el acto (2 Samuel 13).

• Facilita la posibilidad de algo que estamos viendo con más y más frecuencia, «una adicción sexual».

• Siempre existe el temor al embarazo.

• El contexto (tanto físico como emocional) en que generalmente se practica el sexo antes del matrimonio, lejos está de ser el ambiente de amor y ternura del sexo matrimonial. Por lo tanto, distorsiona el concepto de que eso puede ser el sexo como Dios lo diseñó.

• Hoy día hay que agregar las enfermedades transmitidas por el sexo impuro.

• Cuando los novios empiezan a tener relaciones sexuales o aun caricias profundas, el muchacho suele perder el aprecio por la personalidad de su novia y aquellas cualidades internas que perduran, y concentra su atención (quiérase o no) en el cuerpo y en el sexo. La mejor manera de imposibilitar la intimidad emocional de una pareja es comenzar con la intimidad física antes del matrimonio. La Biblia afirma que no es bueno que el hombre esté solo (Génesis 2:18). El Creador le dio una mujer por compañera (Malaquías 2:14). Algunos propósitos del matrimonio son el compañerismo, la comunión y la intimidad a fin de crear «una sola carne» (Génesis 2:24). Tal intimidad es una necesidad y el ser humano la busca porque le hace falta, pero lamentablemente muchos no la encuentran. En esta búsqueda de intimidad, por lo general el varón busca relaciones físicas antes de las emocionales. Por su parte, la mujer desea tener intimidad emocional antes de entregarse físicamente. Cuando el varón--por lo general es el muchacho, no la chica, quien apresura el contacto físico--acelera los roces y las caricias en el noviazgo, la muchacha acelera la búsqueda de la intimidad emocional. Esta intimidad emocional se hallará muy pocas veces una vez que hayan precipitado el contacto físico.

• «Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios» (Hebreos 13:4).

MITO #4: «La homosexualidad es aceptable siempre y cuando es natural para la persona (es decir, nació así). No existe esperanza alguna de que el homosexual cambie». Como líderes de la Iglesia, vamos a tener que enfrentar la cuestión de la homosexualidad y el lesbianismo más y más. El ambiente en que salen homosexuales es cada vez más común en la sociedad. Más que nunca tenemos que aferrarnos a lo que dice la Biblia y no a lo que dice la literatura existente sobre el tema. Saber que la homosexualidad es un pecado (no el pecado sino un pecado) le dará esperanza al que la práctica, porque para el pecado hay perdón y esperanza de cambiar. «...y esto eráis algunos...» (1 Coríntios 6:9).

MITO #5: «El amor (difícil de definir para el mundo, pero por lo general un sentir algo inesperado que sucede sin previo aviso) es la base para el matrimonio». Esto suena bien al juzgarlo a la ligera. Pero, ¡cuántas veces hemos escuchado en la sala de consejos «pero, hermano, lo(a) amo» como si esto contestara (y disculpara) una relación adúltera o diera licencia para un divorcio (con la idea de casarse con otro)! En ningún lugar la Biblia dice que el amor es la base para el matrimonio. En cambio, establece que el matrimonio es la base para el amor. Pablo dice: «...amad a vuestras esposas» (Efesios 5:25) en vez de «casaos con vuestras amantes». Esto no significa que uno no debe estar enamorado de su futuro cónyuge, sino que enfatiza la importancia de amar al cónyuge actual.

MITO #6: «La juventud moderna es más madura y está más preparada para el matrimonio en cuanto a los temas sexuales porque sabe de todo y porque muchos han experimentado el contacto sexual». Es muy cierto que la juventud actual sabe mucho más acerca del sexo que la juventud de mi época, pero ¿necesariamente significa que la hace más apta para disfrutar del sexo dentro del matrimonio? ¡Lo dudo! La mayoría de los chicos aprenden sobre los temas sexuales a través de conversaciones con los amigos, chistes subidos de tono, libros pornográficos o semi-pornográficos; en fin, de un ambiente totalmente fuera del contexto bíblico. La juventud, por lo tanto, sí sabe mucho del sexo--la mecánica--pero muy poco sobre cómo el sexo está relacionado con el amor. El reto es aún más grande: enseñar a toda una generación cómo el contacto físico encaja con el amor--dentro del matrimonio.

MITO #7: «La juventud es la que tiene problemas con la codicia, una vez casada cesa el problema». Es intrigante ver las clasificaciones de las películas: «para mayores de 18 años» como si la pornografía sólo afectara a los menores de 18 años. Probablemente la pornografía afecte más a los casados y a los que han jugado con el sexo que a los que son vírgenes. Un artículo dice:

«Varios son los que afirman, y hay evidencia para sostenerlo, que antes de que una persona experimente el acto sexual, sólo tiene curiosidad y deseos sexuales, pero una vez experimentado, comienza a tener pasión sexual. Es como si el acto sexual encendiera un motor que estaba apagado. Después de encenderlo, la persona batallará con la pasión sexual. Este es un fuerte argumento en contra de la masturbación y las relaciones prematrimoniales. Dios hizo que la pasión sexual se encendiera dentro del matrimonio, en donde hay posibilidad de satisfacerla». (Fui Violada, Apuntes Pastorales, Volumen II, número 4, diciembre 1984-enero 1985).

Nunca llegaremos a comprender cuánto y de qué manera la pornografía ha torcido la mente de los hombres. Cuando el varón codicia a las chicas en revistas pornográficas, en películas, y en la calle, diversifica su deseo sexual y pervierte sus relaciones sexuales matrimoniales. En cambio el deseo sexual de hombre que se mantiene fiel en mente y cuerpo, es semejante a muchos ríos angostos -- son profundos. Este hombre no malgasta su energía sexual con otras, sino que guarda todo para su esposa. La pornografía es una trampa, un callejón sin salida. Ofrece educar, promete «enriquecer la vida íntima» pero hace todo lo contrario. Destruye los pensamientos puros de un hombre hacia una mujer y provoca la codicia. La pornografía hace que la conciencia sea menos sensible al pecado sexual, y en forma progresiva cada vez se necesita más para provocar el mismo estímulo. Por lo tanto, muchos se enredan más y más en actos cada vez más pervertidos.

MITO #8: «No voy a tener el acto sexual (por temor al embarazo o a una enfermedad venérea) pero está bien hacer todo menos el acto en sí». En círculos cristianos es posible pensar que el coito es el pecado, pero que está bien practicar masturbación mutua, sexo oral, u otras caricias profundas. Vale la pena mencionar que ya he aconsejado a tres parejas que no han tenido relaciones sexuales (técnicamente hablando) pero la chica quedó embarazada de todas maneras. El propósito de las caricias es prepararse para las relaciones sexuales tanto emocional como fisiológicamente (por eso se llama el juego previo). Si durante el noviazgo se preparan para algo que no deben hacer hasta la noche de bodas, el resultado lógico es frustración sexual--a veces en los hombres hasta dolores intensos en los testículos. Peor todavía es alcanzar tal nivel de estimulación que cada vez se debe avanzar más en la profundidad de las caricias. Pablo declara: «Bueno sería al hombre no tocar mujer» (1 Corintios 7:1). La palabra «tocar» significa «encender o hacer que una cosa se inflame o arda».

La batalla se encuentra en la mente. Cuando los novios arden de deseo sexual, están transgrediendo los límites bíblicos. En el noviazgo ideal (¿existe tal cosa?), la intimidad emocional y el deseo de tener relaciones sexuales llegan a su cumbre el día de la boda. Es notable que la palabra «tocar» también tiene el sentido de «adherirse a algo». No solamente no es bueno tocar (inflamarse o excitarse sexualmente) mujer (que no sea su propia esposa), sino que tampoco es bueno adherirse a mujer ajena.

Además (vuelvo a tocar el tema de la intimidad) se puede decir que la relación sexual es «la intimidad máxima» y solamente dentro del contexto del matrimonio se puede desarrollar tal intimidad. Dentro de los votos matrimoniales será posible entregarse totalmente, sin vergüenza, sin tener que salir para ir a su propia casa, sin temor al embarazo (todo lo contrario), sin el temor de que uno terminará el compromiso. Dentro del matrimonio la pareja comparte todo: las finanzas, los niños, los quehaceres y la cama.

MITO #9: «Lo más importante es mi propia satisfacción». Es probable que 1 Juan 2:16 contenga el lema del mundo de todas las generaciones: «...todo lo que está en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida...». El mundo se forma de tres partes: deseos, deseos y vanagloria. Fuera del contexto bíblico, el tema del sexo se forma de los mismos elementos. No voy a dedicarle mucho espacio a este mito, pero dejemos que la Escritura hable por si misma. «El que tiene amor, tiene paciencia; es bondadoso y no envidioso; no es presumido ni orgulloso. No es grosero ni egoísta; no se enoja ni es rencoroso. No se alegra del pecado de otros, sino de la verdad» (1 Corintios 13:4-6, VP). «Que cada uno de nosotros agrade a su prójimo para su bien, para su edificación» (Romanos 15:2). «...por todos murió, para que los que viven ya no vivan para sí, sino para Aquel que murió y resucitó por ellos» (2 Corintios 5:15). «No busquéis sólo vuestros propios intereses personales, sino también los intereses de los demás» (Filipenses 2:4). «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame» (Lucas 9:24). «La mujer no tiene autoridad sobre su propio cuerpo, sino el marido [no un novio]. Y asimismo, el marido no tiene autoridad sobre su propio cuerpo, sino la mujer» (1 Corintios 7:4).

Frente a esta avalancha de propaganda, la Iglesia de Cristo del nuevo siglo se prepara para la batalla armada con la verdad. El tema del sexo no puede ser tabú, no podemos ignorarlo, nos está invadiendo estrepitosamente. Es hora de sacar este tema de las conversaciones en los pasillos y los baños y ponerlo en el contexto apropiado, la Biblia, la familia y la iglesia, para que tanto los jóvenes como los adultos podamos vivir con la conciencia transparente y en victoria. Es imprescindible que la iglesia presente la alternativa bíblica, no solamente condenando (es correcto hacerlo cuando sea necesario) sino también enseñando la belleza del sexo marital.

A continuación, sugiero ciertos temas que considero necesario estudiar para la Iglesia en el nuevo siglo.

1) La Codicia.

a) ¿Qué es la codicia?

b) ¿Cómo distinguir la codicia de la atracción natural al sexo opuesto?

c) Pasos prácticos para vencer la codicia.

2) El propósito divino para las relaciones sexuales.

3) El noviazgo.

a) ¿Es bíblico el noviazgo?

b) ¿Es anti-bíblico el noviazgo?

c) El contacto físico durante el noviazgo ¿hasta qué punto es bueno?

d) Cómo evitar la fornicación durante el noviazgo.

4) La Masturbación

a) ¿Es pecado?

b) Pasos prácticos para vencer la masturbación.

5) El aborto

6) La planificación familiar

7) Maneras no físicas de expresar amor entre un hombre y una mujer.

8) Los peligros de la pornografía.

9) El mundo

a) ¿Cómo se define?

b) ¿Por qué es tan atractivo?

c) Pasos históricamente ineficaces para vencer el mundo.

d) Basado en 1 Juan 2:12-14, cómo vencer el mundo.

10) ¿Qué hacer cuando el novio (o la novia) quiere acelerar el contacto físico?

11) La soltería

12) Las ventajas de la virginidad y las consecuencias del contacto físico antes del matrimonio.

13) Los pasos para restaurar a los caídos.

14) Cómo tener conversaciones durante el noviazgo sin tener que tener contacto físico o entrar en temas acerca de la sexualidad (las características de una buena conversación).

15) Las diferencias entre varones y mujeres con relación al impulso sexual.

16) Cómo hablar a los niños acerca del sexo.

Hace poco, un gran amigo mío fue invitado a dar una conferencia sobre la familia. Quedó en hablar a la juventud por la tarde sobre los temas relacionados al sexo y noviazgo. A la reunión de los jóvenes llegaron casi todos los adultos de la Iglesia. La razón es sencilla: los adultos no saben cómo tratar estos temas con claridad, Biblia en mano.

Este artículo ha sido tomado con permiso del Consejero Bíblico.

"Salvando a una nación entera"
por Luis Palau

Dios salvó a Gran Bretaña del caos social y político en el siglo XVIII por medio de un avivamiento espiritual. El usó a dos jóvenes predicadores y evangelistas dedicados a su causa para el bien de la nación y para su gloria. Ellos fueron Jorge Whitefield y el famoso Juan Wesley.

No hemos de pensar que porque estos jóvenes estudiantes universitarios sugieron en el terreno evangelístico, Inglaterra era ya un país cristiano. Para nada.

Una nación perdida

El desorden moral imperaba al comenzar el año 1700. La nación estaba al borde de la desintegración moral. Los vicios de la época eran obvios a todo el mundo; el descaro era uno de ellos. El Primer Ministro de la nación vivía en adulterio abierto. Así le daba un mísero ejemplo a la familia y a la juventud de su día.

El teatro estaba totalmente falto de pudor; la literatura era de tinte pornográfico, el alcoholismo reinaba, y los juegos de azar empobrecían a los obreros. "La sociedad en esos días era un vasto casino", escribía el historiador Trevelyan. Las estadísticas de los crímenes y la violencia escalaban alarmantemente; las prisiones estaban recargadas de reclusos, y pandillas juveniles rondaban por las calles de las ciudades asaltando a ciudadanos indefensos.

En contra de toda moralidad

¿Por qué tal decadencia moral y social? Inglaterra había tenido su oportunidad espiritual, pero la generación previa a Juan Wesley se había tornado cínica, indiferente, escéptica a Dios y a la Biblia.

"El clima no era a favor de nada, pero sí en contra de todo lo sagrado y lo bueno entre nosotros", escribió el obispo anglicano de Bristol en 1751. Otro escritor decía: "Entre la gente culta y los dirigentes de la nación, ni uno en cien parece actuar de acuerdo a los principios religiosos. La mayoría los descarta enteramente, y confiesa no creer en la revelación de Dios. No es mejor la situación entre el vulgo, particularmente en las poblaciones grandes".

"Entre la mayoría de los hombres de hoy, está de moda el declararse ajenos a toda religión", dijo un parlamentario de la época.

¡Inglaterra necesitaba un poderoso impacto cristiano! ¡La vida moral había descendido al abismo!

"Extrañamente conmovido"

La pasión evangelizadora de Juan Wesley se encendió la noche en que nació otra vez, y quedó para siempre grabada en su ser. Vez tras vez hacía referencia a aquel momento. ¿Cómo ocurrió?

Martín Böhler, más joven que los hermanos Juan y Carlos Wesley, fue el instrumento de Dios para ayudarlos a nacer otra vez. Böhler era alemán, del grupo llamado "los moravos". El estaba convencido de que los Wesley, aunque sinceros, dedicados y sacrificados, no eran aún hijos de Dios. Martín Böhler argumentó con ellos. Como testimonio les presentó a cuatro personas recientemente convertidas cuya transformación era dramática y discutió las grandes doctrinas de la salvación. Pero Juan y Carlos se resistían. Persistían en la triste y común noción de que hay que hacer obras de caridad y amor para estar en la gracia de Dios.

La noche del 24 de mayo de 1738, escuchando la lectura de un comentario escrito por el reformador Martín Lutero, la vida de Juan Wesley cambió para siempre. En sus propias palabras: "Sentí que mi corazón fue extrañamente conmovido, que confiaba en Cristo, y en El únicamente para mi salvación, y me fue otorgada una certeza a mí de que El había llevado y quitado mis pecados; sí, los míos, y que me había salvado a mí de la ley del pecado y la muerte".

Quizá Böhler nunca soñó que esos jóvenes hermanos que él llevó a los pies del Maestro, llegarían a ser hombres de Dios que ganarían a miles y miles para Cristo. "Soy un tizón arrebatado del fuego" —repetía Juan Wesley insistentemente— y la llama encendida en su alma lo movilizaría para encender llamas multiplicadas en un despertar moral y espiritual casi sin paralelos en la historia. El impacto de ese avivamiento cambió el curso de la historia, aunque en aquel momento aún no se percibía tal cambio.

"¡Quiero reformar la nación!"

Inmediatamente después de su nuevo nacimiento, Wesley se lanzó a la tarea de evangelizar a toda la nación. El escribió: "Quiero reformar a la nación; particularmente a la iglesia, y quiero esparcir una santidad escritural sobre todo el país". ¡Qué grandioso objetivo! Aparentemente, sin embargo, era un plan imposible, pero nunca se dio por vencido.

En otra ocasión afirmó: "Tengo un solo punto de vista, el promover en cuanto me sea posible una religión vital, práctica, y por la gracia de Dios preservar e incrementar su vida en el alma de los hombres".

Juan Wesley fue lo que Dios quiso que fuera; primordialmente y sobre todo, un gran evangelista. Wesley sacudió a su primera congregación inmediatamente después de haber recibido a Cristo. El tema de su primer mensaje fue "La salvación por fe". De esa manera, a la edad de 34 años, dio el trompetazo que inauguró el gran avivamiento evangélico del siglo XVIII en Inglaterra y que luego se esparció por todo el mundo conocido. ¿Necesitaba la iglesia tal renovación espiritual? Lamentablemente sí. Los predicadores carecían de ardor y pasión por las almas. "Sus sermones eran secos, metódicos y sin emoción. Entregaban con calma insípida sus mecánicas composiciones", declaró un historiador. Con razón Wesley ansiaba un avivamiento en la iglesia.

La pasión dominante

El Dr. Campbell Morgan afirma en uno de sus libros: "La indiferencia en el mundo es mayormente el resultado de falta de pasión en el púlpito". A Whitefield y Wesley no les faltaba pasión. Uno de los biógrafos del evangelista dice: "No bastaba deplorar la condición de su era; el moralismo enfermizo del púlpito de aquellos días tenía que ser reemplazado por una apasionada proclamación de la verdad cristiana evangélica dondequiera que hombres y mujeres la escucharan, sin hacer caso de los formalismos eclesiásticos". Y este siervo de Dios era apasionado por los que vivían sin Cristo y sin esperanza y les predicaba la redención por la sangre de la cruz.

No deploró, sino que atacó

Otro historiador afirmó: "Wesley no perdía su tiempo deplorando los males de su época; los atacó predicando el arrepentimiento y la conversión a Dios". El sabía que la única esperanza del corazón corrompido es un nuevo nacimiento.

Como la historia siempre lo demuestra, fueron las masas de obreros, campesinos y mineros los primeros en responder al evangelio en aquellos días gloriosos. Ni bien Juan Wesley comenzó con la proclamación valiente y vibrante de que "todo aquél que en El cree tiene vida eterna", se vio despreciado por los dirigentes eclesiásticos y puerta tras puerta se fue cerrando para él en los púlpitos. En lugar de encontrar amigos, éstos se tornaban en enemigos porque muchos de los que dominaban los púlpitos, indudablemente no conocían por sí mismos al Hijo de Dios como Señor y Salvador.

Luego llegó el momento decisivo. Su amigo Jorge Whitefield le escribió desde Bristol, en el oeste de Inglaterra. Con la humildad que le caracterizaba, Whitefield dijo: "Yo soy un neófito; tú eres íntimo a las grandes cosas de Dios. Ven, te ruego; ven pronto". Quería que Wesley tuviera el placer y la inmensa satisfacción de predicar a las multitudes reunidas al aire libre. Whitefield ya había abierto la brecha. En esos días estaba predicando a 20.000 personas cada día del mes.

Un fuego ya inextinguible

Predicar al aire libre era una novedad en aquellos tiempos. Wesley, siempre cuidadoso de la etiqueta, el decoro y la corrección, sintió timidez ante tal sorprendente perspectiva. Whitefield lo presentó ante una multitud y su texto bíblico aquel primer día resultó ser profético. Comenzó con Is. 61:1 2: "El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado para predicar Buenas Nuevas a los abatidos". Y así fue, ya que empezó a predicar las buenas nuevas a los pobres y así continuó durante más de 50 años, profundamente consciente de su debilidad pero raramente incitado, a menudo bajo tensiones pero siempre seguro sobre un fundamento firme. "El fuego se ha encendido en la nación —clamó Whitefield— y sé que todos los demonios del infierno no lo podrán apagar".

Campaña de cincuenta años

Wesley iniciaba ahora una campaña de alcance nacional y hasta internacional. "¡Todo el mundo es mi parroquia!" respondió con resonante firmeza a un obispo que lo criticaba incesantemente. Dios tenía una labor de evangelista itinerante para él, y Wesley la aceptó con entusiasmo.

El se consideraba un sencillo predicador vocero de las Buenas Nuevas a una generación necesitada y decadente. "Dios en la Escritura me ordena que, según mis fuerzas, instruya a los ignorantes, reforme a los malvados, confirme a los virtuosos", decía en una de sus innumerables cartas. "Los hombres me prohíben predicar en sus parroquias. ¿A quién, pues, escucharé? ¿a Dios o al hombre?" Nos hace pensar en lo que ocurrió con San Pedro cuando tuvo que responder a los líderes de Jerusalem diciendo: "Juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios" (Hch. 4:19). Y San Pablo dijo: "Porque me es impuesta necesidad; y ¡ay de mí si no anunciare el evangelio!" (1 Co. 9:16).

Con tales palabras se lanzó Wesley. Juan Telford declara: "Deliberadamente dio sus años a la gente humilde. Pasó sus días entre los pobres. El se propuso atraer las masas a Cristo, y a ese fin fue fiel por más de medio siglo". A los 82 años de edad Juan Wesley pudo afirmar que el número de los que fueron llevados a Dios por el evangelio durante el avivamiento, había sido mayor que el de cualquier época similar después de la de los apóstoles.

Tantos viajes, tantas luchas

El plan que delineaba Juan Wesley cada año para sus labores, era sistemático y siempre guiado por el Espíritu Santo. Salía en viajes misioneros a través de su nación con objetivos bien marcados y rutas detalladamente planeadas ante Dios.

"Dondequiera que vea unos mil hombres que corren hacia el infierno, los detendré si lo puedo hacer, y como ministro de Cristo les rogaré en su nombre que se vuelvan y se reconcilien con Dios", le respondió a un crítico. Y luego, en una nota de ´sarcasmo santificado´ para con su acusador, agregó: "Si yo no los frenara, si dejara que uno solo cayera al pozo cuando pudiera haberlo salvado del eterno fuego, no creo que Dios aceptaría mi ruego en aquel día final: ´¡Es que, Señor, el difunto no pertenecía a mi parroquia!´"

¿Dieron resultado tantos viajes, luchas, ataques, burlas y violencia física a manos tanto de la chusma como también de personas distinguidas? ¿Permanecían firmes muchos de los que se convertían en sus campañas y reuniones masivas? Juan Wesley respondía con un resonante: "¡Sí!" Al concluir su vida, había en Inglaterra, (sin contar Irlanda, Gales, América y otros países) 72.000 que firmemente y fielmente caminaban en la nueva vida con Cristo, y eran miembros activos de una congregación local.

¡Qué ritmo agotador llevaba! Wesley cubrió unos 400.000 kilómetros, distancia semejante a 10 vueltas del globo por el ecuador, la mayor parte a caballo. Bajo lluvias torrenciales, en los inclementes inviernos británicos con nieve y escarcha, una tremenda potencia interna lo llevaba siempre adelante. Predicó 40.000 sermones y escribió más de 200 libros, muchos de ellos al marchar sobre su caballo. ¡Por cierto que fue un hombre con una pasión que lo consumía por el bien de los demás!

Compañeros de viaje

Wesley siempre viajaba acompañado por otros hermanos en la fe. De esta manera entrenaba, capacitaba y enseñaba a los centenares de predicadores que surgieron tras él. La mayoría eran jóvenes recién casados. Al igual que San Pablo y el Señor Jesús en sus tres años de ministerio terrenal, trabajaban en equipo. Repetidamente exhortaba a sus predicadores con estas palabras: "No tenéis otra cosa que hacer sino salvar almas; por consiguiente, emplead vuestro tiempo y gastad vuestras energías en esa obra. Lo que os debe preocupar no es el predicar muchas veces, sino el salvar a tantas almas como os sea posible, y hacer todo lo que esté a vuestro alcance para edificarlos en la santidad sin la cual ninguno verá al Señor". Con tal espíritu, ¡con razón la nación fue sacudida!

El mensaje de Wesley

¿Cuál fue el gran mensaje que salvó a Inglaterra y reformó a la iglesia inglesa? La proclamación inequívoca, persistente, apasionada y llena del Espíritu Santo de las verdades básicas de la Biblia: el arrepentimiento y la fe en nuestro Señor Jesucristo. También la conversión, el nuevo nacimiento en el Espíritu, controlada por Cristo quien mora en el corazón del cristiano por la fe. Wesley enfatizaba la santidad escritural como lo hicieran San Pedro (1 P. 1) y San Pablo (1 Ts. 4 y 5). La santidad no era mera doctrina para él, ni su amor un mero modo de vivir; eran el único camino a la madurez y la estabilidad cristiana.

Juan Wesley también amaba a la niñez, se adaptaba a sus demandas y a la situación de su día para alcanzarla con el mensaje de la vida eterna.

Otra acusación debió soportar Wesley provino de un obispo anglicano a cuya denominación Wesley perteneció hasta su muerte. Este religioso le echaba en cara que "invadía parroquias que no le pertenecían y que hacerlo era falta de cortesía, desobediencia y aún era proselitismo, pues eso era robar ovejas ajenas".

"Nuestro objetivo —replicó firmemente Wesley— es el proselitismo pecadores al arrepentimiento, hacer de los siervos del diablo siervos de Dios". No le resultó fácil ser un evangelista viajero, pero su satisfacción fue ver hombres y familias transformadas y saber que estaba cumpliendo con el ministerio que recibió del Señor.

Dispuesto a ser "más vil"

¿Le resultó fácil su insistente e incontenible evangelismo? Decididamente no. Tuvo enemigos, soportó ataques verbales y escritos; el cinismo de los pseudointelectuales de su día le carcomía el alma. Gran parte de sus escritos fueron resultado de provocaciones y nacieron para demostrar "con pruebas indubitables" el poder transformador del sencillo evangelio. Una acusación favorita contra Wesley era que había demasiado "entusiasmo" en sus reuniones de predicación y oración. El Dr. Joseph Trapp, un sacerdote anglicano de Londres, tuvo la audacia de escribir: "No vayan tras estos impostores y seductores. Huid de ellos como de una plaga". ¡Qué dolor oír tal falsedad de la pluma de un supuesto colega en el ministerio!

Los métodos empleados por Juan Wesley fueron asimismo objeto de burla y "profundísimos análisis sicológicos". Lo llamaban "vil" por predicar a los pobres en sus barrios y cantar y predicar al aire libre en parques, esquinas y terrenos baldíos. En una palabra, por usar métodos novedosos. Ante tales difamaciones, Wesley respondió: "Estoy dispuesto y me someto a ser aun más vil y a ser necio por amor a Cristo". En su libro ´Apelando a los hombres de razón y religión´ escrito en 1745 afirmó: "Yo no tenía otro fin sino éste: salvar a cuantas almas me fuera posible".

Seis mil himnos de avivamiento

Rápidamente su hermano Carlos se tornó en el músico de las grandes campañas nacionales. Se afirma que escribió la letra y música de más de 6500 himnos evangélicos. Y una característica de aquel despertar espiritual fue tanto su música como su predicación. Carlos y Juan Wesley usaban música y letra con el definido y jamás ocultado propósito de enseñar.

El músico inglés Graham Kendrick ha dicho: "Las páginas de la historia revelan que de todos los grandes avivamientos surgen creaciones musicales inspiradas por Dios. La historia moderna confirma tal experiencia". El mismo ha sido usado por el Espíritu Santo en este aspecto. Muchos de sus himnos y coros inspirados en el campo de acción evangelístico, son hoy conocidos en gran parte del continente americano.

El cuidado de los bebés espirituales

Un evangelista pronto descubre que llevar almas a Cristo es un llamado glorioso, pero que es tan sólo el primer paso. La nueva criatura debe madurar. "¿Quién cuidó de ellos en amor? ¿Quién se preocupó por su crecimiento en la gracia?" Así clamaba Juan Wesley. Su pasión era lógica, que cada uno de sus niños espirituales llegaran a ser hombres y mujeres maduros.

Los nuevos convertidos y los jóvenes predicadores que querían seguir sus pisadas necesitaban auxilio inmediato. Wesley los reunía en grupos después de predicar; su plan de conservación demandaba una disciplina que él consideraba indispensable y bíblica. "Cuerpo y alma hacen al hombre", —argumentaba— "el Espíritu y la disciplina hacen al cristiano".

Dios guió a Juan Wesley a desarrollar una organización altamente detallista para cuidar de los recién convertidos. A los 60 años, después de visitar una población donde nada se organizó para disciplinar a los convertidos y consecuentemente éstos se desbandaron y enfriaron, Wesley escribió: "Me convencí más que nunca de que predicar como un apóstol, sin paralelamente unir y entrenar en los caminos de Dios a los nuevos, es meramente dar a luz hijos para entregárselos al asesino, o sea, al diablo". Los indisciplinados entre nosotros no tendrían cabida en una sociedad de los tiempos de este avivamiento. Si alguno de los escritores modernos trataran a sus hijos físicos como pretenden cuidar de los bebés espirituales, estarían presos por negligencia criminal.

Los llamaron "Metodistas"

Wesley era tan metódico, organizado y disciplinado, que burlonamente tanto a él como a sus seguidores, los apodaron "Metodistas". Más tarde ellos mismos se apropiaron del apodo con sano orgullo. Juan Wesley era metódico al buscar el lugar desde el cual predicar. Visitaba el terreno, observaba la dirección del viento, buscaba un lugar elevado para proclamar el evangelio. Su impaciencia era notoria cuando el programa se llevaba a cabo en una sala pequeña o mal ventilada, o situada en algún rincón oscuro de la población. El buscaba las multitudes; le desagradaban los rincones escondidos.

El historiador Wood afirma tras laboriosa investigación que Wesley tenía un solo propósito con sus ´sociedades metodistas´: el cuidado de las almas, el cultivo de la vida de Dios en los recién convertidos. En su día, la Iglesia Anglicana su propia denominación y los pastores de la misma, estaban muertos. Nada les interesaba la condición moral y espiritual de la comunidad. Vivían existencias materialistas y egoístas.

Hay evidencia que Wesley, al formar estas sociedades, clases bíblicas o células, tenía en mente despertar en la Iglesia Anglicana una sana envidia que la reformara y movilizara. Nunca fue su intención establecer otra denominación más. Más tarde ello resultó inevitable. "No existimos para formar una nueva secta sino para reformar a la nación y en particular a la iglesia, y para esparcir la santidad escritural en toda la tierra", escribió. Y agregó: "Los Metodistas deben esparcir vida entre todas las denominaciones" y luego lacónicamente continuó "hasta que ellos mismos se tornen una secta separada".

El mismo clamor

¡Qué visión le impartió Dios! ¡Qué poder y unción del Espíritu Santo! El y sus discípulos fueron hombres ordinarios usados en proporción extraordinaria. Se afirma con toda propiedad aún por historiadores no cristianos que este avivamiento salvó a Inglaterra de una revolución sangrienta y destructiva. Gracias a ese gran despertar espiritual y moral, años más tarde la Palabra de Dios llegó también a países latinoamericanos. El impacto tuvo repercusiones internacionales. La evangelización del mundo entero en nuestro día, comenzó en esas raíces vivientes y vigorosas.

Wesley y sus discípulos eran evangelistas y estimulaban a otros a que también lo fueran. Ganaban almas, las reunían, las alimentaban y pronto las capacitaban para que fueran asimismo ganadoras de almas. El clamor de Juan Wesley allá por el año 1758, es el clamor que este rápido vistazo a la vida de este hombre de Dios trae a mis labios: "¡Qué Dios nos mande obreros dispuestos a gastar y gastarse por sus hermanos!"

Excelente artículo sobre la disciplina en la iglesia escrito por Luis Palau. El mismo ha sido tomado de la Asociación Evangelística Luis Palau.

Disciplining the Church

By Luis Palau

What should the church do when a member turns to strong drink to avoid a personal problem—turn the other way and hope nobody smells his breath?

What should the church do when a member is an incessant gossip, continually sowing discord? Do we retaliate and start gossiping about that person?

What should the church do when a member commits sexual immorality? Do we say, "It’s complicated and it’s none of our business. Besides, everyone is doing it these days—and we didn’t discipline so-and-so for doing it last year"?

The church must never forget that the Bible is our management manual, and that the Bible makes the church responsible for disciplining its members.

Church discipline is not a pleasant subject. It is one of the least talked about subjects within the church. Many are afraid to discuss it. We would much rather talk about the "victorious Christian life."

But we cannot lead victorious Christian lives until we understand Christian discipline. The more we learn about what God teaches on this subject, the better equipped we will be to handle crises in our personal lives, our families, and our churches.

A Problem at Corinth

The New Testament church in Corinth lacked discipline. Paul discovered that the church hadn’t properly dealt with sin in its midst. Specifically, we read in 1 Corinthians 5:1 that "there is sexual immorality among you, and of a kind that does not occur even among pagans: A man has his father’s wife."

Here was a clear case of disobedience within the church, explicitly forbidden by Old Testament law (Leviticus 18:8), and a case that Paul says would disturb even the heathen. As shocking as this act of immorality was, Paul was even more shocked by the church’s complacent attitude toward the sinner. Rather than being grieved by the sin, they were proud and arrogant (1 Corinthians 5:2, 4:18).

Paul was angry! These people were his converts and disciples, and therefore he proceeded to rebuke them. "Now gather the entire church and put this man out of your fellowship," he told them. "Send this man back to Satan’s world. Don’t allow him to pervert the purity of the church."

"But that’s cruel," you say.

No, it was not cruel. It was done to humiliate the man and to point out his immorality, so that he could repent and be restored to the fellowship. Discipline is not carried out merely to punish, but to awaken people to their sin. It is not carried out in cruelty to destroy, but rather in love to produce conviction, sorrow, repentance, and restoration.

God does not enjoy having to exercise discipline any more than you or I do. We worship a God who wants us to live in victory, and who desires that we be content even in the midst of mounting pressures and problems. Love, joy, and peace are the fruit of his Spirit.

Why, then, aren’t his people filled with love, joy, and peace? Because of sin! Sin kills joy. Satan is the murderer of love, joy, and peace (John 8:44). And we are his slaves as long as we persist in making excuses for our sin, and in refusing to seek cleansing and restoration.

Disobedience leads to unhappiness! When a church steps away from the truth, when it compromises God’s holy Scriptures, a wall of darkness surrounds the congregation. But when a church is obedient, there is love among the members, praises to God our Father, and a sense of happiness in the worship.

Discipline Leads to Brokenness

How would your church have handled the situation in 1 Corinthians 5? It’s a difficult question, because few congregations know quite how to deal in a biblical way with public or known sin. As a result, usually no action is taken by the church against the sinner, and the outside observer labels the members of the church as "hypocrites."

Some churches, on the other hand, confuse threatening the sinner behind closed doors with lovingly disciplining him. This just further infuriates the person who needs to repent and seek restoration. He then changes his church membership (think of all the people you know who have played "musical chairs" with their church membership because of a problem that wasn’t handled biblically), and everyone assumes the problem is settled. But it is not!

Discipline is a tough issue for a church to deal with correctly. It’s unpleasant. Nonetheless, the Bible clearly teaches that the church is to discipline.

What is the purpose of such discipline?

Discipline for sin should be done to restore a person’s joy. One who commits sin and dishonors the name of the Lord loses his joy and his fullness in Christ, and this cannot be restored to the sinner until there is a period of discipline, brokenness, and repentance.

Again you say, "But that’s cruel!"

Is it really cruel for the church to discipline a member who has, for example, committed sexual immorality? Perhaps you know of a woman who now sits alone every Sunday in church with her hurt and embarrassed children. Their father—who claims to be a Christian—is running around with another woman. No action is being taken by the church. Instead, people begin to gossip, and rumors fly.

Which is more cruel: to permit the situation to deteriorate to gossip, allowing the wife and children to suffer; or to take action and attempt to restore the man to the fellowship through biblical discipline, leading to brokenness, repentance, and forgiveness—forgiveness from God, the wife, the children, and the congregation of Jesus Christ?

Forgiveness Follows Brokenness

Biblical discipline not only leads to brokenness, but must also bring forgiveness. Otherwise the church limits the grace of God—which would never be the church’s intention. Rather, as the church disciplines the sinner, it reminds him that he has an Advocate with the Father (1 John 2:1).

How would you like your discipline handled by the church if you were to give in to temptation? Most of us would agree with 2 Corinthians 2:7. After being disciplined we would hope to be forgiven and comforted so as not to be "overwhelmed by excessive sorrow."

In Galatians 6:1 we are told to restore our fallen brother in a spirit of gentleness, because we also could be tempted and fall. Just remind yourself that it could happen to you. We are all vulnerable.

If the sinner is prideful and resists the discipline, then obviously there is no forgiveness. As Corrie ten Boom said, "The blood of Jesus never cleansed an excuse." But it does cleanse a confessed sin (1 John 1:7-9). Therefore, a person who is broken and confesses his sin must be forgiven by the church, and the church must reaffirm its love for him.

Love is difficult sometimes, isn’t it? It’s especially difficult when we let our minds dwell on the sin that a brother has been guilty of, and on how he may have disgraced the name of Jesus. But the Lord forgives him, and tells us not to bring up the man’s sin again, because it belongs in the past. If the Lord forgives the man, then who are we to continue holding it against him?

Paul sets the example for the church in Corinth by saying, "If you forgive anyone, I also forgive him" (2 Corinthians 2:10).

Forgiveness brings a tremendous sense of cleansing and purity to the church. If Christians practiced the principles outlined in 1 and 2 Corinthians more often, think how much healthier the church would be! Knowing the church would biblically discipline them, members would be more hesitant to give in to temptation. The fear of God would fall upon the congregation—the fear of God that is the beginning of wisdom, and the lack of which is the beginning of immorality and corruption.

"Nothing is ever settled until it is settled right," Rudyard Kipling wrote. And the Bible tells the Christian and the church how to settle things right.

Satanic Despair

Paul goes on in 2 Corinthians to say that forgiveness keeps Satan from gaining an advantage over us (2:10-11). Forgiveness delivers us from what I call "satanic despair." Precisely when someone is repentant and broken, Satan schemes to completely destroy that person, should the church fail to forgive him and quickly restore him to fellowship. Years ago in Guatemala a man came to me who had dishonored our Lord’s name. He was truly broken and had repented. Yet he was still without joy. It was obvious that he needed to be assured that he was forgiven—otherwise Satan would have gained an advantage over him.

I did something then which until that day I had never done. I put my arm around him and said, "Brother, you’ve repented; your sins are forgiven. Let me pray with you." And this broken, humble Guatemalan said, "Oh, thank you, thank you. Now I’m free!"

With tears running down our faces, we hugged each other. He was so excited because he had been reassured by a fellow brother in Christ.

But this man should have been reassured earlier by his local church. When someone is obviously broken and repentant, the church must stand up and say, "In the name of the Lord Jesus, rejoice! He has forgiven you and we forgive you too." The assurance from such corporate forgiveness brings healing and joy to the entire congregation.

Without this forgiveness, Satan whispers to the repentant person, "You’re nothing to that church. They don’t love you. Look how broken and miserable you are because of their discipline. You’ve confessed and asked to be forgiven, but they just want to crush you." Believe me, Satan does a fantastic job of coloring the story, for he is "the father of lies" (John 8:44).

Paul spoke of sorrow that is "godly" (2 Corinthians 7:10), but excessive despair is an opportunity for Satan to bury a person in guilt. Rather than see a man or woman destroyed by Satan, the body of Christ should realize its unique opportunity to build the person up and restore him! Love demands that we allow this person to be free from his haunting past. A free, disciplined and forgiven person can raise his head and confidently move on knowing that God does not remember a sin confessed: "Their sins and lawless acts I will remember no more" (Hebrews 10:17). This is the most exciting element of church discipline.

Disobedience Hurts All

In 2 Corinthians 1:23-2:11, Paul referred to an incident of disobedience in the Corinthian church that forced him to write a severe letter of criticism, instructing them to quickly settle this problem. Paul came on strong with them, exercising his full authority as an apostle.

Paul was uncertain how the Corinthians would respond to his letter of criticism. He realized that his authority and integrity were under fire in Corinth. And until he found out how they responded, his ministry was stalled.

According to 2 Corinthians 2:12-13, Paul went during this time to Troas to preach the gospel, and found excellent opportunities there. We can imagine his excitement and enthusiasm because of the great potential to further the Lord’s work in Troas. Meanwhile, Titus was to meet Paul with a report from Corinth.

But Titus never showed up in Troas. So Paul, restless for news from Corinth, left Troas and moved on to Macedonia. He was therefore unable to take full advantage of the open door to spread the gospel in Troas.

Because of the unsettled matter in Corinth, the ministry suffered in another city hundreds of miles away. Troas is mentioned briefly in Acts 16 and 20, but there is no indication that the church flourished there. Likewise, we never learn how long the door for the gospel in Troas remained open. We do know that Paul was unable to make the most of that opportunity.

Our lives are all interwoven, and our disobedience hurts not only us, but the entire body of Christ.

So What?

Is there anything you need to confess to the Lord Jesus? Do you need to seek His forgiveness? Is there anything you need to confess to someone else (James 5:16)? Finally, is there anything you need to confess publicly to the elders of your church, to seek their forgiveness for? Our confession of sin should be as public and well-known as the sin we committed. Elders, is there public sin you are aware of within the church that you have not dealt with biblically? Don’t try to justify anyone’s disobedience. Don’t cover it up. Apply the principles of Matthew 18:15-20:

“If your brother sins against you, go and show him his fault, just between the two of you. If he listens to you, you have won your brother over. But if he will not listen, take one or two others along, so that ‘every matter may be established by the testimony of two or three witnesses.’ If he refuses to listen to them, tell it to the church; and if he refuses to listen even to the church, treat him as you would a pagan or a tax collector. I tell you the truth, whatever you bind on earth will be bound in heaven, and whatever you loose on earth will be loosed in heaven. Again, I tell you that if two of you on earth agree about anything you ask for, it will be done for you by my Father in heaven. For where two or three come together in my name, there am I with them.”

If the person doesn’t repent once these principles are applied, public discipline by the church is in order.

As Jesus said in this passage, "Whatever you bind on earth will be bound in heaven, and whatever you loose on earth will be loosed in heaven." There is authority in the body of Christ, and when we obey the Scriptures concerning church discipline, we are acting with and under authority. We have the sanction of heaven, according to Scripture, and we, through our obedience, allow the Holy Spirit to work with great power.

Pastors, begin to teach your elders about the importance of discipline within the church; preach about it to your congregation, and help your church begin applying biblical discipline the next time there is a case of public disobedience.

Discipline is a grim subject, isn’t it? But the Lord loves each of us and wants to cleanse and restore us to complete fellowship with others in the body of Christ whenever we disobey Him. And because He desires that the church be pure and filled with the power of the Holy Spirit, He has given us instructions on how to remain pure. May the prayer of all of us be that our congregations cling to that purity.

 

Aunque está en inglés este artículo, no quise dejar de compartirlo con ustedes porque lo encontré bastante bueno. El mismo ha sido tomado de la Asociación Evangelística Luis Palau.

Facing Sexual Temptation

By Luis Palau

Adultery. It’s a common word and a common occurrence in our society.

Lt. Kelly Flinn narrowly avoided court-martial for adultery and insubordination. Gen. Joseph Ralston left the candidacy for the top military position when a previous affair spawned an uproar. Everyone—from presidents to preachers—is subject to the temptation.

But adultery’s stain goes deeper than the individual. More dishonor has come to the name of Jesus Christ by sexual sin than any other sin.

You will be tempted.

C.S. Lewis, in The Screwtape Letters, said, "No man knows how bad he is until he has tried to be good. There is a silly idea that good people don’t know what temptation means."

We must learn from the Lord to enjoy full mastery over sex, His marvelous gift. "For God did not give us the spirit of timidity," Paul reminds us, "but the spirit of power and love and self-control."

Proverbs 4:23 exhorts, "Above all else, guard your heart, for out of it flow the springs of life." How can we do that?

Monitor your fantasizing and daydreaming when your mind is idle. Refuse pornography, whether written or in movies or videos.

You can talk yourself into sexual sin. It happened to a friend of mine. He had won thousands to Christ during 25 years. Suddenly he left his wife and became hard and rebellious, even pretending to return to evangelism. I found out that for years he had secretly watched pornographic films, yet preached heavily against immorality. Eventually, like a serpent, it bit him. It has happened to better people than you and me.

Firmly implant in your soul God’s principles established for our protection. Believe them, accept them, reaffirm them. Study Malachi 2:13-16 and 1 Thessalonians 4:1-8, and make Joseph in Genesis 39 a model. He faced, resisted and triumphantly ran from temptation. But be ready! As my mentor, Ray Stedman, said, "Woe to the man who has to learn principles at a time of crisis!"

The Word of God, as our meat and drink, keeps the inner man and woman strong and sensitive on a continuing basis. "Your Word I have hid in my heart, that I might not sin against you" (Psalm 119:11).

Resisting temptation by quoting scripture still is a mighty tool.

One preacher I know allowed himself to become enchanted by an attractive, sensuous convert who had made advances shortly before he led her to Christ. He resisted and she had converted.

Three years later, he saw her again. He drew close to offer an "innocent" kiss nothing more, he tells us when the young woman started quoting, "No temptation has overtaken you that is not common to man. God is faithful, and he will not let you be tempted beyond your strength, but with the temptation will also provide the way of escape, that you may be able to endure it" (1 Corinthians 10:13). He left in a hurry!

God will remove His hand from your service to Him if you allow lust to lead you to actual sexual immorality. Samson lost his power. "He did not know that the Lord had left him" (Judges 16:20). So many friends started out well—winsome, friendly, authoritative. Where are they now? I can think of half a dozen on the sidelines because of money, sex, or pride. Useless, lonely, fruitless, bitter.

Beware: Failure does not occur suddenly, overnight, in one blast of a careless moment or the explosion of uncontrolled passion. Dr. George Sweeting of Moody Bible Institute said, "Collapse in Christian life is rarely a blowout. It’s usually a slow leak." When a man takes that fatal step, it has been gestating in his soul for months, perhaps years. Toying, daydreaming. One step at a time, the sensitivity level lowers. Then, the unthinkable occurs.

Have you stumbled in this sensitive area of your life? Confess, make amends, clear yourself with the proper people. Where are you in your walk with God? If you must get reconciled to Him, do it now! "He who comes to me, I will in no way cast out," the Lord has said.

Sexual holiness demands we not play games in flirting, body language, and clothing. In the cases of fallen men I know, they first failed in precisely those areas. Keep friends accountable before drastic failure, discipline, and sadness happen.

Este artículo ha sido tomado con permiso del Consejero Bíblico.

El poder del Evangelio
por Charles Stanley

Si alguien le preguntara: «¿Qué es el evangelio?», ¿qué le contestaría usted? ¿Sabría qué decir? Para poder dar una respuesta satisfactoria sería necesario que entendiéramos no sólo las verdades bíblicas en cuanto al evangelio, sino también lo que Cristo ha hecho en nuestra vida y cómo su poder actúa en nosotros.

Pablo quería ir a predicar el evangelio a los romanos y ver personas convirtiéndose a Cristo y siendo transformadas (Ro. 1:13). Luego, en los versículos 14-17 del mismo capítulo el apóstol afirma: (14) A griegos y a no griegos, a sabios y a no sabios soy deudor. (15) Así que, en cuanto a mí, pronto estoy para anunciaros el evangelio también a vosotros que estáis en Roma: (16) Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego. (17) Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá.

Pablo nunca pudo olvidar la experiencia que tuvo camino a Damasco. Recordemos que iba rumbo a Damasco con la autoridad de arrestar a todos los creyentes que pudiera encontrar. Para Saulo de Tarso, la muerte era algo que los cristianos merecían porque, según él, contradecían su religión y todo lo que él creía. Pero antes de llegar a Damasco, una luz le rodeó, le cegó, y él cayó a tierra. Luego oyó la voz del Señor que le decía: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?». Y leemos cómo Dios transformó la vida de Pablo, le devolvió la vista, fue bautizado, fue lleno del Espíritu Santo, y comenzó a predicar el evangelio y a dar testimonio de su fe. Claro, en ese entonces su conocimiento teológico era muy limitado, pero había algo que él sí sabía, y lo anunciaba diciendo: «Este Jesucristo es el Hijo de Dios».

Creo que una de las razones por las que no testificamos como debiéramos hacerlo, es porque no estamos convencidos del poder del evangelio. Si en realidad creyéramos en el poder del evangelio, no vacilaríamos en confrontar a los demás con la verdad del evangelio de Jesucristo, porque estaríamos plenamente convencidos de que el evangelio tiene el poder de transformar vidas. El apóstol Pablo sabía muy bien que este mensaje tenía el poder para cambiar la vida de cualquier persona, y él era prueba viviente de ello.

El evangelio es la buena nueva acerca del sacrificio completo que Cristo, con su muerte, ofreció por el pecado de la humanidad. Es su muerte, sepultura, resurrección y retorno. En eso consiste el evangelio, y el apóstol Pablo lo entendió y lo explicó mejor que nadie (1 Co. 15:1-11 ). El jamás tuvo vergüenza o temor de confrontar a cualquiera con el evangelio.

Notemos primero que en el v. 14 él explica: «Soy deudor»; es decir, «tengo una obligación». Y en el versículo 15 dice: «Pronto estoy (estoy ansioso) a anunciaros el evangelio...». Y en el v. 16 agrega: «Porque no me avergüenzo...».

Así que Pablo estaba entregado a la predicación del evangelio; pero, ¿qué lo movía, qué lo impulsaba a sentirse así? Se debía a que él había llegado a entender que el mensaje del evangelio tenía poder para transformar la vida de cualquier persona. El poder del evangelio de Cristo no conoce límites ni barreras; y Pablo sabía que era el único mensaje que podía cambiar el mundo.

De manera que Pablo primero nos habla de la supremacía del evangelio de Cristo, que está muy por encima de las filosofías e ideologías humanas. Pablo era una persona muy preparada, de mucho estudio; él conocía todas las filosofías de su tiempo. Pero cuando el Señor Jesucristo transformó su vida, se dio cuenta que había algo extraordinario y sobrenatural en este mensaje, que nada ni nadie podía extinguirlo. Por eso Pablo pudo confrontar a los filósofos griegos que se reunían en el Areópago (Hch. 17:16-34) para hablar y discutir de toda clase de filosofías. Pablo no tenía temor de confrontar estas filosofías, ideologías y creencias de su tiempo sin importar dónde estuviera o quién fuera, ya que él sabía que su experiencia había sido real, que había sido transformado, redimido, reconciliado, justificado por quien antes él consideraba su gran enemigo. El se opuso y luchó contra Dios y Jesucristo; pero ahora le amaba entrañablemente.

Segundo, indica que el evangelio es suficiente para satisfacer las necesidades de cualquier persona. Ahora, cuando él dice: «no me avergüenzo del evangelio, porque es el poder de Dios para salvación», aquí hay dos puntos que quiero que analicemos.

Primero, que es el poder de Dios para salvar al hombre de la condenación del pecado. Recordemos que la Biblia dice que «la paga del pecado es muerte» (Ro. 6:23). Pero no importa lo que la persona haya hecho o lo que haya pasado en su vida o la situación en que se encuentre, lo que necesita es el mensaje de la cruz. Pablo entendió que la muerte de Cristo en la cruz y su sacrificio expiatorio en ella, era el cumplimiento de las profecías del Antiguo Testamento y de lo que representaban los sacrificios de los corderos y los otros animales. El entendió muy bien que con su sacrificio en la cruz, Cristo estaba pagando la deuda de nuestro pecado y sufriendo nuestra condena para que nosotros no tuviéramos que morir y sufrir la condenación eterna (Col. 2:12-15). Cristo, con su muerte y sacrificio, estaba reconciliándonos con Dios (2 Co. 5:18). Dios nos ha reconciliado consigo mismo por la muerte de Jesucristo.

Así que Pablo anduvo predicando y diciendo: «Todo aquel que invocare el nombre del Señor será salvo» (Ro. 10:13). Cuando estuvo encarcelado en Filipos, y el carcelero le preguntó que debía hacer para ser salvo, Pablo le respondió: «Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo...» (Hch. 16:31). Pablo podía decir estas palabras con denuedo y autoridad porque eran una realidad en su vida. Era una convicción personal basada en su conocimiento de la verdad y su encuentro personal con Jesucristo.

Nuestro propio encuentro con Cristo debe ser algo claro y seguro en nuestro corazón. En vez de hablar de lo que Cristo puede o vaya a hacer o de lo que hará, podemos hablar con autoridad y convicción de lo que El ha hecho en nosotros. La eficacia de nuestro testimonio está en el conocimiento de lo que dice la Biblia, y en el conocimiento personal que tenemos de lo que Cristo ha hecho en nuestra vida. Y eso es lo que este mundo perdido necesita oír.

Pablo hablaba del evangelio a cualquier persona en cualquier situación porque sabía que Cristo le había redimido, salvado, rescatado, perdonado, justificado y santificado. El resto de su vida Pablo pasó predicando y enseñando el evangelio, impulsado por lo que Cristo había hecho en su vida.

Veamos otro aspecto en Gálatas 2:20: «Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí». Me imagino que Pablo, cada vez que decía esto, se regocijaba en su corazón. Porque veamos lo que el evangelio tiene el poder de hacer.

El evangelio tiene poder para salvarnos no sólo de la condenación del pecado sino también del poder del pecado en nuestra vida. Si el evangelio sólo nos salvara de la condenación, sólo nos perdonara del pecado y sólo nos justificara con Dios, pero no solucionara el problema del pecado en nuestra vida diaria, entonces todavía estaríamos en una condición miserable. La mayoría de los creyentes no saben o no se han dado cuenta de que tienen un poder sobrenatural a su disposición para vencer el pecado cada día, es el poder del evangelio de Cristo.

Claro, saben que irán al cielo cuando mueran; pero su vida diaria es una constante derrota ante el pecado porque no han llegado a entender que el poder del evangelio de Cristo está a su disposición para solucionar el problema del pecado. Entonces, ¿qué hacen estos creyentes? Pues cada noche, antes de acostarse, dicen: «Señor, perdóname otra vez de mis pecados; perdóname, Señor». Se encuentran atrapados y dominados por el poder del pecado. No saben o no han entendido que el poder del evangelio de Cristo no sólo soluciona el problema del pecado de ahora, de ayer y de mañana, sino también me da el poder de caminar en victoria.

La razón por la cual a menudo nos avergonzamos o sentimos temor de dar testimonio de nuestra fe es porque no hemos entendido bien el poder del evangelio y lo que puede hacer en nuestra vida. Cuando llegamos a comprender lo que el evangelio puede hacer, no tenemos razón alguna para sentirnos avergonzados. Y por eso Pablo dice: «No me avergüenzo ....». Es más, dice que es «deudor», que tiene una obligación con su generación de entregarles ese mensaje. Por eso no le importaba ser apedreado, azotado, golpeado, dejado por muerto, perseguido. En ningún momento le oímos quejarse porque estaba entregado a anunciar el evangelio, y se olvidó de sí mismo. Cuando nosotros nos entreguemos a anunciar el evangelio de esa manera, también nos olvidaremos de nosotros mismos, y nos preocuparemos más por la condición perdida de otros.

Pero eso no sucederá hasta que estemos convencidos de que no hay otro mensaje en este mundo que pueda compararse con el mensaje del evangelio de Cristo. Siempre ha habido una manera nueva de percibir las ideas, las creencias y las filosofías; pero nada jamás ha igualado el evangelio eterno, el evangelio del poder salvador de Jesucristo. Ni la ciencia, ni la filosofía de la Nueva Era, nada en este mundo puede hacer lo que el evangelio hace. Por eso es que los filósofos y sabios de este mundo, que siempre andan en de más conocimiento y sabiduría, mueren sin haber obtenido este conocimiento. Pero, cualquiera –niño, joven o adulto– puede llegar al conocimiento de la verdad, y morir con la certidumbre y la paz de que halló la salvación y la respuesta a todas sus interrogantes. Esa es la sencillez del evangelio.

Hay un tercer aspecto que hace del evangelio algo tan poderoso: ...no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree.

No dice que es poder de Dios para todo el que guarda la ley, o que hace obras de caridad, o que es muy religioso o muy devoto. Lo único que uno necesita hacer para ser salvo es creer el evangelio. Creer que Cristo murió por sus pecados, que fue sepultado y que resucitó al tercer día. Además que esté dispuesto a confesar sus pecados al Señor, a aceptar su sacrificio en la cruz como la paga total por sus pecados, y recibirle por la fe como Salvador. El resultado es que uno es salvo, redimido, justificado, santificado y ser hecho hijo de Dios. Así es de sencillo el evangelio.

No basta cantar acerca del evangelio, no basta orar y ofrendar para que otros lo anuncien, a menos que nosotros nos avergoncemos de hacerlo. Muchos creyentes pueden hablar de Cristo sin problema en la Escuela Dominical o en la iglesia, y está bien, pero no son esas personas las que más necesitan de Cristo sino las personas que no asisten a la iglesia.

Cuando Pablo anduvo de ciudad en ciudad no buscaba a los creyentes sino que andaba por las calles y en las casas anunciando el evangelio. Por eso fue azotado, apedreado y golpeado ya que esa gente no quería que él hablara de Cristo. Estaba bien hablar de Jehová Dios, y Pablo pudo haber hecho eso fácilmente, aunque seguramente no habría tenido una gran concurrencia; pero tampoco lo hubieran apedreado ni azotado. Pero desde el día que Pablo comenzó a dar testimonio de Cristo, sus enemigos comenzaron a perseguirle por todas partes.

Cristo dijo: «Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres» (Jn. 8:32). ¿Se ha puesto usted a pensar que muchas de esas personas con que usted se roza y a las que usted critica, necesitan ser libertadas y que sólo el poder del evangelio puede hacerlo? Cristo vino para dar libertad a los cautivos (Lc. 4:18). Y usted de seguro conoce personas que están cautivas del alcohol, de las drogas, de la sensualidad, de la amargura, del odio, de la envidia y de toda clase de vicios y no pueden liberarse.

Ya usted se habrá dado cuenta de que una sonrisa en la boca no significa necesariamente que la persona esté sonriendo por dentro. No expresan lo que en verdad hay en sus corazones porque no están seguros cuál va a ser nuestra actitud hacia ellos. Si supieran que vamos a reaccionar con cariño, comprensión y amor, de seguro nos sorprenderíamos de ver la cantidad de personas que comenzarían a darnos a conocer la cautividad en que están. Y Dios nos daría el privilegio de decirles cómo pueden ser liberados, porque tenemos el mensaje del evangelio con nosotros.

Dios no nos salvó porque éramos buenos o porque lo merecíamos, sino que por su gracia nos salvó (Tito 3:5) de la perdición en que estábamos. Nosotros no sólo tenemos el mensaje sino también la experiencia personal del mensaje. En el nombre de Cristo, es hora de que comencemos a hablar sin temor y sin vergüenza alguna. Anunciemos diligentemente el evangelio a todos los que lo necesiten.

El Dr. Charles Frazier Stanley, pastor y orador de los programas EN CONTACTO™, difundidos por radio y televisión en muchas partes del mundo. Es autor de numerosos libros, algunos de ellos han sido traducidos al español, como: Un toque de su libertad, Un toque de su sabiduría, La paz del perdón, La fuente de mi fortaleza, Trátelo con oración, ¿Hay un hombre en la casa? Seguridad eterna: ¿tiene usted seguridad?, Cómo escuchar la voz de Dios, y Las bendiciones del quebrantamiento.

En el día de hoy empezaremos una serie de artículos titulados “Como mi pastor estudia la Biblia”, donde publicaremos los hábitos de lectura y estudio de la Palabra de Dios que poseen algunos pastores y maestros bíblicos.

Esperamos que esta serie sirva de ánimo para aquellos que aún tienen dificultad en crear un sistema habitual de lectura y estudio de la Palabra de Dios.

A continuación nuestro primer artículo sobre este tema que viene del reconocido evangelista Luis Palau. (Este artículo ha sido tomado con permiso de Disciplinas Libertadoras.)

En primer lugar, lo que hago cuando me levanto por la mañana es pasar aproximadamente una hora a solas con Dios. Durante esa hora leo unos diez capítulos de la Biblia. Generalmente comienzo con el libro de Génesis, y leo toda la Biblia durante un año. A menudo puedo leer no tan solo una vez la Biblia, sino que algunas veces leo el Nuevo Testamento dos veces durante el año. Eso es lectura corrida, es el primer paso que yo practico en el estudio de la Biblia.

En segundo lugar, cada año escojo un libro de la Biblia para analizarlo y estudiarlo profundamente. Consulto con varias traducciones, tengo una libreta en la cual voy haciendo notas de lo que leo y aprendo, realizo bosquejos, analizo el significado de las palabras, y después que he leído y desmenuzado su contenido, a veces tomo un buen comentario bíblico y lo repaso para ver si por un lado yo me equivoqué en mis apreciaciones del libro, o si por otro lado hay algún enfoque nuevo que el comentarista me da. Y por supuesto que en casi todos los casos es así.

Luego, en tercer lugar, paso largo tiempo estudiando algunos otros libros de la Biblia para nuestro programa radial "Cruzada". De modo que con la ayuda de Dios, en un año leo la Biblia una vez, el Nuevo Testamento por lo menos dos veces, estudio un libro para mi beneficio personal y dos libros más para los programas radiales.

¿Qué le puedo recomendar a usted?

La mejor recomendación es la de II Timoteo 2:15, donde el gran apóstol San Pablo le dice a Timoteo, su hijo en la fe: "Procura diligentemente presentarte ante Dios, aprobado como obrero que no tiene de qué avergonzarse porque sabe analizar y exponer correctamente la Palabra de Dios". La Palabra de Dios es la Biblia, y lo que nos dice allí es que debemos con diligencia, o sea con rapidez, con esmero, con dedicación, presentarnos aprobados a Dios en el sentido de que seamos buenos obreros suyos, que tengamos capacidad y habilidad para exponer bien Su Palabra, que no nos avergoncemos cuando alguien nos hace una pregunta sobre la Biblia, porque la hemos estudiado, analizado, hemos orado y hemos aprendido.

Por último le aconsejo que ore a Dios antes de estudiar la Biblia.

Luis Palau es un reconocido evangelista internancional. Junto a su ministerio ha presentado el evangelio a más de mil millones de personas a través de eventos evangelísticos y los medios masivos. Ha hablado en vivo a más de 25 millones en 72 países con más de 1 millón de decisiones registradas por Jesucristo. Sus programas radiales, en español e inglés, son oídos por millones de personas en más de 2600 radios en 42 países. El Dr. Palau es autor de cerca de 50 libros e innumerables artículos relacionados a la fe y, además, aconseja a líderes políticos y de negocios, así como jefes de estado, alrededor del mundo.

A continuación 11 excelentes consejos de Luis Palau para los que no tienen empleo.

Este artículo ha sido tomado con permiso del Consejero Bíblico.

Cinco años antes de tu fiesta de despedida, tu supervisor te entrega una boleta rosa, sin disculpas ni explicaciones. De pronto tu futuro dorado se desploma y se hace polvo.

Se pueden ver escenas así aunque la economía de un país bombee a alta velocidad. El desempleo puede atacar de repente, sin previo aviso. En el transcurso de las semanas pasadas, otros dos gigantes industriales anunciaron la reducción de miles de empleos. ¿Quién hubiera imaginado que estas compañías se verían forzadas a anunciar una reducción de personal de tales dimensiones? Sin embargo, sucede a cada momento. Un ejemplo contemporaneo es lo que sucede en Argentina donde más de 20% se han quedado sin empleo.

Perder el trabajo en forma inesperada le puede pasar a cualquiera en un momento inesperado. Un amigo había trabajado veinticinco años en una compañía cuando se enteró de que sus servicios ya no eran necesarios.

Otro, presidente de una compañía importante, perdió su trabajo cuando decidió reducir las ganancias de la compañía para salvar los puestos de siete mil empleados. La junta de directores lo despidió por sus esfuerzos y le quitó la pensión que esperaba recibir.

A menudo me encuentro con hombres desempleados de más de cuarenta años que pierden la esperanza de alguna vez hallar trabajo. Otros hombres y mujeres pierden sus trabajos cuando las economías locales cambian de una industria predominante a otra, o a ninguna.

Cuando un hombre que ha trabajado en los aserraderos desde la escuela secundaria de repente se encuentra con que ya no hay trabajo, no puede simplemente pasarse a la informática. Son tiempos de desesperación.

Varios años atrás, me encontraba en una serie de reuniones en Escocia, y la BBC me desafió acerca del cuadro local de desempleo (era de 24%).

Su desafío me obligó a considerar qué les diría a hombres y mujeres a quienes el desempleo los llevó a la desesperación. Mi mente se remontó varias décadas atrás a mi propia experiencia después de la muerte de mi padre. Mi mamá, mis hermanas y yo vivíamos de mi pobre salario. Pero durante un paro de noventa días no tuve trabajo. Los sindicatos no nos dieron ni un centavo y esos tres meses me enseñaron mucho acerca del desempleo y la pobreza. ¿Qué hicimos entonces? Los siguientes nueve principios reflejan no solo lo que hice sino lo que ahora pienso que debí haber hecho.

Nueve principios para los desempleados

1. Primero, pon tu confianza en Dios.

Si ya has depositado tu confianza en Dios al poner tu fe en la muerte y resurrección de Jesucristo, ¡fantástico! Si no es así, pregúntate: «¿Qué está tratando de hacer Dios en mi vida en medio de mi desempleo? ¿Y cómo quiere que reaccione?»

La Biblia dice: «Confía en el SEÑOR de todo corazón, y no en tu propia inteligencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él allanará tus sendas» (Proverbios 3:5-6).

2. No culpes a otros por tu desempleo; tómalo como algo de Dios mismo.

Un seguidor de Jesús genuino que de repente queda «reestructurado», suspendido o despedido debería considerar ese incidente como proveniente de Dios y no de una tercera persona. Olvídense de los intermediarios. Terceras partes pueden tener responsabilidad pero que les echen la culpa es un error fútil que produce amargura.

En cambio, es imperioso considerar sus circunstancias como provenientes de la mano de Dios mismo. Observa que no dije «échenle la culpa a Dios» sino «acepten su situación como si viniera de Dios». Hay una gran diferencia.

Este patrón lo vemos varias veces en los Salmos. Los hombres fieles pueden sufrir el ataque de sus enemigos o el embate de los elementos naturales pero la constante es que ven a Dios como el soberano del universo que permitió que esas pruebas se cruzaran en su camino. «Nos hiciste retroceder ante el enemigo; nos han saqueado nuestros adversarios», clama el salmista. «Cual si fuéramos ovejas nos has entregado para que nos devoren, nos has dispersado entre las naciones. Has vendido a tu pueblo muy barato, y nada has ganado con su venta ... Todo esto nos ha sucedido, a pesar de que nunca te olvidamos ni faltamos jamás a tu pacto» (Salmo 44:10-12,17). «Has sometido a tu pueblo a duras pruebas; nos diste a beber un vino embriagador», escribe (Salmo 60:3). «Tú, oh Dios, nos has puesto a prueba; nos has purificado como a la plata», declara (Salmo 66:10). «Me has echado en el foso más profundo, en el más tenebroso de los abismos», le dice a Dios. «El peso de tu enojo ha recaído sobre mí; me has abrumado con tus olas» (Salmo 88:6-7).

Amós, profeta del Antiguo Testamento, sigue un razonamiento similar cuando escribe: «¿Ocurrirá en la ciudad alguna desgracia que el SEÑOR no haya provocado?» (Amós 3:6). El patrón continúa en el Nuevo Testamento. «Lo que soportan es para su disciplina», nos anima el autor de Hebreos, «pues Dios los está tratando como a hijos. ¿Qué hijo hay a quien el padre no disciplina? Si a ustedes se les deja sin la disciplina que todos reciben, entonces son bastardos y no hijos legítimos ... pero Dios lo hace para nuestro bien, a fin de que participemos de su santidad» (Hebreos 12:7-8,10).

No pierdas el tiempo culpando a los intermediarios por estar sin trabajo. Algún superior puede tener la responsabilidad de tu apuro pero si eres un creyente en Cristo, no te sucede nada que no pase primero por las manos de Dios. No importa cuál sea la prueba; considérala parte de su disciplina para ayudarte a ser más como Jesucristo.

3. Trata de hallar el propósito de Dios para tu falta de trabajo.

«Gloria de Dios es ocultar un asunto, y gloria de los reyes el investigarlo», dice Proverbios 25:2 y según el Nuevo Testamento, los creyentes son reyes y sacerdotes. Por lo tanto es nuestra «gloria» tratar de entender lo que Dios está haciendo en nuestras vidas. Todos ansiamos una respuesta racional a nuestras circunstancias y dado que sabemos que Dios no es irracional, creemos que nuestras experiencias en la vida tienen algún significado. Queremos entenderlas si podemos.

Estoy seguro de que uno de los héroes del Antiguo Testamento pasó mucho tiempo «investigando» la razón que estaba detrás de todas las penurias brutales de su vida. La historia de José ocupa casi un tercio del libro de Génesis, lo cual indica que es de gran importancia. Los capítulos del 37 al 50 describen una familia en la que un cóctel mortal de celos, amargura y enojo finalmente llega al punto de ebullición y termina en traición y por poco en homicidio. Los hermanos de José lo venden como esclavo y durante varios años le sobreviene una calamidad tras otra. Lo acusan falsamente de violación y lo meten preso injustamente, donde languidece por un tiempo.

José debe haber pensado: Dios ¿qué estás haciendo? ¿Por qué me abandonaste? ¿Qué te traes entre manos? Para los espectadores sin duda Dios había abandonado a José, se había olvidado de él, lo había desechado. Sin embargo, a su tiempo, el Señor usó las circunstancias adversas de este joven para un gran propósito. El propio José finalmente llegó a verlo después de que Dios lo elevó al poder en la tierra de su cautiverio. Cuando sus hermanos traicioneros (y temerosos) volvieron a él años después, les dijo: «Es verdad que ustedes pensaron hacerme mal, pero Dios transformó ese mal en bien» (Génesis 50:20). El salmista nos ofrece una reflexión más profunda acerca de los propósitos de Dios cuando escribe: «Pero envió delante de ellos a un hombre: a José, vendido como esclavo. Le sujetaron los pies con grilletes, entre hierros le aprisionaron el cuello hasta que se cumplió lo que él predijo y la palabra del SEÑOR probó que él era veraz» (Salmo 105:17-19).

Dios puede estar haciendo muchas cosas en nuestra vida al permitir que perdamos un trabajo. Pero una cosa es segura: como un padre con su hijo, Dios está moldeando nuestro carácter. Entonces tenemos que preguntarnos: «¿Qué parte de mi carácter necesita trabajo?»

Los que sirven al Señor Jesucristo pueden descansar en la seguridad de que Dios nunca va a malgastar sus sufrimientos ni permitir que sufran sin sentido alguno. Creo que hay un propósito detrás de todo lo que toca nuestras vidas y nuestra tarea es hallar ese propósito en lo posible. Si de repente nos despiden, podemos decir: «Creía que era un buen trabajo pero Dios sabe lo que más conviene. Debe haber algo mejor para que yo haga en vez de trabajar para esta compañía. Ahora debo descubrirlo».

¿Recuerdas a mi amigo que perdió su puesto después de trabajar veinticinco años para la compañía? Dios tenía un mejor propósito para él: un ministerio fabuloso que jamás había previsto. Un día la iglesia le propuso un puesto para trabajar con los ancianos. La iglesia nunca pensó proponérselo cuando él tenía un «puesto importante» pero ese parecía ser el momento justo. ¡Y lo era! Sintió que había llegado al cielo cuando la iglesia le abrió las puertas para ministrarle a los ancianos. Nunca había vislumbrado una carrera tan placentera cuando dejó el mundo de los negocios a los cincuenta y tres años.

Muchos años atrás, antes de fundar la Asociación Evangelística Luis Palau, a mí también me despidieron. Gracias a Dios, para ese entonces ya había aprendido estos principios y de inmediato traté de ponerlos en práctica. Durante casi tres meses, a menudo me sentaba en una mecedora tratando de resolver: ¿Por qué Dios permitió que pasara esto? Tiene que haber una razón. Mientras tanto tuve que seguir adelante, e íbamos dando tumbos de un lado a otro tratando de construir el equipo desde cero. Pero seguía pensando: Dios está tratando conmigo y con mi alma en medio de todo esto. Está tratando de enseñarme algo que no hubiera aprendido de ninguna otra manera. Él no lo haría simplemente porque le dio la gana. Él no estaba mirando para otro lado cuando esto sucedió. Creo que Dios tiene un propósito y tengo que saber cuál es.

Esa experiencia no solo condujo a la creación de nuestro equipo sino que también hizo que me diera cuenta de que tenía que caminar más humilde con mi Dios. Me sacudió y demolió todo orgullo por mis habilidades, mi gracia o mi capacidad para ganarme a la gente. Dios sí tenía un propósito en lo que permitió que sucediera... y él quería que lo descubriera.

4. Pasa tiempo a solas con Dios.

Muchos de nosotros decimos que no tenemos tiempo para orar; pero el desempleo lo cambia todo. De pronto tenemos todo el tiempo del mundo.

Si estás sin trabajo, te recomiendo que dividas tu día en distintos segmentos. En el primer segmento, pasa dos horas a solas con Dios de rodillas. Lee y estudia su Palabra, ora y alábale. Recuerda lo que el apóstol Pablo decía acerca de la Escritura: «De hecho, todo lo que se escribió en el pasado se escribió para enseñarnos, a fin de que, alentados por las Escrituras, perseveremos en mantener nuestra esperanza» (Romanos 15:4).

Emplea ese tiempo para desarrollar un corazón para Dios, para nutrir una relación tierna y sensible con Él. El sufrimiento puede amargarte y alejarte de Dios o acercarte a Él y permitirte entender mejor su mente y su corazón. Así que escucha a Dios y si es necesario, llega al exceso con la Biblia, la oración, un cuaderno y nada más. Desecha todos los demás libros (incluso este) y propónte pasar tiempo a solas con Dios. Dile: «Señor, creo que tienes un propósito para mí. Dime cuál es. ¿Qué debo aprender de todo esto? ¿Qué estás tratando de enseñarme? Estoy atento; la antena está lo más alto posible».

Este no es el momento de protestar contra Dios. Los tiempos de crisis deberían ponernos de cara al piso y movernos a confesar: «Señor, aquí hay algo que aprender, estoy escuchando con atención. Soy un esclavo humilde. Quiero aprender todo lo que necesito porque no quiero pasar de nuevo por esto». En vez de quejarte, discutir o protestar, cierra la boca. Como dijo David: «Vigilaré mi conducta, me abstendré de pecar con la lengua, me pondré una mordaza en la boca» (Salmo 39:1).

Al pasar tiempo a solas con Dios a través de su Palabra, mantén tu corazón abierto y deja que el Espíritu Santo te señale los ámbitos que necesitan trabajo o los nuevos rumbos que quiera que tomes. Ante todo, manténte abierto a las «cosas nuevas» que él quiera que hagas en tu vida. El no hacerlo puede dar por resultado largos años de tristeza y de dolor innecesario.

Un hombre construyó un estilo de vida acomodado para él y para su familia trabajando un territorio de ventas rentable de tres provincias. Era dueño de varios automóviles de lujo y de un avión privado. Al tiempo comenzó a considerar el territorio como de su propiedad y a ser negligente con su trabajo. Su esposa le advertía: «Te estás volviendo descuidado, no le estás dando seguimiento a las llamadas». Pero él no le hacía caso.

Un día la compañía se vendió y el nuevo supervisor del hombre lo citó en el aeropuerto para una reunión de veinte minutos mientras esperaba su siguiente vuelo. «Estás acabado», le dijo sin ceremonias. «No hay lugar a protestas. No has cumplido con las expectativas, ni has ampliado tu territorio y tus ventas tampoco subieron. Terminaste y ya le di tu trabajo a otro.»

El hombre se amargó tanto por su despido y se volvió tan melancólico que su esposa temía que se quitara la vida. Se rehusó a buscar trabajo y comenzó a gastar las reservas y las inversiones. Su esposa tomó un trabajo de baja remuneración y finalmente él comenzó a trabajar como administrador de una pequeña organización. Su espíritu amargado y enojado aun se dejaba entrever y una nube negra lo seguía a todas partes. De nuevo se volvió descuidado en este trabajo y también lo despidieron.

El segundo despido lo amargó tanto que se alejó de la iglesia y prácticamente se olvidó de Dios y del cristianismo. En vez de aprender una lección, humillarse y decir: «Señor, ¿qué estás tratando de enseñarme?» se enojó, y la amargura saltaba de su boca. Antiguos amigos ya no querían hablarle; de todos modos no los escuchaba.

Este hombre se rehusó a descubrir y a aplicar los principios de Dios. En veinte años no aprendió nada y en realidad retrocedió. Es una lección sobre lo negativo que ilustra lo que puede suceder si elegimos ser tercos.

5. Pasa tiempo con tu familia.

Siempre nos quejamos de no tener suficiente tiempo para la familia. El período de desempleo es una etapa única que quizá nunca vuelva a suceder. El el momento de hacer con la familia todo lo que has anhelado hacer pero por factor tiempo no has cumplido. Sugiero que pases por lo menos dos horas con tu querida esposa y tus hijos.

Para animarte dejame citar Deuteronomio 6:4-8: «Escucha, Israel: El Señor nuestro Dios es el único Señor. Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Grábate en el corazón estas palabras que hoy te mando. Incúlcaselas continuamente a tus hijos. Háblales de ellas cuando estés en tu casa y cuando vayas por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes. Átalas a tus manos como un signo; llévalas en tu frente como una marca; 9 escríbelas en los postes de tu casa y en los portones de tus ciudades».

6. Trabaja de voluntario en la iglesia o en una organización de servicio.

Dedica dos horas de tu día a trabajar como voluntario en tu iglesia o en una organización de servicio a la comunidad. Averigua quién necesita ayuda con la casa o con el jardín o un trabajo de pintura o reparaciones eléctricas. Las viudas y los ancianos siempre necesitan una mano amiga; ¿por qué no se le das?

Cultiva una actitud de siervo y busca formas de ayudar a otros. Como dijo el apóstol Pablo: «Ayúdense unos a otros a llevar sus cargas, y así cumplirán la ley de Cristo» (Gálatas 6:2) y «En efecto, al recibir esta demostración de servicio, ellos alabarán a Dios por la obediencia con que ustedes acompañan la confesión del evangelio de Cristo, y por su generosa solidaridad con ellos y con todos» (2 Corintios 9:13).

¡No dejes de trabajar solo porque no te pagan!

7. Busca trabajo.

Dedica dos horas al día buscando empleo. Hay que poner tu currículum vitae al día y en una forma profesionalmente presentable. Luego anda y busque trabajo. Con toda seguridad tienes contactos con parientes, amistades y miembros de la iglesia. Además siempre hay empresas buscando empleados en los diarios.

8. Únete a un equipo para evangelizar a tu comunidad.

En vez de sentarte en tu casa esperando que te llame un posible empleador, ¿por qué no empleas parte de tu tiempo para llevarles el evangelio a los que todavía no conocen a Cristo? Reúne un equipo de tu iglesia y planeen una estrategia para evangelizar su comunidad. Si es verano, desarrollen un club de Biblia en el patio de una casa y presénteles a Jesús a los niños del barrio. Tu iglesia puede ayudarte a conseguir los materiales necesarios. Un organiza un torneo de baloncesto de tres contra tres. O propón una fiesta en la calle para la gente del barrio. Emplea tu tiempo con creatividad para llevar las Buenas Noticias de Jesucristo a los hombres, mujeres, niños y niñas de tu manzana que todavía no han hecho un compromiso de fe con el Señor.

No pierdas el tiempo; ¡úsalo en una forma creativa para el reino de Dios!

9. Comienza un nuevo negocio.

Si pasas dos horas de rodillas con Dios y cuatro más con ahínco para ayudar a otros, te recomiendo que también pases otras cuatro horas por día buscando trabajo o planeando un nuevo negocio.

Hazte una evaluación sincera. ¿Qué tipo de retiro necesitas? ¿En qué eres bueno? ¿Qué es lo que te gusta? ¿Qué necesidades sin cubrir ves a tu alrededor? ¿Con quién puedes hablar que te dé ideas creativas?

Si me hallara sin trabajo, estoy muy seguro de que reuniría dos o tres personas más y les diría: «Comencemos algo nuevo. ¿Qué recursos tenemos? ¿Qué necesita la gente? ¿Cómo podemos suplir esa necesidad?» Adelante. Tú también puedes hacerlo.

10. Planta algo y cultívalo.

Si tienes una parcela de tierra, no importa cuán pequeña sea, planta algo: ya sean tomates, lechuga, papa, frijoles, etc. Si no tienes un pedazo de tierra pídelo prestado. Muchas personas estarían dispuestas a permitirte usar una parcela si tan solo le explicas tus motivos. Diles: «Mire, estoy sin trabajo. Quiero plantar algunos vegetales. ¿Podría usar una esquina de su parcela?»

En Suiza, el país más rico del mundo en ingresos per capita, prácticamente cada pedazo de tierra que no está reservado para caminar o para la vida silvestre está cultivado. En todos lados se ven pequeñas parcelas de seis por seis en las que alguien ha sembrado algo. La mayoría de los suizos no lo necesitan (tienen más dinero para guardar que nadie en el mundo) pero si los ricos pueden hacerlo, ¿por qué los pobres no? Busca una parcela abierta y cultiva algo. Y en poco tiempo no solo tendrás algo para comer sino la satisfacción que solo conocen los granjeros.

11. Ni se te ocurra ir de bar en bar ni apostar ni salir de parranda.

En Belfast, Irlanda, muchos años atrás estaba visitando la casa de una señora cuyo esposo y su hijo estaban sin trabajo. Cuando el padre apareció, lo saludé y hablamos un rato. Se quejaba de que tenía que vivir de la pensión de desempleo y refunfuñaba que el estipendio del gobierno era muy poco para su familia. Luego desapareció. Al poco rato volvió vestido de punta en blanco.

—Hasta luego —saludó.

—¿Adónde vas? —le pregunté.

—Me voy al hipódromo —respondió. ¡Lo poco que tenía lo iba a gastar en los caballos!

Mucha gente hace eso. En vez invertir su dinero en forma creativa, lo malgastan en apuestas. Otros van a los bares y se sientan allí durante horas, ahogando sus penas en alcohol y finalmente salen más pobres de lo que entraron.

El desempleo no es divertido pero no tienes por qué empeorar la situación malgastando tus recursos limitados en apuestas, bebidas y juergas. Recuerda lo que escribió el apóstol Pedro: «Pues ya basta con el tiempo que han desperdiciado haciendo lo que agrada a los incrédulos, entregados al desenfreno, a las pasiones, a las borracheras, a las orgías, a las parrandas y a las idolatrías abominables. A ellos les parece extraño que ustedes ya no corran con ellos en ese mismo desbordamiento de inmoralidad, y por eso los insultan. Pero ellos tendrán que rendirle cuentas a aquel que está preparado para juzgar a los vivos y a los muertos» (1 Pedro 4:3-5).

Un día deberemos comparecer ante el tribunal de Cristo y él estará interesado en ver qué hicimos con nuestro tiempo y con nuestros recursos. Emplea tu tiempo con sabiduría durante esta temporada de desempleo para que puedas presentar un buen informe.