El distintivo de un líder piadoso en la iglesia es servicio humilde, amoroso, abnegado y generoso. El Señor no llama a los suyos a ser celebridades ni personajes carismáticos, mucho menos patrones dominantes sino todo lo contrario: siervos abnegados que encuentran su mayor satisfacción y gozo en emular la devoción, el sacrificio, la humildad y el amor de su Señor, el gran pastor de las ovejas y el Príncipe de los pastores.
Todos los líderes efectivos, fructíferos y con una vida espiritual genuina que hay en la iglesia de Cristo, son conscientes en lo profundo de su ser de que se encuentran por completo bajo la autoridad divina. Ese conocimiento consciente se convierte en la realidad controladora de sus vidas. Ellos no buscan cumplir un plan de metas personales, ni obtener fama y renombre o levantar imperios personales. Se contentan y sienten honrados por el privilegio de estar sujetos por entero al Amo que en su gracia les ha escogido, comisionado y enviado.
John MacArthur, "Tito: Comentario MacArthur del Nuevo Testamento", Portavoz (2012), pag. 20
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Las personas que van al infierno lo hacen por haber rechazado a Jesucristo, el único remedio para su perdición. No porque hayan sido creados para el infierno y predeterminados para ocupar ese lugar. El sendero que lleva a la condenación es el sendero recorrido por el corazón no arrepentido de aquel que rechaza la persona y provisión de Jesucristo y opta por permanecer en su pecado.
John MacArthur, Comentario de 2 Pedro 3:9, La Biblia de Estudio MacArthur, Portavoz (2004)
¡Lo suficiente para cubrir adecuadamente un texto! No creo que la duración del sermón sea tan importante como su contenido. A veces he predicado por cincuenta minutos y diez de esos minutos han sido demasiado tiempo. Otras veces he predicado una hora y veinticinco minutos y ha sido justo el tiempo necesario para enseñar el texto. Lo importante es cubrir el punto principal del mensaje de manera tal que las personas estén convencidas de su verdad y comprendan lo que el texto requiere de ellos.
John MacArthur, “Preaching and the Clock”
La iglesia cristiana no puede ser lo que ha sido llamada a ser mientras distinciones como raza, ritual y clase mantengan separados a sus miembros unos de otros. Las etiquetas que los hombres se ponen en sí mismos y a sus semejantes son irrelevantes para Dios, y también deberían serlo para su pueblo. Antes de alcanzar salvación, toda persona está separada de Dios por el mismo abismo eterno, y después de la salvación toda persona queda por igual reconciliada con Dios. Los creyentes son “todos hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús… Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos [ellos son] uno en Cristo Jesús” (Gálatas 3:26,28). Puesto que todos los creyentes son igual hijos de Dios, todos ellos son hermanos y hermanas, sin lugar alguno a excepciones o distinciones.
John MacArthur, Comentario MacArthur del Nuevo Testamento: Gálatas, Editorial Portavoz (2003), p.75
Los peligros más destructivos para la iglesia nunca han sido el ateísmo, las religiones paganas o las sectas que niegan sin rodeos las Escrituras, sino movimientos de aparente índole cristiana que aceptan un grado tan alto de verdad bíblica que sus doctrinas ajenas a la Biblia parecen insignificantes e inofensivas en comparación. No obstante, lo cierto es que una sola gota de veneno en un recipiente grande de agua puede volver letal todo el líquido, y una sola idea falsa que en cualquier medida reduce la gracia de Dios, envenena todo el sistema de creencia cristiano.
John MacArthur, Comentario MacArthur del Nuevo Testamento: Gálatas, Editorial Portavoz (2003), p.30
Cuando inicie este blog a mediados del año 2008, uno de mis deseos era publicar reseñas de los libros que iba leyendo, pero una vez hice la primera me di cuenta que no me gustaba hacerlas. Preferí dejar ese trabajo a personas como Tim Challies que lo hacen de manera excelente. No obstante, hoy quiero romper mi regla de que nunca más haría reseñas de libros, para hacer una breve crítica sobre el libro de John MacArthur titulado “Safe in the arms of God: Truth from heaven about the death of a child” (Seguros en los brazos de Dios: Verdad desde el cielo acerca de la muerte de los niños).
Desde que me inicie en el mundo de la lectura hace alrededor de 6 años (antes de eso solo leía los materiales que eran requeridos por el trabajo, universidad y demás) John MacArthur se convirtió en uno de mis autores preferidos. El fue el autor que Dios utilizó para mostrarme que yo de Biblia no sabía nada, o por lo menos, que algunas de las que doctrinas bíblicas que conocía no tenían base bíblica sino que estaban basadas en teorías y experiencias personales de algunos maestros bíblicos (se me pusieron los pelos de punta al leer en su libro “Equipados para la Batalla” una exposición correcta del pasaje encontrado en Mateo 16:19 que en muchos círculos es utilizado para enseñar doctrinas de guerra espiritual, cuando el texto no tiene nada que ver con eso, sino con la disciplina en la iglesia). También fue John MacArthur el autor que Dios utilizó para mostrarme lo que significaba nuestra plenitud en Cristo mediante una exposición del pasaje de Colosenses 2:9-10 en su libro titulado “Our Sufficiency in Christ”, lo que luego me ayudaría significativamente al momento de enfrentar la muerte de mi padre.
De esta manera, tengo un gran aprecio y respeto por John MacArthur. Ciertamente no estoy de acuerdo con todas sus posiciones teológicas, especialmente aquellas que tienen que ver con algunos de los dones espirituales donde el posee una posición cesacionista (movimiento que entiende que algunos de los dones del Espiritu Santo, como las lenguas, los milagros y sanidades cesaron luego de la era apostólica). No obstante, nuestras diferencias en estos temas no afectan en nada en que el sea uno de mis autores preferidos y uno de los pocos autores y comentarista de los cuales quiero llenar mi biblioteca.
Su libro “Safe in the arms of God” no es distinto a sus demás libros. Utiliza toda la base bíblica disponible sobre el tema para mostrar en sus 171 páginas que los niños, como los adultos que debido a alguna deficiencia mental no pueden discernir entre el bien y el mal, experimentan la salvación al morir por elección divina.
El único inconveniente que le veo al libro es que al tratarse de un tema donde no hay muchos pasajes bíblicos que lo traten, uno se siente como que la conclusión el autor la saca halándola por el moño (como decimos en República Dominicana), es decir, algo forzada. No obstante, tres cosas me convencieron de que su posición sobre la salvación de los niños es real y bíblica:
1. Jesús dijo que de los niños es el reino de los cielos (Lucas 18:16).
2. Al mirar la historia de Israel camino a la tierra prometida, podemos observar que Dios le negó la entrada a los israelitas luego de su incredulidad a la promesa de Dios, prefiriendo escuchar el reporte negativo de los que fueron a inspeccionar la tierra. Las únicas personas que si entraron a la tierra prometida, por elección de Dios, fueron Josué, Caleb (los únicos dos que dieron un reporte positivo sobre la inspección de la Tierra Prometida, creyendo que Dios les había dado la tierra aun en medio de los gigantes), y los niños hijos de los Israelitas que perecieron en el desierto. Esto muestra que Dios consideró a los niños inocentes por las acciones de incredulidad de sus padres, permitiendo que disfrutaran de SU promesa (Deuteronomio 1:39).
3. Ningún pasaje de la biblia muestra que el hombre es condenado por haber nacido con una naturaleza caída, sino como consecuencia de sus obras pecaminosas, las cuales son producidas por dicha naturaleza. La salvación es completamente por gracia, apartada de las obras. La condenación es completamente por las obras, apartada de la gracia.
Por la misericordia de Dios nunca ha perdido a un hijo, pero es un tema que me interesaba conocer por dos razones. La primera, para conocer que sucede con los niños al morir y la segunda, para poder dar palabras de aliento a aquellas personas que conozca que se vean enfrentando un momento tan doloroso como este.
Le recomiendo este libro si usted es un padre o una madre que ha perdido un hijo a temprana edad, o si como yo, le interesa conocer que dice la Biblia sobre el tema.
Un consuelo bíblico para los padres que han perdido a sus hijos a temprana edad:
No existe un lugar en la Escritura donde se muestre que una persona sufra la sentencia de condenación sobre la base de otra cosa que no sean sus propios actos pecaminosos, incluyendo el acto pecaminoso de la incredulidad (una consciente, voluntaria, y deliberada elección de no creer). Además, Dios no culpa a las personas de pecados hasta que los mismos no se hayan cometido.
La salvación es completamente por gracia, apartada de las obras. La condenación es completamente por las obras, apartada de la gracia.
En ningún lugar las Escrituras enseñan la condenación infantil. Más bien, cada referencia bíblica, ya sea indirecta o directa a la cuestión de los infantes y los niños que mueren nos dan razones para creer que los mismos van inmediatamente a la presencia eterna de Dios.
No puedo sino concluir que nuestro Señor recibe libremente a todos los que mueren en la infancia, no sobre la base de sus propias inocencias o dignidad, sino que por su gracia los hizo suyos a través de la expiación comprada en la cruz. Esta experiencia salvadora para los pequeños está basada en la absoluta soberanía de nuestro Señor y en su completa gracia.
Sí, los niños son pecadores por naturaleza. Los bebés no están exentos de una naturaleza pecaminosa, sin embargo, si lo están de obras pecaminosas.
Sí, los niños necesitan de un Salvador.
Sí, Dios ha provisto un Salvador para ellos, Jesucristo.
Sí, todos los niños que mueren antes de llegar a un estado de conciencia moral y de culpabilidad en la que ellos entienden su pecado y su corrupción, de modo que sus pecados sean hechos de manera deliberada, se encuentran guardados eternamente por Dios a través de la obra de Jesucristo. Se cuentan cómo elegidos por decisión soberana, porque son inocentes de pecado voluntario, de rebelión, y de incredulidad, obras por las que serían justamente condenados al castigo eterno.
... Su hijo que murió antes de nacer, al nacer, o como un niño demasiado joven para comprender la distinción entre el bien y el mal está realmente seguro en los brazos de Dios, eternamente seguro en su amor y gracia.
John MacArthur, Safe in the Arms of God, Thomas Nelson (2003), pp. 89-90
El mayor mal del pecado no reside en el hecho de que es una transgresión de la ley, aunque no hay duda de que se trata de eso (1 Juan 3.4). Pero la verdadera maldad del pecado es producto de su naturaleza como afrenta personal hacia un bueno y misericordioso Dador de la ley. Nuestro pecado es una violación calculada y deliberada de la relación que tenemos con nuestro creador…
Cuando pecamos estamos mostrando desprecio por el amor paternal de Dios y por su santa autoridad. No solo rechazamos su ley sino también su misma persona. Pecar es negarle a Dios su lugar. Es una expresión de odio contra el Señor. Equivale a desear que Dios estuviera muerto; es deshonrarlo. Y ya que todo pecado tiene en su núcleo este elemento de desprecio por Dios, hasta el pecado más leve tiene suficiente maldad para desencadenar una eternidad llena de privación, desgracia y sufrimiento. Prueba viva de eso es que la realidad del mundo entero de maldad humana proviene en su totalidad del simple acto de desobediencia de Adán (Romanos 5.12,19; 1 Corintios 15.21-22).
John MacArthur, Memorias de Dos Hijos, Grupo Nelson (2008), pp. 85-86
Reverencia ante Dios, respeto por la dignidad del deber pastoral, buen sentido, sano juicio, una manera de pensar clara y profunda, amor por la lectura, dedicación diligente al estudio y la meditación. Una buena memoria, un buen dominio de las palabras, saber cómo piensa la sociedad. Todas estas características son esenciales. Es necesario un talento poco común y mucho esfuerzo para explicar los pasajes oscuros de la Escritura, así como para resolver las complicadas aplicaciones de la Palabra a las vidas y para defender la verdad en contra de sus opositores, todos estos son deberes que están en el corazón de la vida y el ministerio del predicador.
Una cantidad mínima de conocimiento y habilidad jamás capacitarán al predicador para enseñar doctrina, exponer las cosas profundas de Dios, convencer la mente terca, capturar los afectos y la voluntad o iluminar las realidades oscuras para eliminar las sombras de confusión, ignorancia, las objeciones, el prejuicio, la tentación y el engaño.
Pero por encima de todo, y a través de todo, el predicador debe ser hábil en el uso de la Palabra para detectar los errores de aquellos que le escuchan, para liberar hombres de sus fortalezas de ignorancia, convencer sus conciencias, tapar sus bocas y cumplir su responsabilidad de proclamar todo el consejo de Dios. La Palabra es la única arma del predicador, la poderosa espada de doble filo que es la única que corta hasta lo más profundo del alma y el espíritu.
John MacArthur, El Redescubrimiento De La Predicación Expositiva, Editorial Caribe (1996), p. 11,12
El blog Verdadera Vida ha publicado un excelente artículo titulado: ¿ESTRATEGIAS QUE SALVAN?. Les recomiendo leerlo.
A continuación un breve extracto del mismo:
Los métodos de Iglecrecimiento consideran a todos los seres humanos como candidatos perfectos para ser cristianos, pero Jesús que conoce los corazones, nunca forzó a nadie a creer, tampoco les acomodó Sus Palabras con tal de que lo aceptaran, ni confío en aquellos que apresuradamente prometieron seguirle; además, es posible ver en varios pasajes, como aún puso “obstáculo” llevándoles a evaluar el costo y la necesidad de renunciar a todo.
La Iglesia emergente y sus sistemas de multiplicación se preocupan por las estadísticas, la forma de lograr que miles se decidan en una campaña por Cristo, realizan manipulaciones emocionales, shows y si es necesario intimidación. Se enseña que lo único que necesitan es hacer una oración para aceptar a Jesús y “taran” ya están escritos en el libro de la Vida y pueden publicar a los cuatro vientos que son cristianos. Se les advierte que no pongan en tela de juicio en ningún momento la salvación recibida, pues la duda es una obra del enemigo, y se les alienta a seguir adelante en su asistencia semanal. El resultado, multitudes que han hecho profesiones de fe, sin una transformación plena de Dios en sus vidas, que en la actualidad viven engañadas creyendo que son salvas y no lo son.
No toda persona puede ser un estudiante de la Biblia. Evalúese a sí mismo a la luz de estos requisitos necesarios para estudiar la Palabra de Dios con bendición:
- ¿Es salvo por fe en Jesucristo (1 Co. 2:14-16)?
- ¿Tiene hambre de la Palabra de Dios (1 P. 2:2)?
- ¿Está escudriñando la Palabra de Dios con diligencia (Hch. 17:11)?
- ¿Está buscando la santidad (1 P. 1:14-16)
- ¿Está lleno del Espíritu (Ef. 5:18)?
La pregunta más importante es la primera. Si nunca ha invitado a Jesucristo a ser su Salvador personal y el Señor de su vida, entonces su mente está cegada por Satanás a la verdad de Dios (2 Co. 4:4).
Si Cristo es su necesidad, deje de leer en este momento y con sus propias palabras, en oración, vuélvase del pecado hacia Dios. “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe” (Ef. 2:8-9)
John MacArthur, La Biblia de Estudio MacArthur, Editorial Portavoz (2004), p.22
Debido a que la Biblia es tan importante y a que proporciona beneficios eternos sin paralelo, entonces estas deben ser sus respuestas:
· Créala (Jn. 6:68, 69)
· Hónrela (Job 23:12)
· Ámela (Sal. 119:97)
· Obedézcala (1 Jn. 2:5)
· Guárdela (1 Ti. 6:20)
· Pelee por ella (Jud. 3)
· Predíquela (2 Ti. 4:2)
· Estúdiela (Esd. 7:10)
John MacArthur, La Biblia de Estudio MacArthur, Editorial Portavoz (2004), p.21
Este libro contiene la mente de Dios, el estado del hombre, el camino de la salvación, la perdición de los pecadores y la felicidad de los creyentes.
Su doctrina es santa. Sus preceptos tienen autoridad absoluta. Sus historias son verdad. Sus decisiones son inmutables. Léala para ser sabio. Créala para ser salvo. Practíquela para ser santo.
Contiene luz para dirigirlo, alimento para sustentarlo y consuelo para alentarlo. Es el mapa del viajero, la vara del peregrino, la brújula del piloto y la espada del soldado. Aquí el cielo es abierto y las puertas del infierno descubiertas.
Cristo es el tema principal, nuestro bien su diseño y la gloria de Dios su fin. Debe llenar la memoria, dominar el corazón y guiar los pies.
Léala lentamente, con frecuencia y en oración. Es una mina de riquezas, salud para el alma y un rio de bendiciones. Le es dada aquí en esta vida, será abierta en el juicio y está establecida para siempre.
Demanda la responsabilidad más elevada, recompensará la labor más grande y condenará a todos los que tomen a la ligera su contenido.
John MacArthur, La Biblia de Estudio MacArthur, Editorial Portavoz (2004), p.20
"Por esto también nosotros sin cesar damos gracias a Dios de que cuando recibisteis de nosotros la palabra del mensaje de Dios, la aceptasteis no como la palabra de hombres, sino como lo que realmente es, la palabra de Dios, la cual también hace su obra en vosotros los que creéis."
1 Tesalonicenses 2:13
La Biblia sugiere algunas razones:
Persecución. Algunas personas simplemente no están dispuestas a pagar el precio. Conocen la definición de un cristiano, pero no están dispuestas a tomar la decisión y comprometerse con Cristo. Jesús advirtió claramente a sus seguidores que serían perseguidos (Mt. 24:9). Falsos Maestros. Cuando una persona comprende el evangelio y está a punto de tomar una decisión por Cristo, muchas veces Satanás trata de confundirla presentándole una doctrina muy atrayente pero falsa (Mt. 24:11,12). Tentación. Algunas personas reciben el evangelio intelectualmente pero sucumben a sus propios malos deseos cuando son tentados por Satanás. Mundanalidad. Las personas puede ser arrastradas por las atracciones de este mundo, aceptando su sistema de valores (2 Ti. 4:10). Negligencia. Algunas personas rechazan el amor y la gracia de Dios, simplemente ignorando lo que saben que es verdad (He. 2:3). Corazones Endurecidos. Otras personas se alejan de la verdad de Dios al endurecer sus corazones, vez tras vez, hasta que es demasiado tarde (He. 3). Religión. Algunas personas son lo suficientemente religiosas como para estar inmunizadas contra lo verdadero. Gustan del don celestial, y tienen una idea de los poderes del siglo venidero. Se involucran en la periferia del cristianismo y este vínculo limitado les sirve para apaciguar sus conciencias (He. 6:1-6). Falta de comunión con los creyentes. El rehusar reunirse como iglesia puede ser perjudicial para el verdadero creyente, así como también para aquellos que están próximos a creer, y puede conducirlos a la apostasía (He. 10:25).Estas razones nos ayudan a comprender por qué algunas personas se vuelven atrás, pero nunca habrá excusa legítima para la apostasía porque Dios nunca ha de tolerarla.
John MacArthur, ¡Cuidado con los Falaces!, Editorial Portavoz (1996), p.49,50
Vivimos en medio de una era de apostasía, y ésta promete ponerse peor, por lo tanto, debemos saber cómo contender por la fe, y oponernos con firmeza contra la creciente corriente de enseñanza falsa. Estas son algunas sugerencias:
Debemos estudiar y obedecer la Palabra de Dios nosotros mismos. Esto es básico. A menos que conozcamos la verdad no podremos detectar el error; y a menos que obedezcamos la verdad, no tendremos el coraje moral para enfrentar la falsa enseñanza y la apostasía. Debemos dar testimonio de la verdad de la Palabra de Dios con valentía y sin vacilación. La Biblia está siendo atacada por todos lados y debemos no solo hablar en su defensa, sino también proclamar el mensaje de salvación por la fe en Jesucristo. Podemos batallar contra la apostasía animando y sosteniendo a pastores y maestros fieles que honran la Palabra de Dios y la fe cristiana sin transigir. Podemos pelear la batalla de la fe entrenando más gente par el liderazgo de la iglesia, para que puedan defender la fe y enseñar a otros a hacer lo mismo. Debemos apoyar iglesias, institutos, seminarios y escuelas que enseñan la Palabra de Dios y como defender la fe.John MacArthur, ¡Cuidado con los Falaces!, Editorial Portavoz (1996), p.25
Cada día de nuestra vida cristiana es como la competición final por la medalla de oro en los juegos olímpicos. "Pelea la buena batalla", exhortaba Pablo al joven Timoteo (1 Ti. 6:12). "He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe", escribía Pablo en su última carta a su hijo en la fe (2 Ti. 4:7).
John MacArthur, ¡Cuidado con los Falaces!, Editorial Portavoz (1996), p.25
"La apostasía está presente en el mundo y en la Iglesia, y ha de ir en aumento. No hay ni habrá tiempos fáciles en los cuales vivir. Los creyentes están rodeados por todas las cosas que se oponen al estilo de vida que Dios desea que llevemos. Sí, las presiones y tentaciones a apostatar vienen de todo los ángulos, pero los cristianos no tienen necesidad de temer. Estamos seguros en Jesucristo, y ninguno se ha de perder.
Pero Satanás es astuto y procurará tentarnos a sentir que nuestra seguridad en Cristo nos permite pecar sin temer consecuencias serias. Este pensamiento es falso. En el mismo pasaje en que Pablo habla de nuestra seguridad: <<Conoce el Señor a los que son suyos>> (2 Ti. 2:19), agrega: <<y apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo>>.
Somos llamados, amados, guardados y bendecidos por Dios; y nuestra respuesta debe ser una vida de santidad y gratitud, pues quien ha hecho tanto por nosotros es digno de esto y mucho más."
John MacArthur, ¡Cuidado con los Falaces!, Editorial Portavoz (1996), p.22
De acuerdo a lo que publicó hoy Justin Taylor en su blog "Between Two Worlds", el ministerio de John MacArthur "Grace to You" anunciará el próximo 5 de Noviembre su nueva política, donde pondrán disponibles y de manera gratuita todos los sermones John MacArthur existentes en formato mp3.
Estamos hablando de 3,500 sermones!
Muchas felicidades a "Grace to You" por bendecir al pueblo de Dios al poner estos materiales disponibles de manera gratuita.