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“Por tanto, habiendo sido justificados por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.” Romanos 5:1 (LBLA)

Mientras la Iglesia Católica Romana continúe insistiendo en que nuestra justificación ante Dios es obtenida mediante la obra redentora de Jesucristo en la cruz, más que sin embargo, este sacrificio de nuestro Señor no es suficiente para salvarnos, sino que algunas obras meritorias de nuestra parte son necesarias, seguirá chocando con la verdad pura y simple del evangelio de Jesucristo mostrado en la Biblia.

Este verso nos muestra claramente que la paz con Dios es obtenida como consecuencia de nosotros haber sido justificados ante de Dios, y que esta justificación es el resultado de nosotros haber creído en la obra redentora de Jesucristo en la cruz.

- ¿A qué te refieres con Paz con Dios?

- A que Dios ya no está airado contra nosotros. El ya no está en guerra contra nosotros por nuestros delitos y pecados, sino que debido a que hemos sido perdonados por EL, ya nos considera parte de su familia.

- ¿Y a que te refieres con Justificación?

- Definido de manera simple, la justificación es el acto por medio del cual Dios nos considera justos delante de EL y nos libera de la condenación que acarreábamos como consecuencia de nuestras desobediencias y pecados.

- Esta es la gran sencillez y a la vez alegría del Evangelio de Jesucristo. Que Dios se ha acercado a nosotros y ha hecho todo lo necesario para que el hombre encuentre paz con EL. Solo se nos requiere CREER.

Los seres humanos somos un gran enigma. Si se nos hubiera dicho en la Biblia que para nosotros poder alcanzar la justificación (ser hallados justos ante Dios) tuviéramos que realizar un sin número de actos heroicos, sacrificios, penitencias, renuncias, y otras cosas por el estilo, hubiéramos gritado a Dios reclamándole que su listado de requisitos era demasiado alto para ser alcanzado.

Pero ahora que se nos ha dicho que dicha justificación ante Dios se logra simplemente por la fe en la obra redentora de Jesucristo (su muerte y resurrección), y no por alguna obra meritoria de nuestra parte, decimos que eso es demasiado simple para ser verdad. No aceptamos que algo de tan gran valor se nos sea otorgado GRATUITAMENTE. Necesitamos sentirnos que nos lo hemos ganado. Que hemos pagado un precio por el. Que somos merecedores de tan gran privilegio!

Me gusta como este verso se lee en la versión Castilian de la Biblia:

“Ahora que Dios nos ha declarado justos por haber creído en sus promesas, podemos disfrutar de verdadera paz con él merced a lo que nuestro Señor Jesucristo hizo en nuestro favor.”  Romanos 5:1 (Castilian)

Entonces, volviendo a nuestra pregunta inicial, ¿Que necesitamos para obtener paz con Dios?

- Haber sido encontrados justos ante El.

- ¿Y qué necesitamos hacer para ser encontrados justos ante El?

- Haber creído en la obra redentora de Jesucristo mostradas en su muerte y resurrección.

- ¿Solamente eso?

- Si.

- ¿No necesito entonces hacer otras obras para ganarme este favor de Dios?

- No.

¿Que pasa con nosotros? ¿Por que nos es tan fácil pensar en el final de tantas etapas de nuestras vidas, como lo son el bachillerato, la universidad, la soltería, y el pago del préstamo de la casa, entre otras cosas, pero pareciera que nunca pensamos en el final de la etapa más grande e importante de nuestra vida, la vida misma?

¿Estás preparado para ese día?

“SEÑOR, hazme saber mi fin, y cuál es la medida de mis días, para que yo sepa cuán efímero soy. He aquí, tú has hecho mis días muy breves, y mi existencia es como nada delante de ti; ciertamente todo hombre, aun en la plenitud de su vigor, es sólo un soplo. (Selah) Sí, como una sombra anda el hombre; ciertamente en vano se afana; acumula riquezas, y no sabe quién las recogerá. Y ahora, Señor, ¿qué espero? En ti está mi esperanza.”

Salmo 39:4-7

En mi visita a la cárcel del pasado sábado 7 de Marzo, las palabras de uno de los reclusos quedaron grabadas en mi mente.

Sus palabras fueron las siguientes:

- “Si le hubiera hecho caso a mi madre…”.

El recluso me decía de cómo su madre lo invitaba constantemente a visitar con ella una iglesia cristiana, mientras que el siempre rechazaba su invitación.

No obstante, un día apareció un amigo que le pregunto si quería ganarse RD$5,000.00 (US$139.00) de una manera rápida, a lo que el accedió, conllevándolo a quedar preso ese mismo día por el acto ambos trataron de realizar.

Aproveché entonces el momento para mostrarle que tan grande era la misericordia de Dios para con el, que aún habiendo el ignorado tantas veces su llamar, Dios, no obstante, hoy en día, aún continuaba tocando a la puerta de su corazón dentro de la misma cárcel.

Wow!, que misericordioso estaba siendo nuestro Dios para con el!

Ahora te pregunto a ti, mi apreciado amigo que lees estas palabras.

¿Has respondido ya al llamado del Señor? ¿O estas esperando encontrarte en una de esas situaciones en las que Dios sabe ponernos, para entonces entregar tu vida a EL?

Ojalá que un día no te encuentres en la misma situación que mi amigo preso, diciendo:

“Si le hubiera hecho caso a mi madre…”

Esta es mi respuesta a un hermano, que por sus heridas al ver pastores falsos y charlatanes en el mundo evangélico de hoy, ha decidido dejar de congregarse en una iglesia, a la vez que cuestiona si realmente el pastorado es establecido por Dios en la Biblia.

Estimado Hermano:

El que haya falsos maestros y pastores, los cuales son insensibles y amantes del placer (Is. 56:10-12), que esparcen el rebaño (Jer. 23:2), que dejan descarriar las ovejas (Jer. 50:6), que hacen presa del rebaño en vez de alimentarlas (Ez. 34:2-3, Zac. 11:7), que son trabajadores asalariados que abandonan a las ovejas (Jn. 10:12) y que suponen que la piedad es un medio de ganancia (1 Ti. 6:5), no anula el hecho de que Dios ha establecido pastores para apacentar (enseñar y cuidar) a su grey (Ef. 4:11, Tit. 1:5-9).

No dejes que las experiencias negativas que has tenido te lleven al extremo de querer anular alguna porción de la Palabra de Dios. Hay que estudiar todo el consejo de Dios, aún vaya en contra de nuestros propios prejuicios.

Un buen pastor, anciano u obispo (que al final son la misma función solo que mencionada con palabras distintas), es un ministro o siervo de Dios que alimenta el rebaño (Jer. 3:15, Jer. 23:4, Ez. 34:23, Jn. 21:17, Hch. 20:28, 1 P. 5:2), que sirve de guarda espiritual (Heb. 13:17), y que es un maestro de la Palabra de Dios (1 Ti. 3:2, 1 Ti. 4:11, 1 Ti. 6:2.).

El dejar de congregarnos (Heb. 10:24-25) tiene efectos significativos en nuestras vidas como creyentes, porque Dios no ideo el concepto del “Llanero Solitario” (como diría Héctor Manzano) para el cristiano. El diseñó la iglesia, a quien EL llama su novia, para ser un cuerpo que se nutre y se exhortan mutuamente hasta que Cristo regrese.

Es más, si nos fijamos en el texto que se encuentra en 1 de Corintios 12:7, el cual es parte del pasaje que habla sobre los dones del Espíritu Santo, fíjate lo que dice:

“Pero a cada uno se le da la manifestación del Espíritu para el bien común”

1 de Corintios 12:7

Es decir, que los dones que el Espíritu Santo nos da, nos los da para el bien de la iglesia. Para que al nosotros ponerlos en uso, podamos bendecir, exhortar y fortalecer al hermano que camina conmigo. Este es un ejemplo hermosísimo de porque la importancia de la iglesia y de congregarnos con mas hermanos.

Por último, hace un tiempo leí de un autor que decía (creo que fue Charles Spurgeon), que el nosotros querer ignorar a los demás hombres que han vivido antes de nosotros, o que viven aún en nuestro tiempo, y que han sido usados por Dios, por medio de la escritura de libros, o predicación u otro don que Dios les haya dado, es un acto orgulloso de nuestra parte, ya que Dios a través de la historia le ha placido darle a personas un entendimiento mayor de su palabra, para que de esta manera ayuden a su pueblo a entenderla y aplicarla a nuestras vidas. Esto, claro, no reemplaza nuestra responsabilidad de nosotros estudiar de manera personal la Palabra de Dios. Pero no olvidemos, que Dios da a cada uno el don que quiere, para el bien de SU cuerpo.

Dios te bendiga!