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A diferencia de este mundo, la economía de Dios no mide la grandeza en términos de habilidades o logros, sino en la vitalidad e integridad de nuestro caminar con el Señor.

Kenneth D. Boa, Conformed to His Image: Biblical and Practical Approaches to Spiritual Formation, Zondervan (August 7, 2001), Kindle Loc. 3008

Los dos ingredientes esenciales son el tiempo y la obediencia. Se necesita de tiempo para cultivar una relación, y a menos que no apartemos de manera consistente tiempo para disciplinas como la soledad, el silencio, la oración y la lectura de la Escritura, nunca llegaremos a ser íntimos con el Señor. La obediencia es la respuesta apropiada a esta comunicación, ya que la misma es nuestra expresión personal de confianza en las promesas de la Persona que estamos llegando a conocer (Dios). Cuanto más impresionados estemos de él, menos impresionados estaremos de la gente, el poder, y las cosas materiales.

Kenneth D. Boa, Conformed to His Image: Biblical and Practical Approaches to Spiritual Formation, Zondervan (August 7, 2001), Kindle Loc. 530

Todas las disciplinas tradicionales –como separar un tiempo para la oración y el ayuno, observar periodos de silencio, o negarnos ciertas comodidades legítimas de las criaturas– tienen el mismo carácter: no son un fin en si mismas; sino medios de reemplazar deseos defectuosos por el deseo de Dios.

Entrenarnos de nuevo a nosotros mismos para hacer lo debido es como el ejercicio físico, y tenemos que esforzarnos. Pablo nos dice que el ejercicio físico es bueno, pero que el ejercicio espiritual es mucho mas importante. El pecado brota de forma natural; la santidad no. Esta requiere la supervisión constante del Espíritu Santo y la oración continua, el estudio de la palabra de Dios, y la disciplina del creyente como individuo.

Charles Colson, “La Fe: Que creen los cristianos, por que lo creen, y por que es importante”, Editorial Vida (2008), p.196

“Hasta mi mejor amigo, en quien yo más confiaba, y con quien compartía mi pan, se ha puesto en contra mía.” Salmo 41:9 (Traducción en lenguaje actual)

Esta mañana, mientras meditaba en este verso, mi corazón clamaba a mi Señor por su ayuda, para que me permita depositar en EL toda mi confianza. Hay momentos donde confiamos más en nuestros amigos que en el Señor. Hay momentos donde pensamos que nuestra felicidad depende de nuestra relación con aquellos amigos que amamos tanto. Mas sin embargo, ellos, al igual que nosotros, no dejan de ser personas falibles y pecadoras, necesitadas de un Dios santo y perdonador que les ayude a ser más como EL (como también nosotros lo necesitamos).

Estimado amigo, ¿en quién hemos puesto toda nuestra esperanza?

Ciertamente hay un placer en tener un buen amigo que nos ayude y acompañe en nuestras vidas. Una persona con quien reírnos y llorar. Alguien que conozca nuestras intimidades profundas y sepa acompañarnos cuando más lo necesitamos, pero nunca olvidemos, que esa persona nunca podrá proveer lo que solo Dios puede suministrarnos.

Solo Dios puede darnos el sentir de plenitud y de significado que nuestra vida necesita. Solo Dios puede protegernos bajo sus alas, cuando todo el mundo viene en nuestra contra. Solo Dios es nuestra fortaleza y alto refugio, cuando el bullicio de las guerras y de los problemas se nos acerca. Solo Dios puede saciar el hambre y la sed que nuestra alma hambrienta y sedienta tiene.

Busquemos al Señor en esta mañana y depositemos en EL toda nuestra confianza.

“Pues quiero que sepáis, hermanos, que el evangelio que fue anunciado por mí no es según el hombre. Pues ni lo recibí de hombre, ni me fue enseñado, sino que lo recibí por medio de una revelación de Jesucristo. Porque vosotros habéis oído acerca de mi antigua manera de vivir en el judaísmo, de cuán desmedidamente perseguía yo a la iglesia de Dios y trataba de destruirla, y cómo yo aventajaba en el judaísmo a muchos de mis compatriotas contemporáneos, mostrando mucho más celo por las tradiciones de mis antepasados. Pero cuando Dios, que me apartó desde el vientre de mi madre y me llamó por su gracia, tuvo a bien revelar a su Hijo en mí para que yo le anunciara entre los gentiles, no consulté enseguida con carne y sangre, ni subí a Jerusalén a los que eran apóstoles antes que yo, sino que fui a Arabia, y regresé otra vez a Damasco.

Entonces, tres años después, subí a Jerusalén para conocer a Pedro, y estuve con él quince días. Pero no vi a ningún otro de los apóstoles, sino a Jacobo, el hermano del Señor. (En lo que os escribo, os aseguro delante de Dios que no miento.) Después fui a las regiones de Siria y Cilicia. Pero todavía no era conocido en persona en las iglesias de Judea que eran en Cristo; sino que sólo oían decir: El que en otro tiempo nos perseguía, ahora predica la fe que en un tiempo quería destruir. Y glorificaban a Dios por causa de mí.”

Gálatas 1:11-24 (La Biblia de las Américas)

Esta mañana, mientas meditaba en estos versos de la Epístola de San Pablo a los Gálatas, venía una pregunta a mi cabeza: ¿De quién era la gloria por todo lo que había sucedido en la vida de Pablo?

¿Quién le revelo a Pablo el evangelio que el enseñaba?

¿Quién le apartó mientras aún estaba en el vientre de su madre y lo llamó por su gracia para que le sirviera anunciando el evangelio de Jesucristo a los gentiles?

¿Quién tuvo a bien revelarle a Jesús a su vida?

¿Quién hizo el cambio tan drástico en la vida de este hombre, que lo transformó de ser un perseguidor y asesino de cristianos a convertirse en un predicador y apóstol de la fe que en un tiempo el quería destruir?

El verso 24 nos dice de quien es la gloria por lo sucedido en la vida del apóstol:

- “Y glorificaban a Dios por causa de mí”

¡Qué diferencia existe entre la forma de ver la obra de Dios en la vida de las personas, entre los hermanos de las iglesias de Judea y nosotros (los cristianos de hoy en día)!

Cuando hoy en día vemos a un predicador o ministro sanar a un enfermo, dar una palabra de profecía, o presentarnos un sermón que nos convence de pecado hasta lo más íntimo de nuestro ser, ¿a quién damos la gloria?

Cuando se nos invita a predicar la Palabra de Dios a un grupo de personas, ya sea en una casa, iglesia, hospital, escuela, o cualquier otro lugar, y las personas se nos acercan para hablarnos de lo tocados que fueron por nuestra ministración, ¿a quién damos la gloria?

Cuando vemos a nuestros pastores y líderes aconsejarnos a la manera de Dios, y maravillarnos con su conocimiento de la Palabra de Dios, ¿a quién damos la gloria?

¿Qué ha pasado con nosotros, los cristianos de hoy en día, que glorificamos tanto a los hombres y tan poco a Dios, como si lo bueno que sale de nosotros fuera producto de la obra realizada por nosotros mismos en nosotros, y no la obra misericordiosa de Dios en nuestras vidas?

Hermanos, la próxima vez que reconozcan los dones y talentos que tienen sus líderes, pastores y hermanos en Cristo, en vez de empezar a exaltarlos y gritar a voces lo grande y buenos que son, deténgase un momento, cierre sus ojos, levante sus manos y dele la gloria a Dios.

Es él quien ha producido en ellos tanto el querer como el hacer. Fue él quien los llamo de las tinieblas a luz. Es él quien les ha dado los dones y talentos que tienen para servir a su pueblo. Y es él quien nos ha llamado para ser imagen de su hijo y servirle aquí en la tierra, hasta que todos escuchen el evangelio de Jesucristo.

Dios, que el día que yo te sirva, no sea porque una persona vio una necesidad y vio mis talentos y decidió entonces que en esa área yo debía servir.

Dios, que el día que yo te sirva, no sea porque yo vi una necesidad y vi mis talentos y decidí entonces que en esa área yo debía servir.

Dios, que el día que yo te sirva sea porque tú me llamaste y tú me preparaste y tú me equipaste para tú llamado. Y entonces, ahí encontraré que no es una carga, sino un deleite el servirte, porque de ti ha venido la facultad, el querer y el hacer.

“Pablo, apóstol, no por investidura ni mediación humanas, sino por Jesucristo y por Dios Padre, que lo levantó de entre los muerto”

Gálatas 1:1 (Nueva Versión Internacional)

“El mismo Dios que facultó a Pedro como apóstol de los judíos me facultó también a mí como apóstol de los gentiles.”

Gálatas 2:8 (Nueva Versión Internacional)

“Así que nos regocijamos en la esperanza de alcanzar la gloria de Dios. Y no sólo en esto, sino también en nuestros sufrimientos, porque sabemos que el sufrimiento produce perseverancia; la perseverancia, entereza de carácter; la entereza de carácter, esperanza.” Romanos 5:2b-5 (NVI)

A muchos de nosotros se nos enseñó desde que nos convertimos a la fe cristiana, a como orar cuando nos encontramos en distintas pruebas y problemas. Se nos instruyó a orar con consistencia, doblando rodillas, y haciendo un sin número de ayunos, mientras manteníamos firme nuestra fe, para que de esta manera Dios quitara de en medio de nosotros los problemas, enfermedades y vicisitudes que nos afectaban.

Ciertamente orar a Dios para que nos libere de nuestros problemas y sufrimientos no tiene nada de malo. De hecho, es bíblico presentar nuestras situaciones y problemas a Dios para que nos ayude a enfrentar los mismos. Los salmos son una muestra de los clamores que presentaba el rey David a Dios, y como Dios era para el su refugio, escudo y salvación.

Pero mi reflexión en la mañana de hoy gira en torno a la pregunta de, ¿cuántos de nosotros, adicional a orar a Dios para que nos libre de nuestros sufrimientos, le damos gracias a EL por ellos?

Pablo en este verso de su carta a los Romanos dice que el se gloría en la esperanza que tiene de alcanzar la Gloria de Dios, la cual es producto de haber sido justificados por la fe puesta en Jesucristo (como leímos en nuestro devocional del día de ayer), pero que no solo eso, sino que también se gloría en los sufrimientos que padece porque sabe que los mismos producirán en el la perseverancia que el necesita para continuar en los caminos del Señor. Y que dicha perseverancia a su vez, producirán luego entereza de carácter, y esta a su vez esperanza.

Hermanos, la próxima vez que nos encontremos en alguna situación que no entendamos y que esté produciendo dolor y sufrimiento a nuestras vidas, antes de gritar a Dios por nuestra liberación de los mismos, hagamos una pausa, bajemos nuestra cabeza, doblemos nuestras rodillas y digámosle a Dios: “Gracias Señor por enviarme estos sufrimientos, porque son una muestra de que tú piensas en mi y que mi vida no te es ajena. Tú me envías estos problemas para producir en mi vida perseverancia, entereza de carácter y esperanza, las cuales necesito para ser un testigo fiel tuyo en este mundo entenebrecido”.

Esto no es masoquismo hermanos, sino reconocer que nosotros somos siervos de Dios y que por lo tanto, es nuestro Señor quien determina nuestro presente y futuro.

“Por tanto, habiendo sido justificados por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.” Romanos 5:1 (LBLA)

Mientras la Iglesia Católica Romana continúe insistiendo en que nuestra justificación ante Dios es obtenida mediante la obra redentora de Jesucristo en la cruz, más que sin embargo, este sacrificio de nuestro Señor no es suficiente para salvarnos, sino que algunas obras meritorias de nuestra parte son necesarias, seguirá chocando con la verdad pura y simple del evangelio de Jesucristo mostrado en la Biblia.

Este verso nos muestra claramente que la paz con Dios es obtenida como consecuencia de nosotros haber sido justificados ante de Dios, y que esta justificación es el resultado de nosotros haber creído en la obra redentora de Jesucristo en la cruz.

- ¿A qué te refieres con Paz con Dios?

- A que Dios ya no está airado contra nosotros. El ya no está en guerra contra nosotros por nuestros delitos y pecados, sino que debido a que hemos sido perdonados por EL, ya nos considera parte de su familia.

- ¿Y a que te refieres con Justificación?

- Definido de manera simple, la justificación es el acto por medio del cual Dios nos considera justos delante de EL y nos libera de la condenación que acarreábamos como consecuencia de nuestras desobediencias y pecados.

- Esta es la gran sencillez y a la vez alegría del Evangelio de Jesucristo. Que Dios se ha acercado a nosotros y ha hecho todo lo necesario para que el hombre encuentre paz con EL. Solo se nos requiere CREER.

Los seres humanos somos un gran enigma. Si se nos hubiera dicho en la Biblia que para nosotros poder alcanzar la justificación (ser hallados justos ante Dios) tuviéramos que realizar un sin número de actos heroicos, sacrificios, penitencias, renuncias, y otras cosas por el estilo, hubiéramos gritado a Dios reclamándole que su listado de requisitos era demasiado alto para ser alcanzado.

Pero ahora que se nos ha dicho que dicha justificación ante Dios se logra simplemente por la fe en la obra redentora de Jesucristo (su muerte y resurrección), y no por alguna obra meritoria de nuestra parte, decimos que eso es demasiado simple para ser verdad. No aceptamos que algo de tan gran valor se nos sea otorgado GRATUITAMENTE. Necesitamos sentirnos que nos lo hemos ganado. Que hemos pagado un precio por el. Que somos merecedores de tan gran privilegio!

Me gusta como este verso se lee en la versión Castilian de la Biblia:

“Ahora que Dios nos ha declarado justos por haber creído en sus promesas, podemos disfrutar de verdadera paz con él merced a lo que nuestro Señor Jesucristo hizo en nuestro favor.”  Romanos 5:1 (Castilian)

Entonces, volviendo a nuestra pregunta inicial, ¿Que necesitamos para obtener paz con Dios?

- Haber sido encontrados justos ante El.

- ¿Y qué necesitamos hacer para ser encontrados justos ante El?

- Haber creído en la obra redentora de Jesucristo mostradas en su muerte y resurrección.

- ¿Solamente eso?

- Si.

- ¿No necesito entonces hacer otras obras para ganarme este favor de Dios?

- No.

Mientras leía esta mañana el salmo 38, mi mente pudo identificarse con las palabras del Salmista. En este salmo el expresa al Señor el profundo dolor que siente a causa de sus pecados, y la lejanía de sus amigos, compañeros y parientes, a raíz de sus plagas, y de cómo también sus enemigos solo traman traición y su destrucción todo el día.

Pero entonces, en el verso 15 el salmista dice:

“Porque en ti espero, oh SEÑOR; tú responderás, Señor, Dios mío"

Esta es la diferencia que tenemos los cristianos en comparación a aquellos que no conocen a nuestros Dios! Pudiéramos estar en las situaciones más difíciles de nuestras vidas, en el hoyo más hondo, en la noche más oscura, en la precariedad más grande, en el dolor más profundo, y aún en esas circunstancias, tenemos una esperanza. Nuestro mundo no se acaba en medio de nuestro dolor y aflicción, porque tenemos a nuestro Dios de respaldo.

Esta mañana, mientras pensaba y oraba a Dios por aquellas cosas que me preocupan y me cargan, pude tomar aliento al meditar en estas palabras de David, que me recuerdan que Dios responderá, porque hemos esperado en EL.

Amén!

Ha pasado poco tiempo luego de que Dios liberara al pueblo de Israel de las manos de Egipto, mostrando su grandeza y poderío al abrir el mar rojo y permitir que Israel pasara por tierra seca, cuando ya el pueblo de Israel ha comenzado a murmurar contra Dios. Primero porque no tenían que comer (Ex.16:2-3) y luego porque no tenían que beber (Ex.17:2-7).

Lo difícil de admitir aquí es que yo soy igual a Israel. No solo olvido prontamente las maravillas y proezas que Dios ha hecho a mi vida, y el perdón que me ha extendido, sino que cuando llega la prueba, que es lo que Dios envió a su pueblo en ese tiempo para probar sus corazones, soy pronto en quemarme en la misma.

Pienso que una de las cosas más importantes que podemos hacer como hijos de Dios es admitir nuestras flaquezas y debilidades, no como excusas para llevarnos a pecar y fracasar delante de Dios, sino como un clamor diario que tenemos que hacer a Dios para que nos fortalezca y nos ayude de esta manera a crecer en obediencia hacia EL en nuestro diario vivir.

No debemos hacer esto buscando ser bendecidos por Dios, para que nos envíe algún tipo de bendición material, o de salud o algo similar, NO!. Sino, porque Dios es más que digno de nuestra santidad y obediencia. Porque Jesús nuestro Señor fue obediente a su Padre hasta la muerte y muerte de cruz. Porque Dios no ha escatimado precio alguno a pagar por nuestra redención, cuando envió a su hijo unigénito a morir por nosotros en la cruz. Porque Dios nos ha amado con amor eterno.

Humillémonos pues en esta mañana delante de Dios y pidámosle perdón por nuestra incredulidad.

Siete plagas enviadas, mas una octava anunciada y aún Faraón sigue sin obedecer a la voz del Señor.

Dios le convirtió el Nilo en sangre (Ex. 7:17-25), le lleno su nación de ranas (Ex. 8:1-14), de piojos (Ex.8:15-19), de enjambres de insectos (Ex. 8:20-25), y de una peste que mató todos sus caballos, vacas, asnos, camellos y ovejas (Ex.9:1-7). Le produjo furúnculos que resultaron en úlceras en los hombres y animales por toda la tierra de Egipto (Ex.9:8-12), hizo llover granizo tan intenso que hirió todo lo que había en el campo (Ex.9:18-26), y está anunciándole una lluvia de langostas que cubrirá la superficie de la tierra y que se comerán todo árbol del campo que los granizos hayan dejado vivos, y aún en medio de esto, mientras sus siervos le dicen a Faraón: ¿No te das cuenta de que Egipto está destruido? , el corazón de Faraón sigue tan endurecido que no obedece a la voz del Señor.

¿Te has puesto a pensar que así somos nosotros cuando estamos envueltos en nuestros delitos y pecados?

Así como a Faraón le hablaron sus siervos para hacerlo entender, así nos advierten nuestros amigos, hermanos, pastores, y demás personas enviadas por el Señor, diciéndonos: ¿Es que no te das cuenta de que tu vida está destruida?

Pero aún preferimos pecar y continuar en los deleites temporales del pecado, aún cuando sufrimos sus consecuencias y perdemos nuestros trabajos, esposa, hijos, ministerios, y demás cosas que son importantes para nosotros. Pero esto es porque cuando hemos entregado nuestras vidas a las garras del pecado este produce endurecimiento en nuestro corazón.

Esta es una buena mañana para revisar nuestras vidas y ver si estamos tan endurecidos como Faraón, o si hemos respondido al llamado del Señor.

Hoy es un buen día para arrepentirnos de nuestra maldad y entregar nuestras vidas por completo al señorío de Jesucristo.

“Pero yo sé que el rey de Egipto no os dejará ir, si no es por la fuerza”

(Exodo 3.19)

A veces, cuando nos encontramos en medio de aflicciones y situaciones difíciles que no podemos resolver olvidamos que nuestro Dios ya conocía de antemano que pasaríamos por ellas, y actuamos como si las mismas no solo nos han sorprendido a nosotros, sino que también han sorprendido a nuestro Dios.

Entonces empezamos a atar y reprender a Satanás y sus demonios, como si de alguna manera ellos se hubiesen escapado de la mano de Dios y han venido a maltratarnos con un plan escondido que Dios no ha podido ver de antemano. Como si de alguna manera el diablo y sus secuaces fuesen más inteligentes y vivos que Dios.

Cristiano, no olvides en esta mañana que no hay circunstancia o situación alguna que escape de la mano de Dios. Aún las artimañas del enemigo son usadas por Dios para forjar en nosotros su carácter.

Pero este verso no solo nos recuerda el hecho de que nuestro omnisciente Dios conoce de antemano todas las oposiciones que enfrentaremos en nuestras vidas, sino que también, al leer el verso siguiente, podemos alegrarnos al recordar que también nuestro Dios y padre posee la capacidad de liberarnos de las mismas:

“Pero yo extenderé mi mano y heriré a Egipto con todos los prodigios que haré en medio de él, y después de esto, os dejará ir.” (Exodo 3.19)

Así que hermano que lees esto esta mañana, levanta tu mirada y descansa en el Señor, quien no solo conoce las situaciones que te agobian y las tentaciones que enfrentas, sino que también extenderá su mano a su tiempo y te rescatará de las mismas, ya sea en esta vida o cuando entremos en su gloria.

“¿Acaso estoy yo en lugar de Dios?”

Genesis 50:19

Admito que constantemente yo me pongo en el lugar de Dios. Juzgo a las personas que me rodean, sus acciones e intenciones, sin conocer yo el verdadero motivo detrás de las mismas.

Pero, ¿quién soy yo para juzgar el siervo de otro? (Ro 14.4). Dios no me ha puesto como juez sobre su tierra, sino como uno de sus hijos, por lo tanto mi trabajo no es juzgar a los demás, sino predicarles el amor de Dios.

Que Dios nos permita en este día y los demás que tenemos por delante, a ser tan amorosos, piadosos, misericordiosos, bondadosos, compasivos, pacientes y lentos para la ira con los demás, como EL ha sido con nosotros, quien nos ha aceptado y soportado, a pesar de nuestros pecados.

“Hermanos, orad por nosotros”

1 Tesalonicenses 5:25

Reservamos esta mañana del año para refrescar la memoria del lector sobre el asunto de las oraciones a favor de los pastores, e imploramos muy encarecidamente a cada familia cristiana que cumpla con el ferviente pedido del texto, formulado primero por un apóstol, y ahora repetido por nosotros.

Hermanos, nuestra obra es de trascendental importancia e implica el bienestar o la calamidad de miles. Nosotros, en nombre de Dios, tratamos con las almas sobre asuntos eternos, y nuestra palabra es olor de vida para vida y olor de muerte para muerte. Una grave responsabilidad descansa sobre nosotros, y no será una insignificante gracia si somos hallados libres de la sangre de todos los hombres.

Como oficiales del ejército de Cristo somos blanco principal de la enemistad de hombres y demonios, que esperan nuestra vacilación y se afanan por tomarnos del calcañar. Nuestra sagrada vocación nos coloca en tentaciones de las que vosotros estáis exentos; sobre todo, nos suele apartar de nuestro goce personal de la verdad y nos lleva a una consideración ministerial y oficial de la misma. Hemos de hacer frente a muchos asuntos difíciles, y nuestra razón no sabe que decir. Observamos con tristeza a los que vuelven atrás, y nuestros corazones se sienten heridos; vemos perecer a millones, y nuestros espíritus se abaten. Deseamos serviros con nuestra predicación y ser una bendición para vuestros hijos; ansiamos ser útiles: a creyentes y a pecadores; interceded, pues, por nosotros ante Dios. Somos miserables sino podemos contar con vuestras oraciones, pero somos felices si vivimos en vuestras súplicas.

No esperéis de nosotros las bendiciones espirituales, sino del Maestro; si bien muchas veces El dio esas bendiciones por medio de sus ministros. Pedid, pues, frecuentemente que seamos los vasos de barro en los cuales el Señor ponga el tesoro del Evangelio.

Charles Spurgeon, Lecturas Matutinas, Editorial Clie (2007), Día 7 de Julio

“Y el Señor estaba con José”

(Génesis 39:2)

Cuando vemos la vida de José en la Palabra de Dios, podemos observar que en cada momento de su vida, en los momentos buenos y en los momentos malos, el Señor siempre estaba con el.

Cuando fue echado en el pozo del desierto, cuando fue vendido a los mercaderes madianitas, cuando fue vendido a Potifar en Egipto, cuando Potifar lo hizo mayordomo de su casa, cuando fue acusado falsamente por la esposa de Potifar de acoso sexual y luego echado a la cárcel, cuando el jefe de la cárcel confió en sus manos a todos los presos de la cárcel y lo hiso responsable de todo lo que se hacía en aquel lugar, cuando interpretó los sueños del jefe de los coperos y del jefe de los panaderos, cuando interpretó los sueños de Faraón, cuando Faraón lo puso sobre toda la tierra de Egipto, y en cada momento más adelante de su vida, el Señor siempre estaba con el.

Como cristianos a veces tememos a que Dios no nos use, que no nos utilice para la causa de su reino, como si servir al Señor fuera lo más importante en nuestras vidas, sin embargo, nuestro más grande temor debiera ser, que el Señor no esté con nosotros.

Nuestro más grande temor debería ser despertarnos en las mañanas y que el Señor no esté con nosotros. Ir a nuestros trabajos, estudios o demás compromisos, y que su presencia no nos acompañe. Hacer nuestros planes familiares y que la guianza de nuestro Señor no nos dirija.

Querido hermano que lees estas palabras en esta mañana, que tu corazón tiemble si hay algo que temas más que la ausencia del Señor en tu vida. Si existe algún pecado, ser querido, trabajo, deseo, u objetivo personal que valores más que al Señor y su presencia en tu vida, hoy es el día que el Señor ha provisto para nuestro arrepentimiento.

Oración:

Padre perdóname porque en momentos he valorado más el pecado, deseos y sueños, más que a ti y tu presencia en mi vida. A veces he creído que yo soy el centro del universo, y que el mundo gira en torno a mí, por lo que el objetivo máximo de mi vida ha sido mi propio placer y beneficio personal, cuando el objetivo máximo de mi vida deberías ser tú, conocerte y amarte. Abre mis ojos a tu verdad en esta mañana y ayúdame a encontrar la satisfacción de mi vida en ti.

Las corrientes de agua viva que fluyen de Jerusalén no se secaban por los calores abrasadores del verano, ni tampoco se helaban por los fríos vientos del invierno. Regocíjate alma mía, de que hayas sido dejada para testificar de la fidelidad del Señor. Los tiempos cambian, y tú también cambias, pero tu Señor permanece siempre el mismo, y las corrientes de su amor son tan profundas, tan amplias y tan completas como siempre.

Los calores de las ansiedades de la vida y de las ardientes pruebas me hacen sentir la necesidad de las refrescantes influencias del rio de su gracia. Puedo ir en seguida y beber hasta saciarme de la inagotable fuente pues sus aguas corren tanto en invierno como en verano. Las fuentes de arriba nunca están escasas de agua, y las de abajo no pueden menguar. Elías hallo seco el arroyo de Cherit pero Jehová seguía siendo el mismo Dios providente. Job dijo que sus hermanos habían mentido como arroyos, pero halló que su Dios era un desbordante rio de consolación. El Nilo constituye la gran confianza de Egipto, pero sus inundaciones son variables. Nuestro Señor es siempre el mismo.

Desviando el curso del Éufrates, Ciro tomó la ciudad de Babilonia, pero ni poder humano ni infernal puede desviar la corriente de la gloria divina. Los cursos de los antiguos ríos se hallaron secos y desolados, pero los ríos que nacen en las montañas de la divina soberanía y del infinito amor siempre estarán llenos hasta el borde. Pasan las generaciones, pero la corriente de la gracia sigue inalterable.

El rio de Dios canta con mayor razón lo que canta el arroyo en este verso: “Los hombres vienen y van, pero yo sigo siempre”. ¡Cuan feliz eres, alma mía, por ser conducida a tan tranquilas aguas! Nunca vayas a otras fuentes para que no oigas esta reprensión del Señor: “¿Qué tienes tú en el camino de Egipto, para que bebas agua del Nilo?”

Charles Spurgeon, Lecturas Matutinas, Editorial Clie (2007), Día 1 de Julio

“Aunque un ejército acampe contra mí, no temerá mi corazón; aunque en mi contra se levante guerra, a pesar de ello, estaré confiado.” (Salmo 27.3)

¿Te imaginas levantarte temprano en la mañana, alistarte como de costumbre para salir a tu trabajo o centro de estudios, y que luego de desayunar y tomarte tu cafecito, te dirigas a la puerta de tu casa y al abrirla te encuentres con un millón de soldados esperando frente a tu puerta y apuntando con sus armas hacia ti, esperando a que solo salieras para arrestarte o quizás acabar con tu vida en ese mismo momento?

El solo pensarlo me asusta, y aún así, el salmista dice: “Aunque un ejército acampe contra mí, no temerá mi corazón; aunque en mi contra se levante guerra, a pesar de ello, estaré confiado”.

En los momentos cuando los problemas se acercan a nuestras vidas, nuestra naturaleza carnal nos llama al temor, a la preocupación, y el desasosiego, mientras que la Palabra de Dios nos invita a confiar en nuestro Dios, depositando en EL todas nuestras cargas, porque EL tiene cuidado de nosotros (1 Pe 5.7).

¿Cuál es el ejército que está acampando contra ti en esta mañana? ¿Es una enfermedad terminal? ¿El desempleo? ¿La depresión? ¿La soledad? ¿Problemas con tu pareja? ¿Problemas con tus hijos? ¿Problemas en el trabajo?

La Palabra de Dios nos recuerda en esta mañana que si nuestra confianza está en el Dios de la Biblia, el Dios que nunca duerme, el que cumple sus pactos, el que es fiel aunque nosotros fallemos, el que nunca miente, y el que todo lo puede, entonces no tenemos porqué temer, porque EL está continuamente cuidando de nosotros (Mt 6.25-34).

Y aunque Dios no siempre contesta nuestras oraciones de la manera que nosotros esperamos, esto es debido a que siempre las contesta de una mejor manera, mirando un propósito mayor del que podemos muchas veces comprender, pero que al final ayudan para nuestro bien (Ro 8.28).

Depositemos hoy pues delante de nuestro Señor todas las cargas que nos agobian, y corramos ligeros en este día sabiendo que el Dios creador del universo, aquel que un día nos llamó de las tinieblas a la luz, y a quien su Palabra se refiere como nuestro Padre, está en el control de todo el universo y de cada una de nuestras vidas en particular (Fil 4:6).

“Venga tu reino. Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo.”

Mateo 6:10

Cuando el Reino de Dios se acerca trae consigo arrepentimiento y salvación. Es decir, que cuando oramos “venga a nosotros tú reino” estamos también diciendo “venga a nosotros tu salvación”.

El Señor Jesús nos manda a buscar primero su reino y su justicia (Mt. 6:33) antes de estar afanándonos por lo que habremos de comer, beber o vestir, ya que son los gentiles (los que no conocen a Dios) los que buscan con afán éstas cosas. Es evidente entonces que el reino de los cielos no consiste en comida, ni en bebida, sino más bien en vivir una vida santa consagrada al servicio del Señor Jesús.

El reino de los cielos jamás consistirá en declarar y reclamar cosas terrenales, las cuales son vanas y pasajeras, sino en recibir y proclamar el arrepentimiento y el perdón de pecados (Mt. 3:2).

Por lo tanto, cuando oremos “venga a nosotros tu reino” hagámoslo consientes de que lo que estamos pidiéndole a Dios es que “desplace, quite y destruya” todo lo que hay en nosotros que no sea de su reino, para así nosotros poder asir lo que verdaderamente viene de arriba, del reino de la luz.

Por ningún motivo queramos comparar el reino de Dios con las cosas terrenales de este mundo, diciendo que su reino es abundancia de bienes. Más bien digamos que es humildad de espíritu y sencillez de vida después de haberle recibido.

Su reino también trae libertad, sanidad, liberación, pero no olvidemos que todo esto es para que su gloria y honra. Jamás para la nuestra.

A continuación les comparto un post publicado por nuestros hermanos de Cristianismo Real en un Mundo de Fantasías.

Una brecha en la muralla (Nehemías 4:7-18)

La Gran Muralla China, de 7.600 kilómetros de largo, fue construida para mantener fuera a los invasores del norte. El primer emperador de China, Shi Huangdi, quien vivió entre 259 y 210 a.C., construyó la primera muralla. Pero en 1644 d.C. los manchúes penetraron la Gran Muralla e invadieron China. Lo hicieron sobornando a un general de la dinastía Ming para que abriera las puertas.

Durante la reconstrucción de la antigua Jerusalén, Nehemías entendió el agudo peligro que representaban aquellos que se oponían a la reconstrucción de los muros derruidos de la ciudad. Así que ordenó una vigilancia constante. La mitad de los trabajadores debían mantener la guardia mientras que la otra mitad reconstruía los muros (Nehemías 4:13-18).

Como cristianos, debemos ser vigilantes para que nada haga una brecha en nuestras defensas espirituales. Ni siquiera el más maduro de los creyentes jamás puede darse el lujo de bajar la guardia.

El apóstol Juan nos advierte de los enemigos desde tres direcciones. Los identifica como «los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida» (1 Juan 2:16). Estos enemigos nos atraen alejándonos de Dios y Su Palabra, y dejando un espacio abierto para que el enemigo se cuele.

Estemos alertas a lo que nos seduce hoy. Un desliz abre la puerta al pecado, lo cual a su vez puede que se transforme en un hábito que nos sojuzgue. No permitas una brecha en la muralla. —CPH

Uno de los versos que más me impactan de la Biblia es Génesis 1:1.

“En el principio creó Dios…”

El solo hecho de pensar que Dios, por iniciativa propia, decidió crear todo lo que existe hoy en día, la luz (Gen 1:3), los cielos (Gen 1:8), la tierra y los mares (Gen 1:10), la vegetación (Gen 1:11-12), el sol, la luna y las estrellas (Gen 1:16), los peces del mar, las aves del cielo y todo ser viviente que se mueve sobre la tierra y en las profundidades del mar (Gen 1:20, 24), y el hombre y la mujer (Gen 1:27), esto me hace sentir:

  • Confiado, de que no hay problema o situación tan grande, que EL, el creador del universo, no pueda resolver.
  • Tranquilo, al saber que nada de lo que existe en este mundo me podrá separar de su amor (Rom 8:35-39).
  • En paz, al saber que todo lo que venga a mi vida, agradable o no, será provechoso y para mí bien (Rom 8:28).
  • Gozoso, de que me vida tiene sentido y propósito, y que al fin viviré para glorificarle (Ef 2:10).
  • Seguro, ya que si a EL no le importó cual era mi condición antes de EL rescatarme (Ef 2:1-4), y aún así me dio vida (Ef 2:5), EL se encargará de llevarme hasta el final (Fil 1:6, 2 Tim. 1:12), completando así la obra que un día, por su propia elección, EL decidió en mi vida empezar.

No somos el producto de una explosión cósmica, de la casualidad, o del capricho de la naturaleza, sino hechura de Dios para su gloria.

Cuando te sientas nuevamente agobiado,

Por un problema que a tu entender no puedes soportar,

Recuerda que en las manos del creador del universo,

Tu vida está.

Esto claro,

Si eres creyente de verdad.