CONTÁCTANOS

Nombre

Correo electrónico *

Mensaje *

SEGUIDORES

“Santifícalos” –dice Jesús- “en tu verdad; tu Palabra es verdad”.

Son muchos los pasajes de la Escritura que prueban que la Palabra de Dios es el instrumento de la santificación. El Espíritu de Dios lleva a nuestra mente los preceptos y doctrinas de la verdad y los aplica con poder. Estos preceptos, oídos y recibidos en el corazón, obran en nosotros el querer y el hacer por la buena voluntad de Dios. La verdad es la que santifica, y si nosotros no oímos o no leemos la verdad no creceremos en santificación. Solo progresaremos en la vida perfecta si progresamos en el conocimiento perfecto. “Lámpara es a mis pies tus palabras y lumbrera a mi camino.”

Charles Spurgeon, Lecturas Matutinas, Editorial Clie (2007), Día 4 de Julio

“Y el Señor estaba con José”

(Génesis 39:2)

Cuando vemos la vida de José en la Palabra de Dios, podemos observar que en cada momento de su vida, en los momentos buenos y en los momentos malos, el Señor siempre estaba con el.

Cuando fue echado en el pozo del desierto, cuando fue vendido a los mercaderes madianitas, cuando fue vendido a Potifar en Egipto, cuando Potifar lo hizo mayordomo de su casa, cuando fue acusado falsamente por la esposa de Potifar de acoso sexual y luego echado a la cárcel, cuando el jefe de la cárcel confió en sus manos a todos los presos de la cárcel y lo hiso responsable de todo lo que se hacía en aquel lugar, cuando interpretó los sueños del jefe de los coperos y del jefe de los panaderos, cuando interpretó los sueños de Faraón, cuando Faraón lo puso sobre toda la tierra de Egipto, y en cada momento más adelante de su vida, el Señor siempre estaba con el.

Como cristianos a veces tememos a que Dios no nos use, que no nos utilice para la causa de su reino, como si servir al Señor fuera lo más importante en nuestras vidas, sin embargo, nuestro más grande temor debiera ser, que el Señor no esté con nosotros.

Nuestro más grande temor debería ser despertarnos en las mañanas y que el Señor no esté con nosotros. Ir a nuestros trabajos, estudios o demás compromisos, y que su presencia no nos acompañe. Hacer nuestros planes familiares y que la guianza de nuestro Señor no nos dirija.

Querido hermano que lees estas palabras en esta mañana, que tu corazón tiemble si hay algo que temas más que la ausencia del Señor en tu vida. Si existe algún pecado, ser querido, trabajo, deseo, u objetivo personal que valores más que al Señor y su presencia en tu vida, hoy es el día que el Señor ha provisto para nuestro arrepentimiento.

Oración:

Padre perdóname porque en momentos he valorado más el pecado, deseos y sueños, más que a ti y tu presencia en mi vida. A veces he creído que yo soy el centro del universo, y que el mundo gira en torno a mí, por lo que el objetivo máximo de mi vida ha sido mi propio placer y beneficio personal, cuando el objetivo máximo de mi vida deberías ser tú, conocerte y amarte. Abre mis ojos a tu verdad en esta mañana y ayúdame a encontrar la satisfacción de mi vida en ti.

Las corrientes de agua viva que fluyen de Jerusalén no se secaban por los calores abrasadores del verano, ni tampoco se helaban por los fríos vientos del invierno. Regocíjate alma mía, de que hayas sido dejada para testificar de la fidelidad del Señor. Los tiempos cambian, y tú también cambias, pero tu Señor permanece siempre el mismo, y las corrientes de su amor son tan profundas, tan amplias y tan completas como siempre.

Los calores de las ansiedades de la vida y de las ardientes pruebas me hacen sentir la necesidad de las refrescantes influencias del rio de su gracia. Puedo ir en seguida y beber hasta saciarme de la inagotable fuente pues sus aguas corren tanto en invierno como en verano. Las fuentes de arriba nunca están escasas de agua, y las de abajo no pueden menguar. Elías hallo seco el arroyo de Cherit pero Jehová seguía siendo el mismo Dios providente. Job dijo que sus hermanos habían mentido como arroyos, pero halló que su Dios era un desbordante rio de consolación. El Nilo constituye la gran confianza de Egipto, pero sus inundaciones son variables. Nuestro Señor es siempre el mismo.

Desviando el curso del Éufrates, Ciro tomó la ciudad de Babilonia, pero ni poder humano ni infernal puede desviar la corriente de la gloria divina. Los cursos de los antiguos ríos se hallaron secos y desolados, pero los ríos que nacen en las montañas de la divina soberanía y del infinito amor siempre estarán llenos hasta el borde. Pasan las generaciones, pero la corriente de la gracia sigue inalterable.

El rio de Dios canta con mayor razón lo que canta el arroyo en este verso: “Los hombres vienen y van, pero yo sigo siempre”. ¡Cuan feliz eres, alma mía, por ser conducida a tan tranquilas aguas! Nunca vayas a otras fuentes para que no oigas esta reprensión del Señor: “¿Qué tienes tú en el camino de Egipto, para que bebas agua del Nilo?”

Charles Spurgeon, Lecturas Matutinas, Editorial Clie (2007), Día 1 de Julio