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La Salvación: La triple actividad del Dios Uno y Trino

La salvación novotestamentaria es la obra conjunta de un trío divino: un equipo compuesto por el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

La verdad trinitaria surge como parte de la doctrina de la salvación, y los distintos papeles que desempeñan en ella las tres Personas se exponen de la siguiente manera:

  • El Padre, que lo ideó todo (Ro 8.28-30; Ef 3.9-11), envió en primer lugar a su Hijo y luego al Espíritu Santo al mundo para que llevasen a cabo sus intenciones salvadoras (Jn 3.17; 6.38-40; 14.26; 16.7-15; Ro 8.26);
  • El Hijo, cuya naturaleza y cuyo gozo consisten siempre en cumplir la voluntad del Padre (Jn 4.34; 5.19; 6.38; 8.29), se hizo hombre a fin de morir por nosotros, resucitar por nosotros, reinar por nosotros y un día volver por nosotros para llevarnos al lugar de feliz descanso que Él nos ha preparado (Jn 10.14-18; 14.2; 18-23) – mientras tanto, nos comunica misericordia y ayuda desde su trono (Heb 4.14-16; 7-25) –.
  • El Espíritu Santo, ejecutivo divino que no atrae la tención sobre sí mismo, que fue el artífice de la creación del mundo (Gn 1.2) y que ahora gestiona esa nueva creación (Jn 3.3-8), ha estado actuando desde Pentecostés, impartiendo a los creyentes su primer plazo de vida celestial en y con su Salvador (Ro 8.23; Ef 1:13). Además, el Espíritu está cambiando progresivamente a los cristianos a la imagen de Cristo (2 Co 3:18).

La salvación es, por tanto, la triple actividad del Dios Uno y Trino. Al igual que la honra y el amor mutuos se revelan como la ocupación de los que son Tres y Uno (Jn 3.35; 5.20; 14.31; 16.14; 17.1,4), también el amar y el honrar a la Trinidad llega a ser la vocación eterna de aquellos a quienes esta ha salvado, ¡comenzando ahora mismo! Una característica de los salvados es, entonces, que en el presente se entregan a adorar a Dios, y quieren seguir haciéndolo literalmente por siempre.

J.I. Packer, El Renacer de la Santidad, Editorial Caribe (1995), p.46,47

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